05/10/2026
Si nos quisiéramos como a nuestros hijos, celebraríamos los desafíos que nos plantea la realidad.
Cuando se trata de las personas que más queremos, esperamos que el mundo las trate con respeto, pero también con cierto nivel de exigencia. ¿De qué otra forma podrían desarrollarse y mejorar? Nos resulta natural que tengan que enfrentar algunos desafíos para convertirse en quienes pueden llegar a ser.
Pero cuando la vida nos desafía a nosotros, nos rasgamos las vestiduras y despotricamos porque “nada puede salir fácilmente”.
Curioso, ¿no?
Tal vez deberíamos aceptar que los desafíos también forman parte de nuestro desarrollo. Que no todo obstáculo es una injusticia, ni toda dificultad es algo que deberíamos evitar. Algunas dificultades simplemente nos exigen desarrollar capacidades que todavía no tenemos.
Y quizás ahí haya una manera diferente de relacionarnos con lo que nos pasa.