20/07/2026
El acto de jugar en la infancia suele asociarse con el entretenimiento, pero cuando se despliega bajo la mirada y el acompañamiento atento de papá y/o mamá, se transforma en algo mucho más profundo: se convierte en el lenguaje en el que se construye la arquitectura emocional de un niño.
Aquí te comparto una reflexión sobre el valor de ese tiempo compartido:
1. El juego como un "puente" al mundo interior
Para un niño, jugar no es un pasatiempo; es su forma de procesar la realidad, de ensayar roles, de vencer miedos y de expresar lo que aún no sabe nombrar con palabras. Cuando un padre o una madre se agacha, se sienta en el suelo y entra en ese escenario, está validando el mundo del niño. Le está diciendo, sin hablar: "Lo que a ti te importa, a mí también me importa".
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