15/05/2024
En el rincón del mate y la yerba,
donde el sol besa la selva en Misiones,
los maestros levantan sus voces,
susurros de justicia y sueños de pan.
Con manos cansadas de libros y tiza,
cantan la balada de un sueldo digno,
un eco que choca contra muros sordos,
un gobierno que cierra sus oídos de piedra.
En las calles, la marcha es un río,
una corriente de esperanza y dolor.
Las asambleas son semillas de lucha,
que brotan en la tierra fértil del corazón.
Cortes de rutas, acampes y sombras,
cada gesto es un grito de unión.
Los docentes, en pie como robles,
tejen la trama de una nueva canción.
Pero en el aula vacía, el silencio,
los niños esperan, ojos de pregunta.
Son ellos, los pequeños, los heridos,
sin clase, sin guía, en la espera desnuda.
¿Quién escuchará el canto del monte?
¿Quién responderá al clamor de la tiza?
La provincia calla, su manto de olvido
cubre el sueño de la educación con su bruma.
Y el poeta en su rincón se pregunta,
filósofo de un tiempo incierto:
¿Qué valor tiene un futuro sin maestros?
¿Qué esperanza florece sin educación?
En la unión está la fuerza, repiten,
y la lucha sigue, en cada paso y palabra.
Que el eco de esta balada resuene,
y que el sol de justicia ilumine el mañana.
Julio Manuel Benítez
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