07/12/2021
*Comer es un acto político* . en el sentido de que cada vez que elegimos nuestros alimentos, estamos eligiendo un paradigma de producción y consumo.
Podemos elegir una centrada en el cuidado de la y todos los seres que la habitan, o podemos elegir una agricultura centrada en el extractivismo, la centralización del poder político-económico, el desplazamiento de las comunidades originarias, la pérdida de nuestras ancestrales, la contaminación de las aguas y el deterioro del suelo y por sobre todo el deterioro de la salud de un pueblo, no solo los fumigados por agrotóxicos, sino todos los que consumen esos venenos en sus platos día a día.
Algunos dicen “los productos orgánicos son más caros“. Yo les pido que se pregunten por qué los alimentos producto de un agronegocio son tan baratos. Está lo que se llama “el costo oculto” y ese costo no es solo para el medio ambiente, sino para un sistema social y de salud que tiene que salir a responder a las consecuencias de estos estilos de producción. ¿Quiénes pagan estos costos? ¿Las corporaciones que destruyen los ecosistemas? NO. Los pagamos nosotros, directa o indirectamente.
Desde nuestra salud, hasta los costos de los desplazamientos de comunidades de sus territorios. Sistemas de salud colapsados, sistemas sociales empobrecidos, centralización de la producción y las semillas, pérdida de biodiversidad, desmontes, etc, etc. Costos eco-socio-económicos escondidos en un paradigma de extracción y negocio privado.
Esta “crisis” actual de dominación y control político sanitario nos da la oportunidad de crear nuevas redes de producción y consumo, donde nosotros somos los protagonistas.
No podemos ser libres si otros eligen qué vamos a comer y qué vamos a consumir como medicina.
Las soluciones surgirán en pequeños pueblos, comunidades, barrios, entre redes de amistades y familias. La solución está en nuestras manos.
Lo que está en nuestros platos debe ser el fruto de nuestro compromiso con el y el .