Porque facilitando la posibilidad de jugar cooperativamente permitimos la experimentación de la solidaridad como una realidad cotidiana, que se puede cotejar con la individualidad y la competitividad como "otra" realidad cotidiana. Esta nueva posibilidad ofrecería una nueva opción, y practicarla nos permite transformar nuestro presente vital, favoreciendo el diálogo y desarrollando habilidades sociales como el respeto y la solidaridad. El juego y el juego cooperativo, nos permiten habitar el presente y fomentar la cualidad cooperativa del ser humano. Allí, incluso el encuentro con nuestras barreras y dificultades resulta más ameno ya que se dan en una marco de contención y cuidado, innovándonos y transformándonos a nosotr@s mism@s y al mundo. Los fines propios de cada juego, los valores que fomentan, como su dinámica, no son ingenuos y están pensados en relación a la necesidad de trabajar determinados objetivos. Las propuestas están relacionadas con la necesidad de cada grupo de personas y de la institución, asociación, cooperativa o empresa. Así como, desde la propuesta de los juegos cooperativos, se propondría un ejercicio político o de ciudadanía -implicando la libertad de participar o no- la participación plena, una vez decidida, deberá atender a: el consenso de reglas y el compromiso de que serán respetadas, la cooperación, la oposición, la reciprocidad, la asociación y el conflicto. Por ello, el conflicto no sería un obstáculo a superar sino, más bien, una necesidad que posibilitaría su regulación. El juego habilita la confrontación de las propias estructuras, y permite entrar en una dimensión donde las armaduras construídas comienzan a modificarse posibilitando un encuentro con un@ mism@ y con el/la otr@, de un modo distinto al que se haya vivenciado y conocido. El juego constituye una vivencia. Si dicha vivencia resulta frecuente, el resultado al cabo de un tiempo redunda en una organización diferente de las maneras de responder ante la vida. Así como describimos que los espacios de desarrollo personal y social resultan disparadores de nuestros potenciales, resulta obvio resaltar que la negación de los mismos por la sociedad que nos toca transitar en este tiempo, propicia la frustración de las personas en ese aspecto, entre otros.