15/05/2026
A veces, cuando vemos a un niño disperso, inquieto o con dificultades para entender una consigna, nos centramos sólo en "lo que le pasa en la cabeza". Pero el aprendizaje no es algo que sucede únicamente de las cejas para arriba. Es el resultado de un entramado de procesos que se interpenetran continuamente.
Comenzamos a poner nuestra atención en los procesos vitales, tuvimos un acercamiento a la respiración y al calentamiento (puede buscarlos en este mismo album), sólo puertitas a partir de las cuales usted pueda hacer su propia investigación y experimentación. porque leer no es suficiente.
Hoy volveremos un poquito sobre el calentamiento, entendiendo que no es algo aislado, veámoslo como el combustible que permite que todo lo demás funcione. La vida necesita calor.
Los procesos vitales son una red donde todo se toca.
Para que podamos entenderlo, los separamos en nombres distintos, pero en la realidad actúan como uno solo. Piénselo así:
Sin calor no hay digestión: El cuerpo necesita fuego interno para "cocinar" y transformar los alimentos en nutrientes. Si un niño tiene frío, su energía se retira de los órganos digestivos para proteger el centro. Una digestión pesada o deficiente por falta de calor interno nos deja sin la vitalidad necesaria para pensar con claridad.
Sin calor no hay presencia (o sin presencia no hay calor): La respiración trae el aire, el calentamiento utiliza ese aire para encender la chispa del interés.
Cuando el proceso vital del calentamiento está fuera de equilibrio, ocurre un fenómeno muy común en el aula o en casa: la pérdida de fuerzas de atención.
Si el cuerpo de un niño está luchando por mantener su temperatura o por procesar una comida que no pudo "calentarse" bien, su organismo entra en un modo de supervivencia silencioso. En ese estado, la atención imprescindible para el aprendizaje simplemente se apaga o se fragmenta. No es que el niño "no quiera" atender; es que sus fuerzas vitales están ocupadas en el sótano del edificio, tratando de que la caldera no se apague, y no pueden subir a iluminar el pensamiento.
Piense esa situación en usted mismo/a, en algún momento en que usted se siente mal, con náuseas, con deseos de ir al baño, y alguien trata de conversar o de explicarle algo... puede usted atender en ese momento? Los niños viven esto muchas veces sin poder explicarlo (especialmente los más pequeños), porque hay diferentes malestares que acechan en el cuerpo.
Este texto no intenta enséñarle nada, es una invitación a mirar el entramado de los procesos vitales, algo que no siempre se mira cuando se acompaña a un niño con dificultades para aprender.
A menudo, lo que etiquetamos como "problemas de aprendizaje" son en realidad gritos de auxilio de un proceso vital que ha perdido su ritmo. Un niño bien "abrigado" —física y anímicamente— es un niño que tiene sus fuerzas disponibles para el mundo.
Reflexionemos:
¿Estamos observando el entramado completo?
¿Somos conscientes de que esa pesadez después de comer, o esas manos frías antes de empezar la tarea, son los verdaderos límites de su atención?
¿Sabemos cómo ayudar a que ese fuego interno sea lo suficientemente fuerte para que el aprendizaje sea un acto de alegría y no un esfuerzo agotador?
El calor es la base de la plasticidad. Donde hay calor, hay vida capaz de transformarse y aprender.
Si le interesa este tema le invito a profundizar en: Los siete procesos vitales, de Philipp Gelitz y Almuth Strehlow.