28/09/2026
Sabias palabras!!!!!
Hoy no quiero hablar de la directora ideal.
Quiero hablar de la directora real.
De la que llega a la escuela con una planificación para el día y, antes de terminar el primer mate, ya tuvo que cambiarla tres veces.
De la que abre un mensaje urgente mientras alguien golpea la puerta de la dirección.
De la que tiene una reunión pendiente, una familia esperando, un docente que necesita hablar, un estudiante atravesando una situación difícil, una planilla que vence hoy y un problema que, naturalmente, “tiene que resolver Dirección”.
Ser directora, vicedirectora o regente de una escuela en 2026 es habitar muchas escuelas al mismo tiempo.
La escuela que enseña.
La que contiene.
La que pone límites.
La que escucha.
La que debe responder.
La que acompaña situaciones que comenzaron fuera de sus paredes y, sin embargo, entran cada mañana junto con estudiantes y adultos.
La escuela de las normas y la escuela de los imprevistos.
Y en el medio de todas ellas está el equipo directivo.
No siempre recibiendo reconocimientos.
Muchas veces, recibiendo críticas.
Si interviene, intervino demasiado.
Si espera, tendría que haber actuado antes.
Si pone un límite, alguien lo considera excesivo.
Si contempla una situación particular, otro piensa que hizo una excepción.
Si cambia algo, habrá quien pregunte para qué lo cambió.
Si conserva algo, habrá quien reclame que la escuela necesita renovarse.
Dirigir también es aprender a vivir bajo la mirada de los demás.
Y eso pesa.
Hay decisiones que se toman en pocos minutos y se piensan durante noches enteras.
Hay conversaciones que continúan en la cabeza mucho después de haber cerrado la puerta de la escuela.
Hay situaciones en las que no existe una solución perfecta.
Solamente existe la responsabilidad de elegir la más justa posible.
Y hay algo de lo que hablamos poco:
quienes contienen también necesitan ser contenidos.
Una directora no deja de ser persona cuando asume un cargo.
Una vicedirectora y una regente también se cansan.
También dudan.
También pueden sentirse solas.
También pueden equivocarse.
También necesitan escuchar alguna vez:
“Esto no tenés que resolverlo sola”.
Tal vez uno de los grandes aprendizajes de la conducción escolar de nuestro tiempo sea precisamente ese:
una buena escuela no puede descansar sobre los hombros de una sola persona.
Necesita equipo.
Necesita una directora, una vicedirectora y una regente que puedan decir lo que piensan, acompañarse y tomar decisiones juntas.
Docentes que no se limiten a señalar un problema, sino que también ayuden a construir una respuesta.
Preceptores, secretarios, bibliotecarios, orientadores, auxiliares y todo el personal de la institución sabiendo que su tarea forma parte de algo mayor.
Necesita familias capaces de acercarse a conversar antes de condenar.
Y necesita estudiantes que comprendan que participar también implica responsabilidad.
Trabajar en equipo no significa pensar todos igual.
Significa poder pensar distinto sin convertir cada diferencia en una batalla.
Significa discutir una idea sin destruir a quien la propone.
Significa compartir responsabilidades.
Pedir ayuda.
Reconocer errores.
Volver a empezar.
Y comprender que ningún cargo hace grande a una persona; es la manera de ejercerlo la que puede engrandecer una institución.
La escuela de 2026, además, enfrenta desafíos nuevos.
La inteligencia artificial ya está modificando nuestras maneras de enseñar y aprender. Las redes sociales pueden trasladar un conflicto del aula a una pantalla y devolverlo multiplicado al día siguiente. Las nuevas formas de comunicación aceleran demandas y respuestas. Las infancias y adolescencias llegan atravesadas por realidades muy diversas.
Frente a todo eso, dirigir no puede reducirse a administrar.
Hay que pensar pedagógicamente.
Hay que decidir qué vale la pena cambiar y qué merece ser preservado.
Hay que defender el conocimiento sin darle la espalda al presente.
Hay que incorporar tecnología sin permitir que la tecnología vuelva irrelevante el encuentro humano.
Y hay que recordar algo elemental:
la escuela trabaja con personas.
No con matrículas.
No con porcentajes.
No con expedientes.
Personas.
Detrás de una inasistencia puede haber una historia.
Detrás de una conducta difícil puede haber una pregunta que todavía nadie escuchó.
Detrás de un docente agotado puede haber años sosteniendo más de lo que vemos.
Y detrás de la puerta de Dirección, de Vicedirección y de Regencia también hay personas.
Personas a las que muchas veces les toca decir que no.
Mediar.
Explicar.
Firmar.
Escuchar.
Responder.
Decidir.
Y volver al día siguiente.
No necesitamos directoras perfectas.
Necesitamos directoras, vicedirectoras y regentes presentes.
Con autoridad, pero sin autoritarismo.
Con sensibilidad, pero también con límites.
Capaces de escuchar sin renunciar a decidir.
Capaces de reconocer que no saben algo.
Capaces de formar equipos que puedan funcionar incluso cuando ellas no estén.
Capaces de comprender que conducir no es conseguir que todos obedezcan.
Es conseguir que muchos quieran hacerse responsables de una misma escuela.
Por eso, este 28 de septiembre, quizá el mejor reconocimiento no sea decirles que son heroínas.
No deberían necesitar serlo.
El verdadero reconocimiento sería construir escuelas en las que las responsabilidades puedan compartirse, las críticas puedan transformarse en diálogo y nadie tenga que sostener sola aquello que corresponde sostener entre muchas.
A cada directora, a cada vicedirectora y a cada regente:
gracias por las decisiones acertadas.
Gracias también por las que tuvieron que revisar.
Gracias por escuchar críticas y seguir trabajando.
Por sostener a otros en días en que ustedes también necesitaban sostén.
Por defender la enseñanza entre tantas urgencias.
Por abrir la escuela cada mañana sabiendo que no podrán controlar todo lo que suceda dentro de ella.
Y, aun así, estar.
Quizá dirigir una escuela sea justamente eso:
no tener todas las respuestas,
pero conseguir que nadie tenga que buscar las respuestas solo.
Feliz Día de la Directora, la Vicedirectora y la Regente.
Alicia Abatilli
AMAedu
2026