Recetas simples que los chicos puedan repetir en su casa. Se llevan a su casa lo preparado y la receta. A nuestros hijos les encanta ayudar cuando cocinamos. Es un momento de encuentro, de diversión, de complicidad. El tiempo compartido entre el chico que aprende y el adulto que enseña es una experiencia muy rica. Elegir juntos la receta, conocer los diferentes ingredientes que la componen, y lo mejor: mezclar, amasar y decorar. A través de la práctica y aprendizaje, serán ellos mismos quienes nos van a sorprender, felices, con sus propias preparaciones, tanto reposteras o platos salados. Hay muchas buenas razones para que nuestros chicos aprendan a cocinar:
- Aumenta su autoestima: a quién no le viene bien un impulso de confianza en sí mismo? Aprender a cocinar va a hacer precisamente eso. Ellos están cumpliendo una tarea, aprenden algo importante y ven los resultados que ellos mismos produjeron. Se sienten orgullosos!
- La comprensión de esquemas de trabajo, de planificación: leer la receta, ordenar los ingredientes, calcular las porciones, preparación y elementos para la presentación del plato terminado.
- Aprenden a tener paciencia porque cada paso de la receta tiene su tiempo. Ponen en práctica el trabajo en equipo.
- Nutrición y alimentación saludable: priorizar verduras y frutas, lácteos y comidas magras. Aprovechar los ingredientes de estación. Los cuidados al cocinar: seguridad e higiene en las tareas. También nociones de la química de los alimentos, entendiendo cómo se transforman las materias primas en un producto acabado
- La creatividad y la imaginación práctica se ponen en marcha: muchas veces los chicos proponen variantes sobre una receta o sobre la decoración. Ellos exploran naturalmente. La cocina es un terreno donde se intensifican los sentidos: tacto, gusto, olfato, vista. Juego y utilidad van de la mano, el ingrediente lúdico es fundamental.
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Enseñar a los chicos a cocinar, llevado con buena onda, inculcará en ellos habilidades permanentes y les presentará un terreno fértil para sumar experiencia a lo largo de su vida. La gratificación para quienes educamos a estos futuros cocineros es enorme y genera en cada clase experiencias inolvidables para ambos.