27/09/2017
Un camino de regreso a Casa.
Un espíritu está a punto de encarnar y mantiene esta conversación con Dios:
- Hijo Amado: en instantes regresarás a la Tierra a experimentar las últimas lecciones. Si haces todo bien podrás regresar a Casa muy luminoso y sabio, y esta será tu última encarnación.
- ¡Gracias Padre! por permitirme nacer nuevamente. Quiero experimentar la Ascensión y ya no tener que regresar más a la dualidad de la tercera dimensión.
- Voy a poner en tu camino a las personas correctas y las experiencias necesarias para que tengas éxito.
Algunas personas te harán sufrir como compensación al sufrimiento que les causaste en vidas pasadas. Tienes que perdonarlas y no enojarte. Piensa que cada cosa desagradable que te pase será un ajuste necesario para que puedas volver a Casa.
Otras personas tratarán de tentarte con cosas terrenales para que sigas permaneciendo en tercera dimensión. No les hagas caso.
Habrá otros que te engañarán con la promesa de la “vida eterna sin esfuerzos” y ambos sabemos que la vida eterna sin esfuerzos no existe. No los escuches porque te harán perder el tiempo.
También encontrarás personas buenas que te desearán lo mejor y te invitarán a formar parte de sus proyectos. Ellos se alegrarán con tus avances y te acompañarán cuando te sientas solo y sin saber qué hacer.
Algo muy importante: no olvides que cada Ser encarnado es una parte Mía, igual de importante que tú. Cuando ayudes a otro Ser me lo estarás haciendo a Mí. Cuando lastimes a otro Ser me estarás lastimando a Mí. Hay mucha gente sufriendo y voy a darte la oportunidad de ayudarla.
También el planeta, los animales y las plantas son parte de Mí. Trátalos con amor y respeto.
Recuerda: voy a estar hablándote a través de tu corazón para que no pierdas el camino.
Y nunca te sientas solo, también estoy en las otras personas.
Pasados unos años el espíritu desencarna y se presenta ante Dios, oscurecido y amargado.
- Padre: fui una buena persona, un buen hijo, un buen padre, un buen esposo,… Me hice cargo de mi familia y no les hice faltar nada. Trabajé y no estafé a nadie. Me comporté decentemente. Cada cosa que tuve me la gané. ¿Qué pasó con la promesa de la Vida Eterna?
- Antes que volvieras a nacer te dije que no debías enojarte con las personas que iban a hacerte daño y te enojaste. En algunos casos te vengaste y generaste un nuevo problema.
Te dije que iban a tentarte con cosas terrenales y caíste en la tentación: una buena posición, contactos, respeto, admiración… te cegó ser alguien “importante”.
Lo más elevado que hiciste fue aprender esas técnicas milagrosas totalmente inútiles que no te ayudaron en nada y te hicieron perder el tiempo.
No sanaste ni enmendaste nada, no perdonaste y agregaste nuevos desafíos.
Te di un buen pasar económico para que ayudaras a tus hermanos y miraste para otro lado. Usaste todo lo que te di egoístamente. En vez de compartir con los demás te compraste una casa más grande, un auto más nuevo, vacaciones más lejos… y te olvidaste de quienes no tenían para comer.
Trabajaste horas y horas, y nunca te tomaste un rato para conversar conmigo. Yo te hubiera guiado pero no me dejaste.
Te hablé durante toda tu vida y sólo algunas veces me escuchaste porque las otras veces estabas muy ocupado trabajando, discutiendo de política, planeando las vacaciones, criticando a otros,…
Varias veces entré en tus sueños para conversar y no me escuchaste.
El árbol que cortaste, el perro que abandonaste, el pobre al que ignoraste,… ¿Qué hiciste Hijo? Te pedí que amaras y respetaras a todas las formas de vida…
Puse en tu camino a las personas correctas que te iban a ayudar a crecer y a sanar pero preferiste usar tus pocos ratos libres en actividades frívolas y vanas.
Todo lo que conseguiste fue de tercera dimensión y allá quedó: casa, auto, relaciones, contactos, título universitario,…
Si querías volver a Casa tus prioridades eran servir, perdonar y aprender.