14/10/2024
Por Ricardo Fernández
El cerebro es el órgano que coordina y controla todas las funciones del cuerpo.
La manera de pensar de una persona, genera que el cerebro conecte neurotransmisores químicos, que van a llevar a que uno de sienta de la manera en que esta pensando.
Si la mirada es optimista genera dopamina, serotonina, etc. lo que produce bienestar, motivación para hacer cosas, etc.
Si la mirada es negativa, con ideas de bronca, enojo, tristeza es porque el cerebro elevó el nivel de cortisol y otros neuropeptidos que hacen que se sienta angustia, ansiedad, etc.
Cómo el cerebro es el que produce la escritura, estos neurotransmisores que nos llevan a sentirnos de la manera como nos sentimos, colaboran en la construcción del grafismo.
La información para producir la escritura pasa por 47 áreas cerebrales en cada hemisferio. Eso que sentimos lo vamos a llevar al trazo.
La escuela mímica de la grafología sostiene que el trazo es un gesto gráfico, que refleja los mismos gestos que tenemos en nuestro cuerpo ante la alegría o la tristeza. Por ejemplo: si se nos caen los hombros por la angustia, los rasgos gráficos tenderán a descender igual que el cuerpo, con renglón descendente, trazos finales caídos, etc. Lo mismo ante la alegría, óvalos más abiertos, movimientos más curvos, finales a la derecha y arriba.
La escritura es producida por el funcionamiento de los dos hemisferios, los cuatro lóbulos cerebrales y otras estructuras como: el tálamo, tronco encefálico, cerebelo, médula espinal, sistema límbico, entre otras zonas que participan.
Para que la escritura tenga un ambiente gráfico positivo, todo el cerebro debe funcionar como una orquesta sinfónica donde nadie puede desafinar.
Si algún instrumento desafina, o sea alguna zona que no cumple la función que debe cumplir, encontramos los trastornos del lenguaje escrito.
A continuación un ejemplo de trastorno del lenguaje escrito, con una falta de armonía entre Espacio, Forma y Movimiento.