02/06/2026
Ideas sobrevaloradas... Algo que alguien hace o dice (repite), con una fidelidad extrema (irracional, dócil, obediente), porque lo dijo o lo hizo alguien significativo para él, para ella, alguien a quien no se permite cuestionarle algo.
La idea sobrevalorada no viene de cualquier lado...
Si a ese (también sobrevalorado), ubicado en el pedestal infantil, idealizado, se le interroga algo, ese caerá de allí con varias consecuencias...
La primera: quedará reconocido que es imperfecto, no tan confiable, sujeto a equívocos y a errores como cualquier otro humano.
La segunda: si ese (en quien alguien se escudaba) no es infalible, como humano, el que idealizaba queda desvalido y se ve obligado a crecer, a responder por sí mismo, hacerse cargo de sus actos. Situación que en principio puede parecer desventajosa y que por el contrario habilita la posibilidad de abrir caminos, gestionar recursos, gerenciar la propia vida, porque la soberanía personal requiere de libertad sustentada en la responsabilidad total.
¿Quién no quiere libertad? Ahora bien, ¿quién quiere pagar su precio?
La libertad se cultiva en el fuero interno y luego se experimenta en la relación con los otros. Nunca al revés.
A esas ideas sobrevaloradas todos las hemos tenido y, si no estamos suficientemente atentos, las tenemos. Periódicamente hay que revisar y vigilar porque se cuelan fácilmente en el propio psiquismo, y ante el descuido se instalan, e ingenuamente la persona las sostiene y las protege, a veces incluso con su vida...
¿Cómo se detectan?
- Por su rigidez, no admiten evaluación ni cuestionamiento alguno. También por la fascinación que producen, es fácil quedar hipnotizado frente a ellas y no querer ver nada más...
¿Cómo se contrarrestan?
- Interrogándolas, sometiéndolas a evaluación para ver si continúan teniendo alguna validez, vigencia. Puede que en algún momento o en cierto contexto hayan tenido validez, igual ya no aplican para el momento o contexto actual, y si es así es necesario verlo y considerarlo.