Semillas Arco Iris

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10/05/2022
https://youtu.be/iphBhcqqZh0
20/04/2022

https://youtu.be/iphBhcqqZh0

Así se recuperó mi hijo del autismo.-Esta es la historia en la que mi hijo se recuperó de lo que los doctores consideraban imposible; Autismo. Este Video con...

16/04/2022

Salió nuevo libro de la querida colega Dora Ciappini

La escuela de Olga y Leticia Cosettini
Mirar el pasado para recrear el presente
Editado por Chirimbote

Dora me invitó a escribir el prólogo, y aquí se lxs comparto para invitarlxs a leer este hermoso recorrido pedagógico.

Prólogo

La escuela tiene memoria de cuerpos dóciles, temerosos, disciplinados; incluso de cuerpos agazapados, dubitativos, haciéndole trampa a la norma. Las hay también biografías escolares que
nos confiesan la irrupción de cuerpos insurgentes, soñadores,
subversivos. En los días de interrupción de la presencialidad física en las escuelas, por causa de una pandemia que está azotando
al mundo entero y en nuestra tierra experimentamos con enorme angustia e incertidumbre, nos preguntamos por la presencialidad escolar, por esta mutación que estamos viviendo en lo
cotidiano, en la relación entre nuestros cuerpos. Esta situación
nos ha conmovido, nos ha interpelado como sujetos, como escuelas, como humanidad.
La escuela es de cuerpos presentes, allí donde nos cruzamos
las miradas, se percibe el aliento, suenan timbres o campanas.
Pero también hay escuela sin edificio, abonando a la existencia
de una escuela territorio, como afirma la querida colega Marcela
Martínez ( en http://aulaabierta.unahur.edu.ar/la-escuela-comoterritorio/)
Tengo en mi memoria escolar un fuerte olor a amoníaco, de
cuando formábamos cada mañana en el patio de mi colegio secundario, el busto de un Sarmiento que nos vigilaba y la sensación de que no sólo fruncía el ceño, sino también su nariz, porque ese olor tan profundo me es imposible separarlo de aquel
ritual de entrada. Aunque también mi memoria, algo más lejos,
registra olor a merienda, de una escuela complementaria a la que
asistía de más pequeño luego de cumplir con la mañana de mi
escuela pública, ahí en el distrito escolar 12 en las cercanías de
Paternal, un hermoso barrio porteño. Aroma de una merienda
entremezclada con sabor a té y galletitas, que recuerdo como caricia, que preparaba con amor Doña Delia. En ese sitio –que en
los noventa supe que le quedaba poco tiempo de vida– se desarrollaba una escuela complementaria que llamábamos “shule”,
perteneciente a una parte de la comunidad judía argentina. ( Los shules fueron escuelas idiomáticas y complementarias en idish adheridas al Idisher Cultur Farband (ICUF) entre 1941 y 1968, en nuestro país, y luego siguieron funcionando, pero la enseñanza idiomática perdió fuerza y fue desapareciendo. Se trataba
más de un espacio de formación recreativo, social. Un trabajo de Nerina Visacovsky analiza esta iniciativa pedagógico cultural, que estuvo muy en sintonía con el legado de las diversas experiencias que relata Dora en este libro. Ver en file:///C:/Users/Gabriel/
Downloads/17-Texto%20del%20art%C3%ADculo-99-1-10-20191120.pdf )
A unas cuadras, esos mismos días, Dora, tal como nos cuenta en
este libro, ejercía su tarea como maestra en la Escuela Fishbach,
en aquella institución que conocíamos como “Villa Mitre”, refiriendo a su ubicación. Dora recupera esos tiempos con la precisión y el detalle de quien planifica el viaje escolar de sus estudiantes. Con especial cuidado, atendiendo diversas cualidades de
aquella propuesta pedagógica que fundó el pastor Parrilla junto
a un grupo de docentes en la década del 60 y que iba a constituirse en un proyecto institucional educativo que recorrió (y lo
sigue haciendo) varias generaciones. La Fishbach que nos relata
Dora ensaya una escuela que siempre ha intentado celebrar en el
día a día la humanidad que supone construir lazos solidarios en
una sociedad que hace rato tiende a mutilarlos. En los días más
oscuros de nuestra patria, durante la última dictadura, tengo el
recuerdo de mi madre, activista y militante política, yendo a reunirse con los del Villa Mitre, la escuela de Parrilla. Porque esa escuela a la que yo asistía, igual que la Fishbach, eran refugios para
quienes eran perseguidos/as o resultaban una amenaza para la maquinaria depredadora de la dictadura que arrasó con una generación y tantos sueños de justicia y cambios. La escuela de Parrilla se edificó sobre cimientos de amor fraterno, centralidad de cada chico/a como sujeto de derecho y la enseñanza de la práctica de la libertad de la mano de la solidaridad. Fue pionera en la educación sexual como pilar del proyecto pedagógico institucional, cuando aún era palabra prohibida en buena parte de nuestra sociedad y sus escuelas.
Dora recoge todo un legado de experiencias y recorridos del
humanismo pedagógico que nos ha marcado a varias generaciones de docentes y nos sigue iluminando camino y sentidos.
Legado como el de Parrilla en la Fishbach, pero también de los
maestros Luis Iglesias y Jesualdo Sosa, que nos enseñaron uno
con su Didáctica de la libre expresión, en la provincia de Buenos
Aires, y el otro con su Periódico escolar El Marrón”, en la querida
tierra oriental del Uruguay. Ambos embelleciendo la pedagogía
de la ruralidad escolar, y dándoles protagonismo a las niñas y a
los niños y su condición de sujetos y constructores de su propia
vida, felicidad y libertad.
Cada uno de estos retazos de escuela y pedagogía fueron bocanadas de aire fresco que sacudieron los cimientos más rígidos
y autoritarios de un sistema educativo que solía ser piloteado
por los herederos del cuerpo médico escolar y el disciplinamiento autoritario que con soberana elocuencia describe Adriana Puiggrós en su “Sujetos, Disciplina y Currículum en los orígenes del
sistema educativo argentino”, lectura que recomiendo especialmente a cada docente.
Dora también nos convida con los diversos sabores de lo que
conocimos como escuela Serena, ese lugar en el mundo en que
las hermanas Olga y Leticia Cosettini y otras colegas enaltecieron la traición a aquellos mandatos oscuros, que empuñaban la
avaricia de mantener encadenados/as a quienes desearan involucrarse con la aventura de las preguntas. Especialmente las más impertinentes, esas que incomodan y abren el fuego de la curiosidad, esas que brotan cuando se les propone a los chicos/as
ser escritores de su libertad y no meros repetidores de un relato
ajeno que sólo les cuentan de lejos y en potencial. Dora destaca
una clave de las tantas que las Cossettini tenían como llaves para
una escuela emancipada: “el punto de partida para que funcione
el proceso de aprendizaje sigue siendo el mismo: uno que enseña
y que no deja de aprender y otro que aprende y a la vez enseña”.
Otro gran educador, el profesor Ovide Menin, recuerda esa
alquimia que ambas hermanas hicieron de su impronta pedagó-
gica, recordándolas en su paso indeleble por la escuela Serena:
“Es que la cabeza de Olga no existe sin las manos de Leticia. En
aquel ensayo irrepetido de escuela serena argentina, entre ambas estamparon, de manera cuasi simbiótica, teoría y práctica
pedagógica, a punto tal de que, aun con temperamentos tan distintos, lograron aglutinar a un conjunto de educadores insólitos
que hoy forman parte, ellos también, de la historia silenciosa de
aquella institución escolar”.
Como sostiene en sus palabras la educadora Amanda Paccotti,
su discípula y también educadora, Olga traspasa la frontera de
cada época haciendo de la Red Cossettini una voz que se mete
en cada sala de maestras y maestros sin pedir permiso, para dar
rienda suelta a la mejor travesura de enseñar a pensar en nombre propio, de saborear la relación con la naturaleza y los pares
para arriesgar ensayos que sirvan para construir una sociedad
mejor. Como afirma Paccotti, recuperando la voz de las hermanas: “Somos testigos de que los maestros y las maestras, en estos tiempos tan grises, hacen frente a través del cooperativismo
escolar, el respeto y la escucha incondicional a la palabra de los
niños, niñas y jóvenes e intentan desacartonar los planes y directivas tantas veces alejadas de la realidad, con proyectos creativos adaptados a la actualidad”.
Dora nos invita a recorrer varias aristas del legado de estas
tradiciones humanistas y democráticas de diversos educadores
y las experiencias que realizaron, dejando huellas en su propia
práctica como educadora y en tantas escuelas de diferentes lugares de nuestro país que acompañó y continúa caminando, que
recogen los frutos de aquel humanismo pedagógico y se animan
a recrear, enriquecer, compartiéndonos la palabra de sus hacedores en el relato de sus propias travesías institucionales.
Este Mirar el pasado para recrear el presente, con el que titula el
libro, es un ejercicio necesario y especialmente gratificante que
Dora nos propone para seguir intentando correr el horizonte
de lo posible, como suele recordarnos el cantautor Silvio Rodríguez cuando nos cuenta y canta “he pretendido hablar de cosas
imposibles, porque de lo posible se sabe demasiado…”.

08/04/2022

S a w a b o n a

Hay una tribu africana que tiene una costumbre muy bonita.

Cuando alguien hace algo malo, llevan a la persona al centro del pueblo, y toda la tribu viene y lo rodea.

Durante dos días, le van a decir a esa persona todas las cosas buenas que ha hecho.

La tribu cree que cada ser humano viene al mundo como un ser bueno.

Cada uno de nosotros solo desea seguridad, amor, paz, felicidad. Pero a veces, en la búsqueda de esas cosas, la gente comete errores.

La comunidad ve esos errores como un grito de socorro.

Y entonces se unen para ayudar a esa persona a reconectar con su verdadera naturaleza, para recordarle quién es realmente, hasta que se acuerde totalmente de la verdad de la cual se había desconectado temporalmente: "soy bueno". Sawabona, es un cumplido usado en Sudáfrica y quiere decir:

" Te respeto, te valoro. Eres importante para mí"

En respuesta a la gente dice shikoba, que es:
"entonces yo existo para ti"
Es una historia de amor real y lo hacen habitual!!!

https://youtu.be/TtToW6UvE5A
30/03/2022

https://youtu.be/TtToW6UvE5A

Hay ciertos problemas que solo las personas altamente sensibles entenderán. Debido a una diferencia biológica, la vida como persona altamente sensible o HSP ...

21/03/2022

"Para comprender la poesía hay que ser capaz de aniñarse el alma, de investirse el alma del niño como una camisa mágica y de preferir su sabiduría a la del adulto. Nada hay que esté tan cerca del puro concepto de juego como esa esencia primitiva de poesía…"

21 de marzo Día Mundial de la POESÍA

La naturaleza de la creación poética, en cierto sentido constituye el tema central de una explicación acerca de la conexión entre juego y cultura. Pues mientras que la religión, la ciencia, el derecho, la guerra y la política `parecen perder gradualmente, en las formas altamente organizadas de la sociedad, los contactos con el juego que los estadios primitivos de la cultura manifiestan tan abundantemente, la poesía, nacida en la esfera del juego, permanece en ella como en su casa. Poiesis en una función lúdica. Se desenvuelve en un campo de juego del espíritu, en un mundo propio que el espíritu se crea. En él, las cosas tienen otro aspecto que en la ≪ vida corriente≫ y están unidas por vínculos muy distintos de los lógicos. Si se considera que lo serio es aquello que se expresa de manera consecuente en las palabras de la vida alerta, entonces la poesía nunca será algo serio. Se halla más allá de lo serio, en aquel recinto, más antiguo, donde habitan el niño, el animal salvaje y el vidente, en el campo del sueño, del encanto, de la embriaguez y de la risa. Para comprender la poesía hay que ser capaz de aniñarse el alma, de investirse el alma del niño como una camisa mágica y de preferir su sabiduría a la del adulto. Nada hay que esté tan cerca del puro concepto de juego como esa esencia primitiva de poesía…

HOMO LUDENS // JOHAN HUIZINGA

11/03/2022
Nada es lo que parece!
21/02/2022

Nada es lo que parece!

¿Es real esto?

15/02/2022

Háblame de inteligencias múltiples...

08/02/2022

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