29/07/2021
Soberano, haces nacer en mí buenos deseos. Quiero darlos a luz. No es sencillo, lo sé, puede ser doloroso. Sin embargo, el fruto lo vale. Porque el dolor deviene en contentamiento, en la exaltación por habitar en el centro de tu voluntad.
Tu voluntad Señor sabe cautivar mi ser, sabe también ser perfecta. Solo tus deseos perfeccionan el camino; son el camino. Es que mi manera de pensar y mis caminos no superan el suelo, más tus buenos deseos son altos, superiores, permiten ver la realidad según el tamiz de tus ojos mi Señor.
Tus buenos deseos como comida a mis días, me nutren, me prosperan.
Tus deseos están en mí dispuestos a ser traídos al mundo a fin de servir a tu propósito. Tus deseos son fuerzas. Y esas fuerzas me envuelven y envuelven a otros. Porque tus deseos son para mí, pero no sólo a mí. Si está tu deseo, estamos todos.
Tus deseos son tu patrimonio, pero no me lo negás. Permitís que yo lo porte, propiciás y anhelás que lo manifieste. Amo tu deseo Dios de mi corazón. No quiero vivir ningún otro.
“pues Dios, según su bondadosa determinación, es quien hace nacer en ustedes los buenos deseos y quien los ayuda a llevarlos a cabo.”
Filipenses 2:13