01/09/2026
Nuestro cuerpo y todos sus sistemas actúan para sobrevivir. Frente a aquello que resulta demasiado intenso, encuentra las mejores respuestas que tiene disponibles: a veces limita, aísla partes, reduce la sensibilidad, encapsula emociones o bloquea experiencias traumáticas.
No porque sea bueno o malo. Lo hace porque es para lo que está diseñado y porque, en ese momento, es lo mejor que sabe hacer para mantenernos con vida.
El problema es que algunas de esas respuestas pueden continuar funcionando aun cuando aquello que las produjo ya pasó. El cuerpo sigue sosteniéndolas en automático, sin que necesariamente lleguemos a percibirlas.
Por eso, que algo deje de doler no siempre significa que el cuerpo ya encontró lo que necesita. A veces significa que recuperamos lo suficiente como para poder seguir.
Profundizar el registro corporal permite reconocer qué continúa sucediendo, actualizar nuestra percepción del cuerpo y del sistema nervioso, y abrir otras posibilidades de organización.
Quizás estar bien no sea solamente volver a funcionar.
Quizás también implique poder escuchar qué necesita hoy nuestro cuerpo.
Si querés empezar a investigar qué está sucediendo en el tuyo, una sesión puede ser un buen comienzo.