25/03/2026
No hay cerebro que aprenda si antes no se siente querido. Esto lo vemos todos los días, aunque a veces no lo pongamos en palabras. Un alumno puede estar presente, puede tener el cuaderno abierto, puede incluso copiar todo… y aun así no estar aprendiendo nada. ¿Por qué? Porque si no se siente querido, seguro, valorado… su cabeza está en otro lado.
Cuando alguien no se siente bienvenido, se pone a la defensiva. Y cuando uno se pone a la defensiva, no hay espacio para probar, para equivocarse, para descubrir. Solo queda sobrevivir.
Por eso, más allá de los temas, más allá de los programas y de los objetivos, lo primero que necesita pasar en un aula es el vínculo. Que el chico sienta: “acá me ven, acá importo”.
Eso no se enseña. Se transmite. Se nota en la mirada, en el tono, en cómo lo llamás por su nombre, o si le das otra oportunidad cuando se equivoca.
Y cuando eso pasa, cuando alguien se siente querido, no hace falta que lo obliguen a aprender. Va a querer quedarse. Va a querer intentar. Así que no lo olvidemos; antes de abrir un libro, hay que abrir el corazón.
Qué opinan?
Los leo!
Un abrazo,
Laura