17/08/2025
Hoy en Argentina celebramos el Día de las Infancias recordando que cada niñe es sujeto de derechos. Sin embargo, mientras acá compartimos juegos y sonrisas, en Gaza esos derechos son sistemáticamente vulnerados: el derecho a la vida, a la salud, a la educación y al juego. Más del 90% de las escuelas y 94% de los hospitales han sido arrasados por el Estado genocida de Israel. Cada día mueren 28 niñes, un aula entera, además de miles que quedan huérfanos, enfermos o desnutridos. Lidiar con la muerte y el sufrimiento no puede ser naturalizado.
En nuestro país más de la mitad de las infancias vive en la pobreza. El 11,5 % y 20 % son indigentes. Más de 1 millón se va a dormir con hambre y 6 de cada 10 crecen sin al menos un servicios básico.
Como futurxs docentes, sabemos que no basta con enseñar derechos en abstracto. Es necesario desmontar los relatos que permiten vulnerarlos, denunciar la hipocresía de quienes se llenan la boca hablando de derechos humanos pero avalan la represión, el ajuste y el genocidio. Queremos contruir una educación crítica, solidaria y comprometida con la vida y la dignidad de todas las infancias, en Argentina, en Palestina y en todo el mundo. No hablar de palestina en las aulas sería como no hablar de la dictadura o el holocausto.
El gobierno de Milei se ha alineado con Israel apoyando el genocidio y profundizando la relación política, militar y económica. Pero no está solo: el peronismo y otras fuerzas del régimen también han sido cómplices, como lo muestra el grupo de “amigos de Israel” del que es parte Leandro Santoro en el Congreso. El arco político prioriza negocios e intereses por encima de la vida de las infancias palestinas.
No se puede hablar de defensa de las infancias ni de derechos humanos si se ignora el genocidio transmitido en vivo y en directo. El silencio, la indiferencia o la justificación de la masacre son una mancha que la historia no va a perdonar. El día de mañana, cuando las futuras generaciones pregunten “¿qué hicieron cuando Gaza ardía?” no podemos responder con silencio. Sería una vergüenza que nos acompañaría toda la vida.
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