23/12/2023
Hace unos días, estaba cortando el pasto en mi casa. Es un barrio de las afueras, bullicioso. Donde todos se conocen.
En el cruce de calles que es mi esquina, pasan dos autos, uno detrás del otro a poca velocidad. Quien iba delante, frena de golpe y se gana los insultos y bocinazos de quien venía detrás. Cabe mencionar, que nadie cruzaba por la transversal, lo cual tampoco representaba un riesgo inminente.
Este auto que venía delante, cruza la calle y se orilla, el otro lo rodea y le propina una retahíla de menciones familiares poco amistosas. Pero, del auto detenido emerge un señor, de unos 60 años y se me acerca lentamente.
_- Disculpe muchacho, ¿usted es de acá?
- Buen día caballero, así es, ¿que necesitaba?
- Pase por acá y me acorde de Jorge, el remisero, ¿sigue viviendo acá?
- Exactamente, es mi vecino...
- Que buen muchacho ese, hace mucho que no lo veo. Siempre me acuerdo de él cuándo..._
Y me conto durante un buen rato la vida y obra de Jorge y de cuanto disfrutaba su compañía, y cuando lamentaba su distancia. Recuerdos de juventud y andanzas varias. Le dejó un saludo para él.
En estos tiempos donde todos estamos a mil, donde las cuentas no cierran, donde los vínculos son inestables, no son recíprocos o urgen por tener un valor... ¿qué difícil es pensar positivo no?
En esa calle donde estamos alterados y siempre a la defensiva, nos cuesta pensar que le pasa al otro, por que anda así, y lo atribuimos al ataque.
A este hombre lo invadió la escena conocida, el recuerdo de su amigo, y tanto lo invadió que no quiso dejar pasar el momento; pero, y podemos debatir si con justa razón, el otro muchacho lo vivió con un ataque. ¿Qué difícil es no sentirse atacado no?
Pero, me aferro a la idea de que el otro también cuenta; y a veces esta bueno detenerse a escuchar que tiene para decirnos.
*“Cuando miro el mundo soy pesimista, pero cuando miro a la gente soy optimista”. (Carl Rogers)*