02/06/2026
Un estudio de Tomiyama y colaboradores (2010) observó que la restricción calórica y el monitoreo constante de la alimentación podían aumentar indicadores de estrés y niveles de cortisol.
Esto no significa que planificar la alimentación sea malo.
Pero sí invita a pensar en algo:
Vivir contando calorías, sintiendo culpa al comer o estando permanentemente pendiente de la comida puede transformarse en una fuente de estrés.
Muchas personas pasan años intentando “hacer dieta” sin preguntarse cuánto desgaste mental les está generando.
Mejorar hábitos no debería sentirse como una pelea constante contra el propio cuerpo.
La salud también incluye la relación que construimos con la comida.
20/05/2026
Dos personas pueden probar el mismo alimento… y vivir experiencias muy distintas.
Parte de eso se explica porque no todos percibimos los sabores con la misma intensidad.
Algunas personas son más sensibles al amargor, al dulce o a ciertos aromas, lo que puede influir en preferencias y rechazos.
Por eso, a veces no es “capricho” ni “falta de voluntad”.
También hay diferencias biológicas en cómo sentimos la comida.
Entender esto ayuda a dejar de comparar gustos como si todos percibiéramos igual.
Entre varios factores, también puede influir la cantidad y tipo de papilas gustativas.
18/05/2026
A veces juzgamos hábitos ajenos sin mirar el escenario completo.
No todas las personas intentan cuidarse desde el mismo lugar.
El entorno influye: barrio, tiempos de traslado, seguridad, acceso a espacios verdes, cercanía de comercios, oferta de alimentos y nivel de estrés cotidiano.
Cuando el contexto acompaña, muchas decisiones saludables se vuelven más simples.
Cuando no acompaña, sostenerlas puede costar mucho más.
Esto no significa que no se pueda cambiar.
Significa que la realidad importa.
Para hablar de salud, no alcanza con mirar solo la voluntad.
También hay que mirar las condiciones en las que vivimos.
13/05/2026
Vivimos rodeados de estímulos para comer: promociones, delivery, porciones grandes, disponibilidad constante y alimentos hiperpalatables en cada esquina.
En ese contexto, cuidar hábitos no depende solo de “tener voluntad”.
La obesidad es multifactorial: intervienen genética, descanso, estrés, actividad física, salud mental, acceso a alimentos y ambiente.
Por eso, para cambiar conductas no alcanza con culpar a las personas. También hay que mirar el entorno.
11/05/2026
Argentina tiene una relación especial con el helado.
Una estimación comercial reciente registra más de 14.000 heladerías en el país.
Pero más allá del número, lo interesante es lo cultural: el helado aparece en encuentros, domingos, premios, salidas y sobremesas.
No es solo un alimento. También es costumbre, placer e identidad.
Y entender cómo comemos también implica entender el contexto en el que vivimos.
07/05/2026
Ver rankings de consumo puede ser curioso, pero también invita a pensar.
En algunos países con alto consumo de helado también se observan altas tasas de obesidad.
¿Significa que el helado es la causa? No.
La obesidad es una condición multifactorial donde intervienen variables biológicas, sociales y ambientales.
Más que buscar un culpable, vale la pena mirar el contexto completo en el que comemos.
05/05/2026
Muchas personas sienten que la comida del avión tiene menos sabor.
No es solo una idea: en altura y con aire seco cambia parte de nuestra percepción del gusto y del olfato.
Por eso algunos sabores se sienten distintos durante el vuelo.
30/04/2026
Dormir mal no solo da sueño.
También puede aumentar el apetito y los antojos.
Cuando descansamos poco, suele costar más regular el hambre y tomar decisiones alimentarias.
No todo es fuerza de voluntad.
A veces también falta descanso.
27/04/2026
A veces abrimos la heladera y no tenemos hambre real.
Buscamos una pausa, distracción, alivio o simplemente hacemos algo automático.
Comer no siempre responde al estómago.
Muchas veces responde al momento emocional.
Detectarlo no es para culparse.
Es para entenderse mejor.
23/04/2026
A veces, consumir grandes cantidades de alimentos ricos en carotenos puede dar una coloración amarilla o anaranjada en la piel, sobre todo en palmas y plantas.
Se conoce como carotenemia.
Suele verse con alto consumo de:
🥕 zanahoria
🎃 calabaza
🍠 batata
🥭 mango
No suele ser grave y es diferente a la ictericia (cuando se ponen amarillos también los ojos).
Generalmente mejora al reducir el consumo excesivo y variar la alimentación.