22/04/2026
Elegir a una buena pareja conlleva no solo un movimiento espontáneo interior hacia el otro, sino que requiere además de una inmersión o exploración en el campo energético y relacional que somos capaces de crear entre los dos. Para ello, conviene abrirse a sentir la verdad de lo que hay más allá de nuestras idílicas fantasías, en las que imaginamos al otro como maravilloso y la relación como dotada de perfección en sí misma. Los seres humanos, al igual que las relaciones, no somos maravillosos, sino reales, y quizá esta sea la mayor de las maravillas.
Deberíamos preguntarnos si nos sentimos capaces de ser plenamente quienes somos con el otro, si logramos encontrar el permiso y la afabilidad para que lo mejor de nosotros se despliegue y encuentre espacio en la relación, y si somos capaces de dejar ser al otro tal y como es. Una buena elección es la intuición de que podemos ser quienes somos en todo momento y el otro puede ser quien es en todo momento, y que podemos con ello. A veces, una relación no puede avanzar porque intuimos el límite de que algo del otro nos supondrá demasiado, o bien algo nuestro que es crucial no podrá ser acogido por el otro. En tales casos, es mejor orientarse en otra dirección, o arremangarse para trabajar en ello sabiendo que conllevará sacrificios.
JOAN GARRIGA
Del libro Bailando juntos: La cara oculta del amor en la pareja y en la familia
www.joangarriga.com