10/02/2026
La salud mental en los individuos es fundamental, ya que somos seres sociales y estamos en permanente vínculo con otros. Necesitamos construir y sostener relaciones sanas que nos permitan desarrollarnos y atravesar la vida con mayor bienestar.
Sin embargo, el ritmo cotidiano —la casa, la familia, el trabajo, las exigencias sociales y los distintos ámbitos que habitamos— muchas veces nos desborda. Nos encontramos atrapados por problemáticas diversas que no siempre sabemos cómo manejar ni a quién acudir.
Por eso, hablar con alguien se vuelve imprescindible. Preferentemente con profesionales capacitados, pero también con personas sabias que sepan escuchar y acompañar. El suicidio duele profundamente. Y duele aún más cuando nadie lo espera, incluso viniendo de un profesional que, en teoría, está en contacto permanente con otros. Cuando el alma llora y todo se agota, el corazón dice basta… y así no se puede seguir.
De allí la enorme responsabilidad que tenemos quienes trabajamos en el campo de la salud y lo social. Acompañar procesos humanos exige formación, capacitación constante y especialización en diversas temáticas. No alcanza con el título: se necesita preparación ética, emocional y profesional.
Esto lo aprendí de mi querido profesor Alejandro Simonetti, quien solía decirnos: “Cuando se reciban, especialícense. La Psicología Social es amplia”. Y vaya si tenía razón. Porque para cuidar, sostener y acompañar a otros, primero debemos estar verdaderamente preparados.
Cuidar la salud mental es una tarea colectiva y profundamente ética. Implica revisar nuestras prácticas, formarnos de manera continua y no minimizar el dolor del otro —ni el propio—. Hablar, pedir ayuda y acompañar con responsabilidad puede marcar la diferencia. Porque nadie debería transitar el sufrimiento en soledad, y quienes elegimos trabajar con personas tenemos el compromiso de hacerlo con preparación, sensibilidad y humanidad.
Lic. F***y Valetto