Patrimonio Histórico de General Alvear

Patrimonio Histórico de General Alvear Página independiente de alvearenses OCUPADOS en la recuperación, resguardo y puesta en valor del Patrimonio Histórico de General Alvear.

Historias de Fogón en Tapalqué
27/09/2026

Historias de Fogón en Tapalqué

Amigos,El 4 de Octubre próximo, viernes, a las 6 de la tarde, presentamos con amigos, música, canciones y poesía los lib...
26/09/2024

Amigos,
El 4 de Octubre próximo, viernes, a las 6 de la tarde, presentamos con amigos, música, canciones y poesía los libros “JOSÉ PORTUGUÉS” Y “JOSÉ PORTUGUÉS DOCUMENTOS 1 Y 2”.
Como saben, es la historia y participación de este pionero que en épocas de fundación, estuvo presente poniendo el hombro, plantando estancias, sembrando la tierra, trabajando el campo a la par de criollos, indios e inmigrantes.
Su coraje y mirada progresista son el legado que debemos honrar los alvearenses.
¡Los esperamos!
Entrada gratuita en el Salón restaurante de la Sociedad Rural de General Alvear.

Recordando las veredas de la plaza 😍🥰🤩
13/09/2024

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29/08/2024
BANDOLEROS RURALESUn episodio de bandolerismo rural, común en ésa época, acontecido por la Banda de Berrinchín en el alm...
03/08/2024

BANDOLEROS RURALES
Un episodio de bandolerismo rural, común en ésa época, acontecido por la Banda de Berrinchín en el almacén de Juan Francisco Ibarra.

A partir de los años 1850, en las últimas décadas del siglo XIX, así como los audaces se animaban a vivir con en el campo con temor de los malones, también debían estar armados y precavidos, cuidándose constantemente de los bandoleros rurales.
Ninguna película norteamericana puede -y sin embargo se puede recurrir a ellas para intentar imaginar el vivir en una campaña-, describir el vivir en constante zozobra. Se conocen protagonistas famosos como fueron Juan Moreira y Guillermo Hoyo (quien pasaría la posteridad como el célebre gaucho “Hormiga Negra”), Manuel Pacheco apresado en Chivilcoy, Alfredo Barreria, un gaucho joven, telegrafista, instruido, pendenciero y armas llevar como el conocido Martín Amestoy.
Había y hay ejemplos para todos los gustos y sus andanzas engrosan los archivos de la Policía y del Servicio Penitenciario provincial. Es más, algunos son famosos porque sus vidas han sido relatadas en la historia, la literatura, el teatro, el periodismo y los medios audiovisuales, en un contar algunas veces no muy objetivo de su vida y sus andanzas.
Los atropellos y actos delictivos de “Hormiga Negra”, entre sangrientos entreveros de boliche y alcohol, cimentaron la fama de aquellos culpables o inocentes que habitaron las llanuras pampeanas, muchos de ellos laderos de algún político, hacedores del trabajo sucio y que después eran despedidos y perseguidos como forajidos. Los episodios están marcados con sangre y muerte y alrededor de ellos, se han creado historias –verdaderas o no-, donde el bandolero rural fuera de la ley fue el protagonista.
Como dijimos, en la mayoría de los casos, los boliches y almacenes de campo fueron el centro y escenario de reunión de toda esta gente. Dos grandes almacenes de pioneros alvearenses protagonizaron otras dos de estas historias documentadas.
Una fue en el almacén de José Rufino de Olaso, nombrado Marqués de Olaso, después dueño de la estancia “San Salvador del Valle”. Olaso tenía almacén en Lobos, tropa de carretas y también almacén en Navarro, lugar donde Juan Moreira hiere de muerte al policía que fallece a unos pocos metros del negocio, en los escalones de la parroquia y de ahí, Moreira huye a Lobos donde perseguido y mu**to por una partida de policía. De este hecho se escribieron libros, de diferentes autores y opiniones, ensalzando o defendiendo a un gaucho matrero, malhechor y pendenciero.

El otro hecho que hoy nos ocupa y del que mucho menos se ha hablado, sucede en el almacén “El Indio”, en el entonces pequeño pueblo de Veinticinco de Mayo, propiedad de Juan Francisco Ibarra Otaola, otro vasco dueño de “Santa Paula” en General Alvear y de “La Vizcaína” en Bolívar.
La historia tuvo como protagonista a una “gavilla de bandoleros” que se hizo famosa por sus fechorías: la banda de Berrinchín. Era capitaneada por el tal “Berrinchín”, y realizaba atroces delitos. Berrinchín” en realidad era Carlos González, muy difícil de rastrear por tener nombre y apellido tan conocido en la región. Contaba entre ellos a los chilenos Juan Alderete, Manuel Alderete y a un tal Luna. La banda era temida en toda la zona: actuaron en Veinticinco de Mayo, Bragado, Chivilcoy, Nueve de Julio, Tandil y demás poblaciones del centro de la provincia de Buenos Aires.

Trabajando como peones en las estancias y casas de campo, la banda había ”inspeccionado” cada una de ellas, y cuando les era necesario conseguir dinero, las asaltaban robando, matando e hiriendo despiadadamente a cualquiera que se les interpusiera en el camino. Conocían toda la zona y “Berrinchín” contrataba baqueanos que luego intentaba plegar a la banda. Sin piedad, cometían masacres a sangre fría y ultimaban hombres, mujeres y niños sin ningún miramiento.

Su apariencia bien distaba ya del criador, peón o hacendado, y buscar camorra era su constante hacer y más, si se tomaban algún trago de caña o unos cuantos vasos de vino; su nombre llamativo, era pronunciado con temor ya que parecía invocar sus ataques de furia descontrolada y sin razón, su proceder deshumanizado y feroz.

Si bien en la campaña hombres y mujeres eran rudos y hábiles en el uso de armas blancas y revólveres, nada tenía que hacer ante semejantes criminales sin alma. ¿Qué podía hacer un criador de ovejas, un ganadero, un peón de campo, esquiladores o cosechadores que quedar totalmente a merced de sus abusos y desmanes?
Nada puede contra la sinrazón descontrolada.

EL ASALTO AL CRIADOR DE OVEJAS TOMÁS MALDONADO
Cuenta la historia que un día, llegó el vecino Tomás Maldonado al almacén del vasco Ibarra, en 25 de Mayo. Maldonado era un criador de ovejas, un hombre fornido, de manos grandes y cara castigadas por el tiempo a la intemperie, el frío y el calor del campo, que venían de vender un lote importante de ovejas.
El almacén de Ibarra estaba situado frente a la plaza, donde actualmente se encuentra la Biblioteca “Juan Francisco Ibarra”, un alto edificio con muchas puertas y ventanas y esquina sin ochava.
Recibieron allí $17.000 m/n por la venta de los animales y como era época de verano, un hermano de Maldonado durmió en uno de los coches con tolda en el patio de la casa y Tomás, en las instalaciones del almacén. En la oscuridad, a eso de la medianoche, llega la banda de “Berrinchín”, maniatan a los moradores, cometen toda clase de atropellos y se alzan con el dinero producto de la venta de las ovejas.

A la mañana siguiente, se arma un revuelo enorme al descubrir el atraco, pero la Banda se había escurrido en la noche y no quedó rastros de ellos ante la impotencia de las autoridades policiales. El comisario Arévalo intenta encontrar rastros pero los indicios se pierden.

EL FIN DE LA BANDA DE “BERRINCHÍN”
Pero no mucho después llega la revancha. Fue un domingo en el boliche “La Paloma” camino a Bragado, en una carrera de caballos. Como en todas estas reuniones y a pesar de que los juegos de azar estaban prohibidos, la taba volaba de acá para allá entre la gritería generalizada, entusiasmada por las apuestas jugosas de un muchacho. Como sucedía en estas ocasiones, el juego terminó en una pelea generalizada con intervención de la policía y como el Alcalde desconfió de tanto dinero en juego, fue aprendido también este muchacho.

En rueda de averiguación, el muchacho reconoció que tenía 5.000$, -una fortuna para esa época-, y que pertenecía a la banda de Berrinchín. También confesó el nombre de todos sus componentes y la forma de “contrata” de “muchachos jóvenes para aleccionarlos en el delito” (González Rodríguez, 67).
De más está decir que con esta confesión y con las pesquisas que venía realizando el comisario Avendaño, la Policía capturó al “Bandolero Luna” y la banda quedó totalmente desbaratada.

Bandidos rurales. Un título que tuvo otras connotaciones en una canción de León Gieco, quizás idealizando a los vientos la figura de aquellos que se mueven por fuera de la Ley. Bandoleros rurales y de los otros, los de antes y los de ahora, difíciles de atrapar en tierras de nadie.

Bibliografía:
González, Rodríguez. Orígenes y crónica vecinal de 25 de Mayo. Talleres gráficos “La Verdad”. 25 de Mayo. Provincia de Bs. As. 1940.
Paladino Giménez. El Gaucho. Paisanos entrerrianos. Foto de F. Rimathe. Alcalde de pueblo. Aprox.1890. Foto: F. Ayerza.

SILOS TORRES HISTÓRICOSPor Lis SoléEn los campos planos de la llanura pampeana se distinguen desde lejos unas estructura...
13/06/2024

SILOS TORRES HISTÓRICOS
Por Lis Solé

En los campos planos de la llanura pampeana se distinguen desde lejos unas estructuras cilíndricas que son referentes en el paisaje rural. Son imponentes silos de material que se destacan sobre el horizonte y que definen, por su permanencia y tamaño, la identidad de los parajes donde se encuentran.

LA DURA TAREA DE ALMACENAJE
Los silos fueron construidos para conservar de forrajes tanto en invierno como verano, con sequía o inundación, asegurando la provisión de alimento para el ganado.
A principios del siglo XX había diferentes formas de conservación, motivo de constante preocupación del productor agropecuario. Muchos recuerdan galpones enteros llenos de grandes fardos para paliar la falta de pasto en épocas de escasez.
Quizás más ecológicos y de menor inversión -por lo que fueron usados por los productores de menores recursos que no podían encarar la construcción de un silo de material-, fue el almacenaje en las denominadas trojas, Silos levantados con cañas de maíz y palos.
Estos silos eran precarios y había que renovarlos cada año. El maíz se guardaba en espigas y el pasto, se engavillaba, con ayuda de una espigadora se cargaba en una chata y de la chata, al silo por medio de un aparejo y un carrito volcador que involucraba la intervención de algún caballo, mula o buey. Un trabajo sucio, complejo pero más que nada penoso, casi impensable en estas épocas.
Y si era difícil almacenar, quizás más engorrosa era la tarea de descargar a través de esas pequeñas troneras que por gravedad y empuje salía por las ventanas inferiores en un funcionamiento similar al de los comederos automáticos de aves o cerdos.

LA CARGA Y DESCARGA DE LOS SILOS
Como hay pocos testimonios sobre la forma en que se llenaba y descargaba el silo, diversas investigaciones señalan que se hacía directamente desde y hacia una Chata para luego distribuir en los campos o directamente, en los alrededores de los silos hacia dónde se llevaba o estaba la hacienda.
En General Alvear, se encuentran aún en pie tres de estos Silos sobre los campos que fueron de la familia del Marqués de Olaso en la estancia “San Salvador del Valle”. Están ubicados en el campo que, en su momento, se llamaba “Las Acacias” de Bossolasco (hoy “Mi Fe”); el otro de los silos de la época del marqués de Olaso se encuentra en el campo que fuera del colono Honorio Mengarelli.
Los silos, de unos seis metros de diámetro por doce de alto, llamativos e inconfundibles a la distancia, se destacan en el paisaje y dan identidad al paraje.

LLENADOS CON LA AYUDA DE UN SINFÍN
Como ha pasado el tiempo y nadie los ha visto en funcionamiento, por su apariencia se los confunde reiteradamente con un palomar porque además -ahora ya abandonados-, suelen estar visitados o habitados por Palomas.
Alberto Ortiz desde Chivilcoy, comparte una imagen espectacular tomada en febrero de 1925 en la estancia “Las Palmeras”. En una imagen realmente histórica, se ve el proceso de ensilado con ayuda de una caldera que hacía funcionar un sinfín que cargaba el silo por la boca del techo.
A medida que se llenaba, se iban tapando las ranuras verticales con tablas -que se veían tiradas en el fondo de uno de los silos de General Alvear- y al finalizar, se le agregaba otra tapa en el techo para evitar la entrada del agua de lluvia.
Todo hace pensar que el forraje en ese silo/torre fermentaría y entraría en descomposición y para que eso no sucediera, se conservaba haciéndolo fermentar con sal. Comentaban los colonos que al momento de adjudicación de “San Salvador del Valle” (1959), aún había cereal en buen estado en el interior de un silo que se encontraba en “La Noria”.
En General Alvear, los Silos se encuentran en buenas condiciones evidenciando el desgaste propio del abandono. Uno de ellos aún conserva el techo en bovedilla que posee una escotilla cuadrada no muy grande. A los lados de los silos, se observan los huecos de la tirantería que los cruzaban interiormente, (más o menos a una distancia de 1.50 metros de altura), y que le daba al silo desde afuera, la apariencia de tener unos seis pisos de alto.
En uno de los lados, poseen un tubo semicircular que resguardan la escalera y las aberturas cuadradas por la que se iba descargando el cereal o la pastura.

SILOS TORRE POR TODA LA PROVINCIA
Con los comentarios realizados en la página de Facebook “Club de Tractores y Maquinarias Antiguas”, se ha podido constatar que hay Silos en diferentes localidades bonaerenses. Se observan por ejemplo, en el partido de Castelli (en la estancia que perteneció a los Álzaga y después a la familia Guerrero), al transitar la Ruta 2 y la Ruta 41. También han relevado varios desde la Ruta 7, entre las localidades de Tres Sargentos y Chacabuco.
En Carlos Casares quedan dos en pie pertenecientes a la estancia llamada “La Indufina” y en Hale, partido de Bolívar, hay tres separados por unos 1000 m que fueron construidos por el Marqués de Olaso en la propiedad denominada “San José de los Toldos”.
Viajando por la Ruta 205 se pasan por los campos conocidos por “La Martona” y a lo lejos se observan estos silos construidos en 1919, con una capacidad entre la 150 y las 300 toneladas , construcciones que se han convertido en símbolos del establecimiento “La Martona” y señal de que se va llegando a la ciudad de Cañuelas.
Edgardo Bergamini cuenta que en Junín hay dos que se ven desde la Ruta 188 y que se llenaban con sorgo granífero sucio y con fragmentos de la hoja del sorgo verde con un sistema de elevación con sopladores.
Casi la totalidad de los silos están construidos en lo alto de lomas cultivables lo que los hace aún más visibles. Caros al patrimonio rural, son susceptibles de ser el punto de encuentro de una “Carrera de Silos” turística donde los silos fueran las postas de un tour histórico por los campos de la provincia de Buenos Aires, consiguiendo así no solamente su puesta en valor, sino también su preservación y cuidado.
Silos torres. Su porte majestuoso los define como íconos del paisaje bonaerense y reflejan la idiosincrasia de una región abocada a la actividad granadera en épocas donde el ingenio y la necesidad originaron proyectos necesarios -y también temerarios-, por su grandiosidad y fortaleza.

Bibliografía consultada: Moreno, Carlos. Apuntes sobre los sistemas constructivos del Siglo XIX 2. Pdf. Recuperado de https://drive.google.com/file/d/1vi1sL-aEvgSrAH4e__7E-6EexpUTmEAx/view?usp=drivesdk
Moreno, Carlos. San Martín en Cañuelas. Un pasado, un futuro. Pdf. Recuperado de https://drive.google.com/file/d/1kDQytDgidD5zCKqnBHFKLMUFroKZbvqQ/view?usp=drivesdk

CUIDAR OBJETOS INSUSTITUIBLES: un sentimiento de urgenciaPor Lis Solé Recuerdo cuando el sabio Principito pidió a su ami...
18/05/2024

CUIDAR OBJETOS INSUSTITUIBLES: un sentimiento de urgencia
Por Lis Solé

Recuerdo cuando el sabio Principito pidió a su amigo, el aviador Antoine de Saint Exupery, que dibujara un baobab y él, animado por el sentimiento de urgencia, hizo el dibujo más detallado, grande y hermoso de todo el libro.
El dibujo era un árbol, un enorme árbol que estaba ahogando un planeta. Un baobab, en esa escritura anecdótica tan bella y sin edad de “El Principito”, es un peligro, un problema que no debe dejarse pasar y al que hay que dedicar especial atención.
Antoine explica que entendió lo que intentaba explicar el niño y por eso, -aunque reconoce que no es moralista-, quiso advertir a sus amigos de un peligro cercano y por eso, tanto esmero, color y detalle en una página entera.
Hay muchos peligros que acechan a la Humanidad y la pérdida de objetos históricos es realmente un hecho constante que no se toma en su verdadera dimensión.
En el Día de los Museos, es necesario reflexionar sobre los objetos que ellos albergan y su forma de cuidarlos. Muchos son insustituibles, únicos y fundamentales para comprender la historia de un lugar y es responsabilidad del hoy, resguardar esos objetos a futuro manipulándolos con responsabilidad y conocimiento.
Son dudas y principalmente para evitar accidentes y daños permanentes, es necesario una actitud respetuosa hacia los objetos, una cuidadosa reflexión y preparación.
Básicamente, es una cuestión de sentido común; atender las zonas débiles del objeto y contemplar los riesgos que supone levantarlo y moverlo. Esto se duplica en casos de libros y documentos en formato papel cuyas hojas se degradan con el tiempo o sus lomos no son lo suficientemente fuertes por lo que se rompen o quiebran.
Esos objetos en particular, directamente no pueden ser manipulados por su alto valor patrimonial así que, después de su debida digitalización, deberían ser guardados para evitar la luz o el manoseo.
Algo es fundamental: los objetos de los Museos no deben ser manipulados por el Público en general (y menos sin supervisión), y asegurarse que aquellos que los manipularán (como los integrantes del staff del Museo), estén debidamente capacitados, lo hagan cuando es estrictamente necesario y no para una muestra cualquiera o una fecha especial para llamar la atención.
Esas pautas de manipulación de objetos deben incluirse en los manuales de procedimientos de los Museos y estar a disposición del personal profesional y de los voluntarios para que, una vez capacitados, puedan comenzar a trabajar atendiendo a las reglas generales manejadas a nivel mundial.
Tal como “El Principito” es necesario repetir para no olvidar: - “Cuando dibujé los baobabs estuve animado por un sentimiento de urgencia”. Y agrega: "A veces no hay problema en dejar el trabajo para después. Pero en caso de tratarse de baobabs, es siempre catastrófico..."
Manipular los objetos del Museo: una acción para repensar.

Para leer más, entrar en: Manipulando los Objetos del Museo. https://evemuseografia.com/2021/05/07/manipulando-los-objetos-del-museo/

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