25/02/2018
TRANSICION
Ashtanga vinyasa yoga, una disciplina milenaria, que a través de tu primer paso -la curiosidad que te lleva a subirte en ese mat- un abanico de mil colores se empieza abrir ante vos.
Un abanico que alberga alegría, paz, dicha, amor, como también frustración, odio, infelicidad, tristeza. Es el camino de la vida, todos transitamos por diversas emociones y situaciones, con el único objetivo de “evolucionar”, de emanciparnos de ese ciclo de vidas y muertes. Un ciclo que no tiene que ser comprendido solo como diversas vidas, donde la muerte nos separe de una vida a otra, dentro de la misma vida, de ésta vida, morimos para renacer en manera constante, nuestra propia vida esta compuesta por muchos ciclos de vidas y muertes y tenemos la gracia de ser conscientes de ello, a esto le llamo Transicion (Vinyasa).
La practica del Vinyasa Ashtanga Yoga, me ha enseñado que dejar una postura (vida) para pasar a la siguiente, es aprender a morir para volver a renacer. Dejar esta vida que tanta comodidad y tranquilidad me da, (porque la conozco, porque se lo que tengo), para pasar a otra nueva postura, transitando por la muerte (este miedo al abandono) a través de este vinyasa renazco en una nueva postura que me deparara distintas dificultades al emprenderla. Dejar la vieja postura, sin identificarse a ella, si apegarse a ella, para entregarse y confiar en lo que esta por venir.
Sentir nuestra presencia sin identificarse con el “yo soy Maricel, tengo 40 años, una familia, una casa etc, etc.” y la consciencia de ser uno con el todo, presenciando el presente, el aquí y ahora, hará florecer la devoción, la confianza y la entrega.
El vinyasa nos enseña a caminar las transiciones de esta vida.
Estudiamos cada postura y la repetimos hasta el cansancio a cada una de ellas, para poder salir de la ignorancia, (avidya) que nos encadena a la esclavitud de nuestra realización y asi ser uno con Purusha y descubrir a Atman en cada partícula que nos rodea.
Las posturas podrían ser como nuestros karmas a resolver en esta vida, algunas nos salen con mas facilidad, son karmas mas chiquitos, logramos entenderlos y comprenderlos mas rápidamente y asi vamos rompiendo esos patrones que nos hacen traer y traer una y otra vez nuestra atención a ese karma que nos impide evolucionar. Pero hay otras (posturas), que nos pueden llevar una vida para resolverlas, nos traen dolor, sufrimiento, ira, enojo, frustración; queremos evitarlas, ponemos escusas, incluso a veces abandonamos la practica. Pero la vida nos la trae de nuevo ante nuestro ojos (ese karma a resolver) y volvemos afrontarlo y un buen día sentimos que nos salió y tocamos el cielo con las manos y nos ponemos orgullosos del esfuerzo que hemos realizado para lograrlo, sin embargo al otro día o al cabo de algunos días, la dificultad vuelve. Aun quedan destellos por resolver, aun, hay que seguir trabajando en ello y no hay que acobardarse.
Asi sucede frente al mat y asi sucede en la vida real, avanzamos hacia la siguiente serie para luego retroceder y asi volver a avanzar. Siempre menos cargados, cada vez avanzamos mas livianos.
Veo a esta vida como un Vinyasa. Aprender a dejarla (vida, postura), con desapego, amor, entrega y confianza es nuestra mas ardua tarea, antes, debemos a prender a dejar todo aquello a lo cual nos sentimos apegados y nos cuesta dejar.
La vida con sus pequeños encantos nos va forjando y estableciendo, preparándonos de a poco hacia el desapego final. Cuantas veces hemos tenido que aprender a ceder, entregar y a desapegarnos de nuestras cosas, de nuestros juguetes cuando niños, de nuestros novios cuando el amor no era reciproco, con nuestros hijos que piden crecer en libertad según sus propias creencias, o dejar ir a nuestros padres hacia la muerte sin retenciones. A pesar de entender con lógica que todo en la vida es una transicion, que la vida existe porque la muerte existe, en el fondo nos duele tener que separarnos de todo aquello que nos dio placer y satisfacción. El apego a la vida, aunque sea tan chiquito como un grano de arena, (incluso quemada), se encuentra en la mas sabia persona sobre esta tierra.
Ceder, entregarse, dejarse caer y confiar, son palabras que esta maravillosa practica nos enseña a vivir. La diferencia es que antes de practicar yoga, pensaba que ante un problema, se venia el fin del mundo, hoy se que hay un cielo esperando con nubes de algodón que te recogen para no caer. El yoga me enseño que siempre sale el sol luego de la lluvia. Que los cambios traen consigo cosas buenas, aunque a veces no podamos percibirlas como tal, cada pequeño dolor, traerá su premio y fructificara en el tiempo. Pero cuanto nos cuesta dejar, liberar, ceder, cambiar. Entender que la felicidad no esta en el poseer si no en el contemplar, la paz no esta en el identificarse con nuestros pensamientos, con nuestro “yo” que piensa en todas las cosas lindas que tengo y en todas las razones que tengo, la paz esta en la libertad.
Dejar de observar a través del concepto mental, a prender a discernir es imprescindible para nuestra beatitud. La practica del conocimiento para acercarse cada vez mas a la verdadera verdad (romper con esa separación entre prakriti y purusha) es esencial para nuestra emancipación.
Transitar la vida en ecuanimidad. Con imparcialidad de juicio y a la igualdad y constancia de animo es parte del Ashtanga Vinyasa Yoga.
Maricel Paraje
SUTRAS:
- Sutra II, 1: Un ardiente celo en la practica, el estudio del si-mismo y de las escrituras y la entrega a Dios son las obras del yoga.
- Sutra II,3: Las cinco aflicciones que perturban el equilibrio de la consciencia son: la ignorancia o falta de sabiduría (comprensiones defectuosas, falta de atención), el ego, orgullo del ego o sentido del yo soy (egoísmo, auto personalidad, la afirmación del yo, conciencia de existencia individual), el apego al placer o los gustos (deseos, se*******ad, pasión, atracciones), la aversión al dolor o disgustos (odio, rechazo incontrolado, repulsiones) y el miedo a la muerte (estar aferrado desmedidamente a la vida, la idea de posesión, apego, instinto de supervivencia son las causas de aflicción, un empecinado aferrarse a la perpetuación de sí).
- Sutra II, 4: La comprensión defectuosa es la fuente de todos los demás obstáculos, que no aparecen necesariamente al mismo tiempo y cuyo impacto es variable. A veces son oscuros y apenas discernibles, a veces visibles y dominantes.
- Sutra II, 5: Confundir lo transitorio con lo permanente, lo impuro con lo puro, el dolor con el placer, y lo que no es el si-mismo con el si-mismo: todo ello se denomina carencia de conocimiento espiritual, avidyā.
- Sutra II 7: Apego es aquello que mora en el placer.
- Sutra II, 9: El innato instinto de supervivencia (es el instinto de conservación o apego a la vida más sutil de las aflicciones) está arraigado en todo el mundo, incluso en los eruditos.
- Sutra II, 15: Pero el hombre de discernimiento espiritual (persona reflexiva, de recta visión, el sabio, quien posee mente discriminativa) al tener inteligencia discernitiva, considera todas las experiencias como dolorosas, que causan sufrimiento, incluso las experiencias placenteras están teñidas de pesar. Porque aun el gozo de los presentes placeres es doloroso por el hecho que tememos perderlos. Hay transformación. Los placeres del pasado son dolorosos por los renovados deseos que surgen fuertemente de las impresiones que esos placeres han dejado sobre la mente. ¿Y como puede ser duradera una felicidad si depende solamente de nuestros estados de animo? Dado que uno u otro de los gunas siempre se apodera del control de la mente, esos estados están sujetos a constante cambio.
- Sutra II,17: La causa de las acciones que producen efectos dolorosos es la incapacidad para distinguir lo que es percibido de lo que percibe.
- Sutra II, 26: El medio para la liberación es la practica constante del discernimiento. El medio para obtener la eliminación de la ignorancia esencial es el firme conocimiento discriminatorio.
- Sutra II, 39: Permaneciendo estable en la no-posesividad, surge el conocimiento del cómo y de dónde proviene el nacimiento. ��