25/07/2021
El nuevo escenario que nos ha tocado atravesar desde hace más de un año, en el que hemos tenido que "guardarnos" sin poder salir de casa, nos llevó a reubicarlos frente a nuestra existencia. Nuestro jardín, nuestro amado Pico Picotero no fue la excepción.
El 20 de marzo de 2020 se convertiría en una fecha que jamás olvidáramos. Con más dudas que certezas sobre la pandemia, pensamos que sólo por 15 días no trabajaríamos y estábamos muy atentas a las normativas sanitarias que íbamos a tener que cumplir para el regreso.
Pero los tiempos se dilataron y aquello que tanto disfrutábamos cada día, -el ida y vuelta con cada niño/a, sus abrazos, el seguimiento de su progreso y crecimiento en vivo y en directo, el desafío de cómo llegar a todos y cada uno respetando sus características y singularidades-, ya no era posible de manera presencial.
Con el correr de los meses fuimos implementando diversas herramientas y recursos para darle continuidad pedagógica a nuestros objetivos, para seguir siendo referentes afectivos y para seguir acompañando a cada picotero, con apoyo y trabajando en equipo: JARDÍN-FAMILIA.
Finalmente, los jardines maternales pudieron reabrir sus puertas. En Pico Picotero decidimos no exponer a los chicos y a las seños. Lo importante era la salud.
Se extraña mucho el jardín, el trabajo diario, la risa de los chicos, el vínculo con las familias, estar y acompañar. El jardín está vivo en nuestros corazones por siempre, es la dosis de amor más grande que puede recibir una persona y es diferente a cualquier otro trabajo.
Este golpe deja, como a todos, una enseñanza maravillosa y pone a prueba la capacidad de resiliencia de cada uno. Pero no cambia el objetivo de seguir trabajando por y para la infancia.
Es por eso que nos reinventamos y continuamos este espacio desde otro abordaje pero con el mismo compromiso.