17/09/2011
EL 16 DE SEPTIEMBRE SE CUMPLIERON 35 AÑOS DE LA "NOCHE DE LOS LAPICES"
En la noche del viernes 16 de septiembre de 1976, ocho militantes estudiantiles secundarios de La Plata fueron secuestrados de sus casas paternas por grupos de tareas, lo que dio inicio a uno de los crímenes emblemáticos del terrorismo de Estado argentino: "la Noche de los Lápices".
Torturados durante meses antes de hacer desaparecer a seis de ellos, el cruel episodio es evocado a 35 años de ocurrido por una gran cantidad de actos, recordaciones escolares y manifestaciones.
Arrancados de sus camas con la promesa de que serían devueltos en pocas horas, los chicos de La Noche de los Lápices pasaron por un calvario antes de pasar a integrar la nómina de adolescentes desaparecidos en el país.
Llevados al destacamento policial de Arana, convertido en un depósito de presos “por izquierda”, fueron torturados de todas las maneras posibles durante días para sacarles nombres de otros activistas, para los represores no había demasiadas distinciones entre los Militantes de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y guerrilleros.
Acaso con los destinos marcados de antemano, siete de esos pibes fueron trasladados al llamado "Pozo de Banfield", de donde sólo uno, Pablo Díaz, salió vivo para contarlo. Otros fueron a parar al Pozo de Quilmes, donde al cabo de varios meses fueron “blanqueados” y permanecieron presos hasta cuatro años a disposición del Poder Ejecutivo sin que se les sustanciara proceso ni acusación formal alguna.
La noticia del secuestro de adolescentes sacudió en su momento a la capital bonaerense, una ciudad orgullosa de su tradición cultural y educativa donde los juzgados comenzaban a llenarse en esos días con unos 2500 pedidos de hábeas corpus.
La mayoría de esos trámites debieron ser presentados por los propios familiares luego de que el secuestro de los abogados radicales Sergio Karakachof y Domingo Teruggi, en la misma semana que La Noche de los Lápices, denotara la transversalidad del terror.
Hubo que esperar la restauración democrática para que el impresionante caso se hiciera universalmente conocido cuando los periodistas María Seoane y Héctor Ruiz Nuñez reconstruyeron paso a paso el testimonio de Díaz, que en el juicio a los comandantes de 1985 se puso la historia al hombro.