02/04/2026
Jesús no esperó a que fuéramos perfectos para amarnos. Nos amó en nuestras debilidades, en nuestras luchas, en nuestra humanidad.
Hoy, después de haber reflexionado sobre cada momento de su crucifixión, somos invitados a algo más que recordar: somos llamados a vivir ese amor. Un amor que perdona, que acompaña, que abraza, que se entrega sin esperar nada a cambio.