11/09/2026
Tenía 15, tal vez 16 años cuando comencé a preguntarme qué era ser docente. Estaba haciendo el magisterio y estaba convencida que la enseñanza requería de mucha formación y responsabilidad. Si yo iba a estar frente a un aula tenía que estar preparada. Tal vez por eso una vez recibida, seguí estudiando y seguí estudiando. Pasé por dos universidades, ambas públicas, en ambas me recibí. Porque soy perseverante por sobre todo.
El título docente me lo entrego mí maestra de 1er año, la misma que todos los años se encontraba conmigo a tomar un café, para preguntarme cómo estaba, cómo seguía mí vida. Esa formación me dieron y ese tipo de docente aprendí a ser.
Priorizar a la persona antes que a la enseñanza, porque una persona en estado de colapso no hay nada que pueda aprender. Contener con la presencia. Abrazar con la mirada. Estar ahí para construir juntos un aprendizaje.
Construimos este presente con lo transitado, con lo vivido, con el bagaje que traemos sobre nuestras espaldas.
Hoy me dedico a enseñar un oficio, pero antes fui maestra durante 20 años.
Allá a lo lejos cuando los jóvenes están pensando en su viaje de egresados nosotros estábamos pensando en las prácticas docentes. En el desafío que era con 17 años pararse frente a un aula.
Acá a lo cerca para mí la costura es la excusa de otras cosas mucho más profundas que se traman entre telas e hilos.
Gracias, gracias siempre a los alumnos de cada año, a las alumnas de todos estos años, a las palabras, los abrazos y la presencia.