13/05/2026
Sin dudas en el andar de la vida vamos construyendo “el calzado necesario” que nos permite transitar el camino. Según el marco de referencia teórico que establezca el objeto de estudio, esta metáfora ofrece diferentes explicaciones que no vienen al caso, aunque sí me parece importante indagar en la que me resuena.
Lo que quiero compartir es que muchas veces, por diferentes necesidades, solemos aferrarnos tanto “al calzado” que el andar empieza a ser incómodo, y lo que fue eficiente y funcional en algún momento, deja de serlo.
Ya sea por costumbre, porque el cambio es sumamente amenazante, por la creencia de que algo distinto es imposible o la seguridad que nos brinda lo conocido, solemos seguir transitando diversos terrenos con el mismo calzado. A veces sin darnos cuenta y otras con una especie de distracción selectiva. Básicamente los recursos, aprendizajes y las formas que fueron sumamente útiles, ya no son más necesarios, y sin embargo nos acompañan en nuestro día a día.
Los cambios no son fáciles; son inciertos, molestan, invaden, requieren tiempo, paciencia, amor y sobre todo un interés genuino de ir a nuestras profundidades para (re)descubrirnos.
Desde ya que hay cientos de maneras de explorarse a fondo, de entrar en contacto con nuestros aspectos y reconocer la diferencia entre quien creemos ser y quién estamos siendo.