07/05/2025
La mente es como un lago agitado por los vientos del deseo, el miedo y la distracción. Así como el agua se aclara cuando el viento cesa, la mente se vuelve transparente cuando cesa su agitación. Trataka Kriya, la práctica de la mirada fija, es uno de los métodos más sutiles y poderosos para calmar este lago interior.
En la tradición del Hatha Yoga, Trataka es mirar sin parpadear un objeto fijo —comúnmente la llama de una vela— hasta que las lágrimas broten. Esta práctica no es simplemente mirar con los ojos, sino mirar con la conciencia. El ojo es el puente entre la mente y el mundo. Cuando disciplinamos el ojo, disciplinamos la mente.
Al fijar la mirada, eliminamos la dispersión. La mente, normalmente errante, se recoge, se vuelve afilada como el filo de una espada. Los yoguis antiguos sabían que donde va la mirada, allí también va la energía (prana). Por eso, con Trataka, no sólo entrenamos la visión externa, sino que abrimos el ojo interno de la percepción.
Los beneficios son numerosos:
• Fortalece los músculos oculares, aliviando el cansancio visual.
• Mejora la concentración y la memoria, cualidades esenciales para la práctica de asana y pranayama.
• Disuelve las impresiones mentales que nublan la intuición.
• Prepara la mente para dhyana, la meditación profunda.
Pero recuerden: no es una práctica para hacer con prisa o ligereza. Como todo en el yoga, requiere entrega, paciencia y discernimiento. La llama que observamos afuera debe encender una llama más profunda adentro. Y cuando esa llama arde con claridad, comenzamos a ver no con los ojos, sino con la luz del alma.