06/09/2026
Hay mujeres que hoy tienen una vida propia bastante armada: trabajo, proyectos, amigos, intereses, autonomía.
Y eso, para algunos hombres, puede resultar desconcertante.
No porque esas mujeres “no necesiten a nadie”, sino porque hay hombres que aprendieron a ubicarse en los vínculos desde el lugar de ser necesarios, resolver, sostener o completar algo.
Entonces, frente a una mujer que no parece estar esperando que alguien venga a salvarla, puede aparecer una pregunta incómoda:
“¿Y yo qué lugar tendría ahí?”
El problema no es que ella esté demasiado satisfecha con su vida.
El desafío es poder construir un vínculo donde el otro no venga a llenar una falta, sino a ocupar un lugar elegido.
No les pasa a todos los hombres ni a todas las mujeres. Pero es una de las formas que hoy pueden tomar los vínculos.