22/07/2023
"(...) No se encuentran sólo causas externas, de índole natural-mineral, sino que para estos enormes acontecimientos que irrumpen en forma de catástrofe sobre la existencia terrenal hay que buscar causas que estén dentro del quehacer del ser humano. El hombre pertenece sin lugar a dudas a las fuerzas que hay que considerar dentro de la serie de causas de la existencia terrenal. Esto no sólo vale en relación a tales grandes acontecimientos, sino también para todo lo que sucede continuamente. Sólo que, por de pronto, permanece oculta la verdadera conexión entre los acontecimientos del cosmos que tienen su efecto sobre la Tierra - es decir, los acontecimientos telúricos, terrenales - y lo que sucede en el hombre. Y, con relación a esto, toda nuestra ciencia natural en el fondo no es otra cosa que una gran ilusión, una ilusión abarcadora. Pues si quieren remitirse a las verdaderas causas, no pueden estudiar lo que por ejemplo sucede afuera en el mundo mineral, vegetal y animal cuando, en la búsqueda de las causas, se quedan detenidos meramente en el mundo mineral, vegetal y animal.
(...)
Efectivamente, vean ustedes, mientras el hombre siga pensando que lo que ocurre externamente en las manifestaciones naturales es causado a su vez por manifestaciones naturales, mientras el hombre tenga que ver con esta maya, la intervención de los impulsos morales permanecerá como algo que existe paralelamente al decurso de la naturaleza. Hoy en día, casi todo de lo que se habla sufre en realidad de esta dicotomía, permanece totalmente en la sombra de esta dicotomía. Los hombres no pueden pensar como conjunto el decurso de la Tierra como tal y lo que se realiza moralmente en la humanidad. Pero en el momento en que ustedes saben, por ejemplo, lo que traté de explicarles hoy con algunas pinceladas, pueden decirse: Como hombre soy una unidad y los impulsos morales viven dentro de mí. Y los impulsos morales viven como una unidad con lo que soy como hombre físico. Pero como hombre físico en realidad soy la causa- por supuesto conjuntamente con la humanidad - de todo lo que sucede físicamente. Entonces aquello que los hombres llevan a cabo moralmente en la Tierra es la verdadera causa para el desarrollo de lo que sucede en el ciclo terrenal.
Como hombres tenemos en la Tierra una historia natural, una ciencia natural, que describe el transcurso de la Tierra de la manera en que se encuentra en los libros de física, geología, botánica, etc. Lo que allí se describe es por de pronto para el hombre del presente, según los supuestos que en el sentido de la educación actual viven en él, algo totalmente satisfactorio. Pero figurémonos que un marciano bajara a la Tierra y la observara bajo los supuestos de su conocimiento; luego, después de caminar mudo algún tiempo como habitante de la Tierra - no digo que pueda pasar, sólo quiero ilustrar lo que quiero decir-, habría aprendido alguna lengua terrenal de los hombres, habría estudiado su geología, vería cómo estos habitantes de la Tierra se representan los procesos terrestres y diría: Muy bien, pero en estos libros no dice todo, ¡falta lo más importante! He visto por ejemplo que hay muchos estudiantes que vagan por los bares y beben todo el tiempo, se dedican a sus pasiones. Pues bien, ahí sucede algo continuamente: allí actúa la voluntad humana junto con el metabolismo. Eso son procesos que ustedes no mencionan en sus libros de física y geología. ¡En ellos no dice que el curso de la Tierra también depende de si los estudiantes beben o no beben! (...)
El habitante de Marte no dudaría en considerar que aquello que como impulsos morales atraviesa los actos humanos y toda la vida humana pertenece al transcurso natural. Para nosotros el transcurso natural, según los prejuicios actuales, tiene algo extraordinariamente condicionante, que para algunos es hasta agradablemente condicionante, especialmente para los que piensan de forma muy materialista. Estos piensan que el decurso de la Tierra sería igual aunque no existieran los hombres. Por lo tanto que yo sea una persona honesta o deshonesta no cambiaría nada especial en el curso de la Tierra; y no afectaría en nada el curso de la Tierra. Pero esto no es correcto; las causas del curso de la Tierra no están para nada fuera del hombre. Para lo más importante, el curso de los acontecimientos terrenales no yace fuera del hombre sino dentro de la humanidad. Y si ha de aparecer en los hombres la conciencia universal como continuación de la mera conciencia terrenal, debe hacerse valer en la humanidad la conciencia de que la humanidad convierte la Tierra - por cierto no en pequeños períodos, sino en grandes períodos - en lo que esta humanidad misma es. El mejor método para adormecer la humanidad es aclararle que no tienen ninguna participación en el curso de la Tierra. (...)
Pero en verdad la humanidad tiene la responsabilidad de lo que la Tierra soporta a lo largo de los tiempos cósmicos. Y uno sólo se siente realmente un hombre en la Tierra si siente, estando dentro de la humanidad, que la Tierra misma es el cuerpo de toda la humanidad. Y es parte de lo mismo que al tener un sentimiento similar al del individuo que dice: He dedicado diez años a mis pasiones y así he arruinado mi cuerpo, uno de igual modo se diga: Si la humanidad terrestre vive en impulsos impuros de índole moral, el cuerpo terrestre se convertirá en algo distinto que cuando vive en impulsos morales puros. (...)
El hombre no se da cuenta de que lo que se expresa exteriormente en el transcurso natural no depende de causas puramente naturales. Mucho más importante para lo que hoy en día es la configuración de Europa, mucho más importante que estudiar cómo fue hace dos mil años la estructura exterior mineral y vegetal de la Tierra es preguntarse: ¿Cómo vivieron los hombres hace dos mil años aquí o en la civilización en general? ¡Y el destino de la Tierra como planeta no dependerá dentro de dos mil años de cómo es ahora nuestro mundo mineral, sino que dependerá de lo que hacemos o dejamos de hacer! Con la conciencia cósmica la responsabilidad humana se amplía a una responsabilidad cósmica. (...)"
Rudolf Steiner
"Comprensión social a la luz del conocimiento científico espiritual"
Decimotercera conferencia. Dornach, 9 de noviembre de 1919