Noelia Lerda Coaching y Proyectos

Noelia Lerda Coaching y Proyectos

Compartir

Cuenta oficial de Noelia Lerda. Coaching y Formación online para líderes y emprendedores.

11/06/2026

Muchas veces incorporamos conocimientos, pensando que luego, en el día a día, bajo presión, recurriremos a todo lo que sabemos.

Yo creo que eso es cierto solo en parte.

Porque cuando converso con las personas y observo cómo reaccionan dentro de una empresa frente a situaciones complejas, pareciera ocurrir algo distinto:

👉 No utilizan todo su conocimiento disponible.

👉 Solo aparece disponible aquello que tienen más incorporado, que no es necesariamente lo que aprendieron en el último curso.

Como me gusta profundizar y buscar los por qué, hace poco encontré una línea de investigación que estudia exactamente este fenómeno.

Gary Klein, psicólogo e investigador, y uno de los referentes en toma de decisiones en contextos de alta presión, pasó años observando bomberos, pilotos, médicos de emergencias y militares.

Y encontró algo llamativo.

Los expertos rara vez se detenían a comparar múltiples alternativas.

⚙️ Reconocían patrones.

⚙️ Detectaban señales que otros no veían.

⚙️ Y actuaban a partir de esa interpretación.

De ahí cómo se entrenan este tipo de profesiones para responder a situaciones críticas: la emergencia no es el momento de pensar, analizar y decidir cómo actuar, es momento de aplicar lo que ya fue pensado y analizado.

Si lo llevamos a otros ámbitos, al final, algo de esto aparece en las situaciones de crisis del día a día en el trabajo, y hasta en la vida.

Podemos haber estudiado o recibido capacitaciones, pero no necesariamente ese conocimiento aparece cuando lo necesitamos, y a veces aparecen otros que no sabíamos que teníamos.

Tal vez entonces, el aprendizaje consiste en transformar esos conocimientos en formas de percibir el entorno y de actuar en él.

Porque cuando el tiempo escasea, la incertidumbre aumenta y las consecuencias importan, no siempre decidimos desde lo que sabemos.

Muchas veces decidimos desde aquello que somos capaces de reconocer.

03/06/2026

Hay algo curioso sobre la época en la que vivimos.

Muchos de los sistemas que usamos todos los días parecen no tener final.

El correo electrónico.

Las redes sociales.

Las noticias.

Los cursos.

La información sobre cualquier tema que nos interese.

Siempre hay algo más para leer.

Algo más para aprender.

Algo más para revisar.

Y eso genera una tensión interesante.

Porque gran parte de nuestra experiencia cotidiana sigue organizada alrededor de la idea de completar cosas.

Terminar un proyecto.

Resolver un problema.

Llegar a una conclusión.

Cerrar una etapa.

No es solamente una cuestión cultural.

También tiene una dimensión psicológica y biológica.

Sabemos que las tareas inconclusas tienden a permanecer activas en nuestra mente más tiempo que las completadas. Es un fenómeno ampliamente estudiado en psicología desde hace casi un siglo.

Y también sabemos que la percepción de progreso o logro está asociada a sistemas cerebrales relacionados con recompensa, aprendizaje y motivación, en los que participa la dopamina.

Cuando algo termina, algo puede relajarse.

Podemos dejar de dedicarle atención.

Podemos archivar la experiencia.

Podemos pasar a otra cosa.

El problema es que gran parte de los sistemas que construimos hoy ya no ofrecen esos cierres naturales.

Siempre aparece un nuevo artículo.

Una nueva actualización.

Una nueva recomendación.

Una nueva pregunta.

Y entonces aparece una fricción bastante particular:

Seguimos necesitando puntos finales en un entorno diseñado para ofrecer puntos suspensivos.

Tal vez por eso, una de las habilidades más importantes de esta época no sea gestionar más información.

Tal vez sea decidir dónde poner un punto final.

Aunque sepamos que todavía quedan puntos suspensivos.

30/05/2026

"Solo sé que no sé nada." - frase atribuida a Sócrates que siempre me hizo sentido

Durante mucho tiempo la interpreté como una muestra de humildad intelectual.

Alinea con la idea de que cuánto más aprendemos, más evidente se vuelve todo lo que todavía no sabemos.

Hoy creo que eso escaló a niveles más que incómodos, al menos para mi.

Leés un libro y descubrís otros diez. Y estoy siendo conservadora...

Terminás un curso y aparecen cinco temas nuevos para explorar.

Una conversación interesante te abre caminos que ni siquiera sabías que existían.

Y si además usás inteligencia artificial, la sensación puede multiplicarse.

Me pasa seguido.

Empiezo una conversación con una pregunta muy concreta.

Algo que quiero entender o resolver.

Pero aparecen nuevas ideas.

Nuevas perspectivas.

Nuevas conexiones.

Y cuando me doy cuenta, estoy explorando temas que no tenían nada que ver con la pregunta original.

No porque sean distracciones.

Muchas veces son ideas realmente valiosas.

El problema es otro.

Cuando todo parece interesante, empieza a costar distinguir qué es importante.

Y me encuentro en la necesidad de detenerme y volver a preguntarme:

¿Qué estaba intentando resolver?

¿Por qué empecé por acá?

¿Qué es lo que realmente importa ahora?

¿Te pasa o solo a mi?

En un mundo donde cada respuesta abre diez preguntas nuevas, creo que conservar claridad se convierte en una habilidad poderosa a entrenar.

21/05/2026

Hoy es muy fácil tener respuestas.

Un análisis.
Una sugerencia.
Un “camino posible”.

En segundos. Considerando muchas variables, infinidad de situaciones.

Le preguntás algo complejo a la IA…
y en nada, tenés una respuesta clara, lógica, y sobre todo CONVINCENTE.

Y, aun así, muchas decisiones siguen sin tomarse.

Porque el problema no es la falta de información.

Es qué hacemos con ella.

La IA puede ayudarte a pensar.

Ordenar ideas.
Comparar opciones.
Mostrar escenarios.

Incluso sugerir qué sería lo más pertinente según el contexto que le das.

Pero hay algo que no debería hacer desde mi punto de vista:

👉 DECIDIR

Ojo, pareciera hacerlo, y en algunos casos ya está ejecutando...

Pero no está decidiendo, está usando un algoritmo humano que vos le entrenaste para generar una respuesta o una acción.

Es porque una parte clave de la decisión no está en el conocimiento que pueda tener acumulado en su base de información.

Está en:

- el contacto con la realidad y su observación
- cómo interpretás lo que recibís,
- qué contexto construís,
- qué dejás afuera

Y las respuestas que te da incluso están condicionadas por esto que vos percibís y transmitís cuando le pedís algo.

Dos personas pueden plantear el mismo problema…
y obtener respuestas muy distintas.

No porque la IA falle.

Sino porque están pensando y compartiendole información desde lugares diferentes.

Además de haber creado (o no) previamente un perfil de IA propio incluso sin darse cuenta.

Ahí aparece algo que empieza a volverse clave:

👉 el criterio.

No como certeza.

Sino como la capacidad de:

interpretar,
elegir,
y avanzar…

aunque la respuesta no sea perfecta.

Porque una respuesta bien formulada
no es lo mismo
que una decisión bien tomada.

Tal vez el desafío hoy no sea tener mejores respuestas.

Tal vez sea aprender a decidir mejor con ellas.

18/05/2026

Tu equipo está en una reunión de revisión.

Alguien plantea un "stopper", un problema.
Para avanzar, hay que decidir.

Todos empiezan a aportar información.
Surgen ideas. Opiniones. Recomendaciones.

Cada uno tiene su mirada
(a veces simplificada… o sesgada).

Debaten.
Analizan opciones.

La reunión termina.
Cada uno vuelve a lo suyo.

No decidieron nada.

¿Te suena?

Nada es tan simple y claro como cada afirmación individual.

Porque casi siempre hay más de una forma de encarar la solución.
Porque ninguna opción termina de cerrar del todo.

Y entonces nadie se anima a dar un cierre.

Nos quedamos esperando que:

más información,
más datos,
más opiniones…

hagan aparecer esa certeza que falta para decidir.

Pero incluso más información puede hacer lo contrario:

abrir nuevas dudas,
plantear más opciones,
extender la decisión.

A veces hace falta otra cosa.

👉 tomar una decisión y avanzar sin tener todo resuelto.

Y eso no es menor.

Porque decidir en estos contextos implica algo incómodo:

elegir sin garantías.

Hay decisiones que, por más análisis que hagamos,
no se terminan de cerrar desde lo racional.

Ahí es donde entra en juego el criterio que da la experiencia.

No como certeza,
sino como la capacidad de sostener una decisión
cuando todavía no está del todo claro.

Tal vez el desafío no sea tener más información.

Tal vez sea reconocer en qué momento ya es suficiente…

y animarse a avanzar igual.

No decidir también es una decisión.
Solo que muchas veces queda disfrazada de análisis.

👉 Si te pasa en tu equipo, seguime para encontrar tips y herramientas que te ayuden.

15/05/2026

La semana pasada publiqué en LinkedIn un newsletter que se llama “Tomar decisiones en un futuro que ya no sabemos imaginar”.

Mientras profundizaba en algunas ideas… me observé y me volví consciente de una situación que merece un apartado especial:

Cuanto más profundizo en un tema, más caminos aparecen.

Más ideas.

Más conexiones.

Más posibilidades.

Y no es algo puntual.

Es una sensación bastante constante.

Como si cada línea de pensamiento abriera otras diez.

Esto no es nuevo para mi porque así funciona mi mente habitualmente, la diferencia es que ahora hay una compañera de trabajo que, si no la detengo, potencia esto y lo expande al infinito.

Durante mucho tiempo, el desafío era acceder a la información (sobre todo para los que acumulamos más años).

Hoy eso cambió.

La información está disponible de un modo casi abrumador.

Las opciones también.

Y entonces aparece otro problema.

La divergencia ya no es una etapa.

Es una tentación constante.

Podemos seguir

Explorando...

Pensando...

Comparando alternativas...

Siempre hay algo más para mirar.

Algo más para entender.

Algo más para considerar.

Pero en algún punto, eso deja de ayudar y se nos vuelve en contra.

Porque decidir no es solo elegir una opción.

Es dejar de mirar el resto para poder enfocarnos realmente.

Y ahí es donde se vuelve incómodo.

Porque cerrar implica renunciar.

Implica limitar.

Implica avanzar sin haber explorado todo.

Es un "duelo".

Tal vez el desafío hoy no sea generar más opciones.

Eso ya lo tenemos si sabemos apalancarnos de la IA.

Tal vez el desafío sea otro:

tener la claridad y el criterio para cerrar algunas.

Y avanzar igual, incluso sabiendo que había mucho más por explorar.

Si te interesa profundizar un poco más en esta idea, en mi perfil está el enlace al newsletter que dio origen a esta reflexión.

08/05/2026

Quién soy hoy es el resultado de mis decisiones de ayer.

No solamente de las grandes decisiones.

También de las pequeñas:
las conversaciones que sostuve,
las oportunidades que acepté,
las personas de las que aprendí,
los miedos que escuché,
las cosas que postergué.

Nuestra vida termina siendo una acumulación silenciosa de decisiones repetidas en el tiempo.

✋Spoiler: Lo que consiga en el futuro será el resultado de las decisiones que tome HOY.

Pero... ¿Cómo tomar decisiones responsables en un mundo donde el futuro cambia más rápido de lo que podemos imaginar?

Aparecen tecnologías, profesiones y formas de vivir que hace apenas meses parecían imposibles o irrelevantes.

Y eso cambia algo mucho más profundo de lo que parece:
la forma en que tomamos decisiones 😱.

Porque decidir siempre implicó incertidumbre. Pero antes, al menos, el tablero era relativamente conocido.

Hoy muchas veces ni siquiera sabemos cuáles son las opciones posibles.

Y quizás ahí esté uno de los mayores desafíos de esta época:
aprender a movernos en escenarios que todavía no terminamos de comprender.

Tal vez el problema actual no sea solamente que el mundo cambia demasiado rápido.

Tal vez el problema es otro:
seguimos intentando interpretar un entorno exponencial con una mente entrenada para la linealidad.

Fuimos educados para planificar, especializarnos, optimizar estabilidad y proyectar escenarios relativamente previsibles.

Pero hoy cambian al mismo tiempo:
la tecnología,
el trabajo,
la educación,
las habilidades valiosas,
la forma de construir autoridad,
e incluso la manera en que pensamos nuestra identidad profesional.

Y eso obliga a revisar algo mucho más profundo que las herramientas:
la forma en que decidimos.

🤓Escribí un newsletter completo sobre este tema, conectando toma de decisiones, incertidumbre, pensamiento estratégico y futuro humano. Podés encontrar el enlace en mi perfil.

04/04/2026

Hay ideas que no salen rápido.

Se quedan dando vueltas.
Se escriben en borradores.
Se piensan en silencio.
Hasta que encuentran forma.

Entonces no es que dejamos de publicar.

Dejamos de sostener el ritmo.

Y no siempre tiene que ver con falta de tiempo, o inspiración.

A veces tiene más que ver con otra cosa.

Con estar pensando mucho.
Con estar procesando ideas que todavía no terminan de acomodarse.
Con sentir que todavía no hay algo claro para decir.

En un contexto donde todo se acelera,
también aparece una presión silenciosa por opinar rápido, por estar, por no desaparecer.

Pero no todo proceso es visible.
Algunas cosas necesitan más tiempo.
Más vueltas.
Más conexión con lo que realmente queremos decir.

Durante muchos años estuve entrenada para tener respuestas.

Hoy, muchas veces, me encuentro más tiempo pensando y haciendome preguntas… que respondiendo.

Volver a escribir, en ese sentido, no es solo volver a publicar.

Es volver a ordenar el pensamiento.

Y, tal vez, hacerlo con un poco más de intención que antes.

04/04/2026

Estos últimos días volví a mis orígenes…

Tengo un hijo de 16 años, que pinta gustarle la Ingeniería, y no me habló de otro tema que el Artemis II durante 4 o 5 días.

Amé nuestras conversaciones, me recordaron a las que yo tenía con mi papá.
Vino con decenas de detalles técnicos que había escuchado… y que podíamos ampliar.

Uno de los temas que trajo fue este:
"Esta misión va a llevar personas más lejos de la Tierra que nunca antes."

Y la pregunta obvia es:
¿cómo puede ser, si ya fuimos a la Luna con el Apollo 11?

La respuesta técnica, simplificada, (que debí investigar porque no estaba embebida en el tema) es la siguiente:

Las misiones Apollo entraban en una órbita cercana a la Luna.
Estaban lejos de la Tierra, sí… pero no lo máximo posible.

Artemis II va a hacer algo distinto: no va a entrar en órbita lunar.
Va a rodear la Luna en una trayectoria de retorno libre, aprovechando la gravedad para extender al máximo su recorrido antes de volver.

Pero la principal diferencia no está en el destino.
Está en el diseño, que a su vez, se hizo siguiendo objetivos diferentes.

Las misiones Apollo fueron una obra maestra de ejecución:
un objetivo claro, un sistema optimizado y un resultado extraordinario.
>> Llegar. Cumplir. Volver.
Pero no estaban pensadas para quedarse.

Artemis, en cambio, no busca solo llegar más lejos.
Busca aprender a operar distinto.
👉 Más distancia.
👉 Más tiempo en condiciones inciertas.
👉 Más autonomía.
No es un viaje.
Es un entrenamiento para sostener presencia.

Y ahí hay algo que veo todo el tiempo en organizaciones:

💥 Muchas creen que su desafío es “llegar a la Luna”.
Ordenar un área.
Lanzar un proyecto.
Resolver un problema urgente.

Pero el verdadero desafío es otro:
👉 construir una nueva capacidad más permanente, la capacidad de que eso funcione sin depender siempre de alguien.

Porque a veces, lograr UN resultado no es lo difícil.
Lo difícil es poder repetirlo.
Y sostenerlo.
Sin que todo vuelva a depender de una persona, de un esfuerzo extraordinario o de apagar incendios.

No es magia.
Es diseño.

Y en muchos casos, el salto más grande no es llegar más lejos.
Es cambiar la forma en la que operás.

20/06/2025

¿Se desbloquea una nueva habilidad necesaria para liderar...?

Al menos aparece un nuevo nivel de complejidad: hablar dos lenguajes a la vez.
👥Uno profundamente humano (al que en muchos casos aún no se le da la importancia que requiere), lleno de emociones, intuiciones, historias y necesidades.
🤖Y otro técnico, abstracto, basado en datos, algoritmos y sistemas inteligentes.

↔️ El líder se convierte en traductor entre las personas y la IA.
Un rol cada vez más crítico en las organizaciones que están integrando IA de forma transversal.

Porque no alcanza con implementar tecnología.
Hay que hacerla comprensible, confiable y significativa para quienes trabajan con ella todos los días.

Este rol no se trata de ser un experto en IA.
Se trata de ser experto en conectar mundos que no siempre se entienden entre sí.

💡 En mi trabajo acompañando líderes y equipos, esta competencia empieza a emerger:
Los mejores resultados no vienen solo de tener IA más potente, sino de personas que saben usarla con criterio, claridad y propósito.

¿Estamos ante una nueva habilidad de liderazgo… o una evolución de las que ya conocemos?

Mi opinión:
No es completamente nueva, pero sí es una evolución con un matiz muy distinto, impulsada por la complejidad que trae la IA.

Los grandes líderes siempre han necesitado:
📌 Traducir visión en acción.
📌 Conectar personas con procesos.
📌 Equilibrar razón e intuición.

Lo nuevo es el interlocutor: antes eran sistemas conocidos, ahora son modelos de inteligencia artificial que aprenden, predicen y, a veces, deciden.

Esto exige habilidades adicionales...

Comprender cómo funciona un sistema de IA (aunque no seas técnico).

Saber dónde puede fallar o sesgarse.

Explicar con claridad sus recomendaciones sin caer en tecnicismos o sobreexpectativas.

Y sobre todo, tomar decisiones humanas en entornos donde las máquinas “sugieren” constantemente y van demasiado rápido.

📣 En este contexto, la habilidad de traducir entre humanos y tecnología no es solo deseable, es estratégica.

¿Quieres que tu escuela/facultad sea el Escuela/facultad mas cotizado en Córdoba?

Haga clic aquí para reclamar su Entrada Patrocinada.

Localización

Dirección


Córdoba
5000