21/04/2016
REPRESIÓN: UNA RESPUESTA HIPÓCRITA
(por Eze Marin)
La muerte de 5 pibes (y la internación de otros tantos) luego de una fiesta electrónica en la costanera de la Capital conmovió a la sociedad porteña este último fin de semana. Conmovió, pero no sorprendió...
Varios medios de comunicación y otros tantos formadores de opinión reaccionaron de la única forma que conocen: criminalizando la música electrónica, sus fiestas y la droga. Como si creyeran que la represión pudiera ser la única alternativa. Pero todos sabemos que esto es solo un intento de tapar el problema de fondo: la política pública con respecto a las dr**as.
¿Donde estaba el Estado? En los últimos 12 años el Estado Nacional estuvo mirando para otro lado y, algunos de sus funcionarios, beneficiándose con el avance del narcotráfico. Hoy la Nación insiste con una política vacía, de aparente represión, que no sirve para lidiar con estos temas. El más patético es el lugar que eligió ocupar el Gobierno de la Ciudad: no controlar, no exigir medidas de seguridad y salud pública y, cuando hay problemas, prohibir; prohibir y prohibir.
¿Dónde estaban los empresarios? Más preocupados por la ganancia que por sus clientes. Asociándose con los Narcos cuando les convenía para aumentar su beneficio y pidiéndoles un porcentaje de las ganancias. Formando parte y financiando el círculo de impunidad que permite mantener la droga en la ilegalidad y sacar provecho de ello. También sobre-vendieron entradas poniendo en riesgo al público, para extraer aún más ganancias.
¿Donde estaban las familias? La mayoría seguramente estaban muy ocupadas fingiendo que no existen los problemas hasta que les revientan en la cara. Otras por ahí, siguiendo a los medios, condenando "las dr**as" para divertirse pero justificando el alcoholismo, el tabaquismo o la automedicación con dr**as de todo tipo, tan peligrosas como las sintetizadas para fiestas electrónicas. Muy pocas deben haber hablado en la mesa familiar, de forma abierta y sincera, que para divertirse también hay que tener la precaución de no tomar cualquier cosa y de aceptarse cada uno como es y de respetar las opciones que uno quiere tomar intentando reducir al mínimo los riesgos que pueden existir.
Las dr**as de diseño suelen requerir un proceso de producción parecido al de los medicamentos. El volumen del comercio de estas dr**as hoy hace imposible pensar que se producen fuera del país: se venden muchas pastillas como para ignorar que se están produciendo dentro de nuestro país. Si su proceso de producción no es regulado por los protocolos imprescindibles para asegurar su calidad (ANMAT), pueden ser letales. Como lo fueron el viernes pasado, y como van a volver a ser si no se cambia la política al respecto.
¿Qué pasaría si estás dr**as se produjeran bajo un estricto control de calidad? ¿Qué pasaría si se distribuyeran envasadas, aclarando sus ingredientes, sus efectos y sus precauciones? ¿Qué pasaría si un precio accesible hiciera disminuir el consumo de otras dr**as más peligrosas y letales como el paco? ¿Que pasaría si la red de distribución no fuera clandestina, pagara impuestos y fuera regulada y fiscalizada? ¿Qué pasaría si el Estado garantizara la seguridad y la salud pública y, por ejemplo, obligara a los organizadores de estas fiestas a distribuir agua de forma gratuita o a no sobre-vender entradas?
Plantearse estas preguntas puede ser más útil, a corto y a largo plazo, que pedir represión por miedo a enfrentar los problemas.