01/04/2018
Crítica sobre la novela “El ruido del tiempo” de Julian Barnes
Autoras: Marina Sol Pitameglia y Olivia Crusvar 3ero. 13 (2017)
En “El ruido del tiempo” Julian Barnes nos propone un recorrido por la Rusia de Stalin a partir de la sensible e irónica mirada de Dimitri Shostakovich, el compositor emblema de la Rusia estalinista.
El autor realiza una semblanza minuciosa del genial compositor poniendo en primer plano los miedos y sobre todo las profundas contradicciones del personaje.
A lo largo de la novela el lector encontrará una mirada occidental / europea sobre la Revolución.
El autor desarrolla aquellos aspectos vinculados específicamente con el personaje central, sin tener en cuenta el desarrollo completo del proceso revolucionario ruso y planteando una lógica binaria, tan cara al mundo occidental-capitalista.
Barnes plantea esta lógica binaria a lo largo de toda la narración, encontrando su punto máximo en el capítulo II “En el avión” sin embargo nunca pierde el punto de vista de los personajes. Un claro ejemplo es la conversación imaginaria entre Shostakovich y el mundo occidental, respondiendo a los cuestionamientos que le hacen los periodistas Norte Americanos por su actitud frente al estalinismo. En este pasaje puede observarse con claridad su actitud permanentemente ambigua frente al poder.
“Pero Dimitri Dimitrievich, está siendo pesimista. La música es inmortal, siempre perdurará y siempre será necesaria, la música puede ser cualquier cosa, la música…. Se tapaba los oídos cuando le explicaban la naturaleza de su arte. Aplaudía su idealismo. Y sí, la música podía ser inmortal, pero los compositores, ay, no lo eran.”
La novela describe con intensa profundidad el terror individual, ese que paraliza e impide tomar decisiones racionales. Ellos, aunque quisieran, no le podían hablar a nadie porque serían buscados por el poder y posiblemente asesinados
“Era probable que pareciera exactamente lo que era: un hombre, como miles de otros en la ciudad, aguardando su detención noche tras noche.”
Respecto de las etapas de la revolución, la novela sabe retratar muy bien que Dimitri y su entorno eran conscientes de que, más allá de que hubiese mu**to Stalin, y era la época del deshielo, el partido seguía siendo el mismo y continuaba abusando de su poder.
“A lo largo de todos los años de terror, había podido decirse que al menos nunca había intentado ser miembro del partido para hacer más fáciles las cosas. Y ahora, cuando finalmente había pasado el gran miedo, venían a reclamarle el alma.”
La novela casi no hace referencia a la existencia de Lenin, que era, en un principio, la expresión más pura de la revolución, o sea del pueblo, a excepción de su conocida cita: “La música le pertenece al pueblo.” Y se plantea a Stalin como la expresión unívoca de la revolución Rusa.
El narrador, constituido por el escritor Julian Barnes, habla desde un punto de vista occidental, impidiendo de este modo una visión completa sobre la evolución de los sucesos narrados
Teniendo como protagonista a uno de los referentes musicales de la música rusa del siglo XX no se hace referencia clara a movimientos artísticos como el constructivismo.
“De un compositor se esperaba que aumentase su producción tal como lo hacía un minero del carbón, y de su música se esperaba que caldease los corazones del mismo modo que el carbón de un minero calentaba los cuerpos.”
Esta cita refiere al trabajo obrero y el constructivismo, pero es la única vez en la novela en que se habla de éste tema.
Barnes pone en boca de Shostakovich una fuerte crítica a Pablo Picasso, la figura representativa del cubismo, movimiento ligado directamente al constructivismo. De él dice:
“Se había pasado en vida pintando sus mierdas y alimentando al poder soviético (…) pintando una y otra vez su repugnante paloma de la paz.”
La novela es interesante y recomendable, pero el lector debe estar atento a lo que se omite más que a lo que se dice.
Sol Pitameglia Crusvar