27/09/2026
FREUD CONTRA LOS N***S
Hoy se cumplen 87 años de su muerte. Un homenaje a su valentía.
Un día como hoy, el 23 de septiembre de 1939, moría Sigmund Freud en Londres. Tenía 83 años y llevaba dieciséis peleando contra un cáncer de paladar que lo había llevado al quirófano más de treinta veces. Cuando el dolor se volvió insoportable, su médico y amigo Max Schur cumplió lo que habían pactado: le dio morfina para que se fuera en paz.
El mundo que dejaba estaba en llamas. Hacía apenas veintidós días que Hi**er había invadido Polonia y desatado la Segunda Guerra Mundial. Prometía un Reich de mil años. Duró doce.
1933: “HOY SE CONFORMAN CON QUEMAR MIS LIBROS”
Todo empezó en enero de 1933, cuando Hi**er llegó al poder en Alemania. Freud sintió el golpe enseguida: sus hijos que vivían allí tuvieron que emigrar, igual que todos los psicoanalistas judíos.
En mayo de ese año, en Berlín, los n***s armaron una enorme hoguera con libros de autores judíos. Antes de tirar los de Freud al fuego, un funcionario gritó: “Contra la sobrevaloración de la vida sexual, destructora del alma, ofrezco a las llamas los escritos de un tal Sigmund Freud”.
¿Y qué dijo Freud? Lo tomó con humor: “¡Cuánto progresamos! En la Edad Media me habrían quemado a mí. Hoy se conforman con quemar mis libros”. Por desgracia, ese progreso era una ilusión. Pocos años después, cuatro de sus hermanas murieron en los campos de exterminio.
1938: EL TERROR LLEGA A VIENA
En Austria las cosas ya venían mal: después de una breve guerra civil en 1934, el país quedó en manos de un gobierno autoritario. En febrero de 1938 Hi**er citó al canciller austríaco y le dio un ultimátum. El 12 de marzo las tropas alemanas entraron en Austria. Fue el Anschluss, la anexión.
Lo que siguió fue una pesadilla: golpes en la puerta a cualquier hora, amigos y parientes que desaparecían, comercios saqueados. Y lo más terrible es que mucha gente participó con entusiasmo. Como escribió su biógrafo Peter Gay:
“Empezaba el reinado del terror. Muchos alemanes habían cedido bajo el bombardeo incesante de la propaganda; muchos austríacos no necesitaron ningún tipo de presión. Las turbas que saquearon las casas de los judíos y que aterrorizaron a los pequeños comerciantes lo hicieron sin órdenes oficiales y disfrutaron con su trabajo”.
“NUNCA ME PAGARON TANTO POR UNA VISITA”
A los pocos días, un grupo de las SA irrumpió en la casa de Freud y se llevó 6000 chelines. Él, fiel a su estilo, comentó que nunca le habían pagado tanto por una sola visita.
Aun así, Freud no quería irse. Viena era su ciudad, su casa, su vida. Entonces los n***s fueron por su familia: se llevaron a su hijo Martin y lo interrogaron todo un día. Una semana después, la Gestapo detuvo a su hija Anna. Ahí Freud entendió que no había vuelta atrás: tenían que salir.
LA FRASE MÁS AUDAZ: “RECOMIENDO LA GESTAPO A CUALQUIERA”
Para dejarlo salir, los n***s le exigieron firmar una declaración asegurando que lo habían tratado “con todo el respeto y la consideración” y que no tenía “el más mínimo motivo de queja”. Mentira de punta a punta.
Cuenta la historia que Freud pidió permiso para agregar una línea y escribió: “De todo corazón puedo recomendar la Gestapo a cualquiera”. En el documento original, que apareció en 1989, esa frase no está, así que probablemente la dijo en voz alta. Pero es puro Freud: ironía frente a la brutalidad, aun con su familia en peligro. Peter Gay lo resumió así:
“Nada habría sido más natural que considerar ofensivas sus palabras. […] Su ‘elogio’ de la Gestapo fue el último desafío de Freud en suelo austríaco”.
EL EXILIO
El 4 de junio de 1938, enfermo, viejo y frágil, Freud dejó Viena junto a su esposa Martha y su hija Anna. Llegó a Londres y vivió allí, en libertad, sus últimos quince meses.
Ni siquiera ahí dejó de trabajar. Siguió atendiendo pacientes en su casa de Maresfield Gardens, recibió visitas de Salvador Dalí y de H. G. Wells, y terminó de publicar “Moisés y la religión monoteísta”, un libro que no se había animado a sacar en Viena por miedo a las represalias.
POR QUÉ LO RECORDAMOS HOY
Mucho se habla del Freud que inventó el psicoanálisis. Hoy quiero rescatar a otro: el hombre de 82 años que, frente al n***smo, no perdió ni la lucidez ni el humor. Esa también fue su manera de resistir. En tiempos oscuros, la ironía puede ser un acto de coraje: una forma de decirle al poder que no nos convenció, aunque tenga la fuerza.
Freud tenía 82 años y le sobró coraje para burlarse de la Gestapo.El n***smo no llegó de un día para el otro. Primero vinieron los discursos contra "los otros", el desprecio por la prensa y la ciencia, la promesa de un líder fuerte que iba a poner orden.
Hoy, en distintos rincones del mundo, la extrema derecha vuelve a crecer con ese mismo libreto: enemigos a quienes culpar, minorías señaladas, instituciones debilitadas desde adentro. La historia de Freud nos recuerda cómo termina ese camino cuando nadie lo frena a tiempo. Nosotros no tenemos excusa. Hoy, cuando en el mundo vuelven a ganar terreno los discursos autoritarios de derecha, que prometen mano dura, desprecian la cultura y convierten al diferente en enemigo, su historia no es solo memoria: es una advertencia. Los totalitarismos nunca empiezan quemando personas. Empiezan quemando palabras.