20/12/2019
"A LOS PIBES LOS DEJARON MORIR, UNA VEZ MÁS"
* Por Nicolás Juan Gabriel González, sobreviviente de la Masacre de Pergamino.
Hoy se me cierra el pecho de angustia por los 7 pibes asesinados y por el dolor de sus familias. Es tan difícil revivir ese 2 de marzo de 2017, lo que vivimos en la Comisaría 1° de Pergamino fue demasiado horrible, pero hoy lo rememoro y grito, me cuesta una vida pero lo hago por ellos. Estuve convencido de declarar como testigo a pesar del miedo y el dolor para que hoy los responsables paguen. Pero hoy la impunidad se perpetuó, la Justicia les otorgó condenas vergonzosas de entre 6 y 15 años ¡hasta con domiciliaria! dejando bien en claro que lo que vivimos allá adentro no fue un caso aislado y que de esta forma, puede volver a pasar. Siento muchísima bronca, cuatro de ellos dormirán tranquilos con sus familias y no nos sorprendería verlos en la calle. Aquella noche nos condenaron, nos dejaron morir, ningún ser humano merece eso.
Pasaron dos años, y todavía siento como si esa noche hubiera sido ayer. Se me vienen imágenes, gritos, recuerdos terribles a la cabeza; tengo muy en claro que no fue un accidente, que Sergio Rodas, Brian Carrizo, Matías Giuletti, Carolina Guevara, Alexis Eva y Sebastián Donza pudieron evitar el fuego o reaccionar efectivamente después, porque tenían el tiempo necesario para hacerlo pero no quisieron. Yo lo vi todo y doy mi palabra: ¡no hicieron nada! El incendio comenzó a propagarse y de un momento a otro, no quedó nadie adentro, sólo los pibes que suplicábamos auxilio desesperados. Recuerdo recibir dos botellas de agua, escuchar cómo una voz decía que había un mu**to, pero cuando entró el escuadrón de bomberos yo ya estaba desvanecido. A veces por la noche, cuando no puedo dormir, todavía los escucho y se me eriza la piel, se me desgarra el alma de dolor.
¿Cómo hacen para salvarse personas encerradas? En serio, piensenlo un segundo. Se prenden fuego vivos y no pueden hacer nada, los policías se fueron y ni siquiera dejaron una llave para poder abrir la celda, ni habilitaron el agua dentro, cerraron las puertas que debían estar abiertas e impidieron el trabajo de los bomberos. Quisieron lavarse las manos todo este tiempo, echando culpas para afuera, con mentiras y verdades cambiadas. El plan era claro: matar a los pibes que estaban privados de su libertad, dejar morir de la peor manera a mis amigos.
Siento mucha angustia y mucha impotencia, sí. Pero lo que me ayudó a mantenerme en pie fue la lucha de las madres y los familiares, todo ese amor y su empuje ayudaron muchísimo. Como testigo en este juicio, cada vez que me animé, me preparé y me inflé de fuerza para ir a declarar lo que viví, ellos me besaron, abrazaron y agradecieron profundamente. Eso es lo que nos permite seguir luchando, que es lo único que nos queda. Hoy grito más que nunca: ¡Justicia por los siete!