28/06/2025
El 28 de junio de 1969, Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera lideraron la “Revuelta de Stonewall” en respuesta a la violencia institucional, el hostigamiento policial y la criminalización de las disidencias sexogenéricas. De allí surge el Día Internacional del Orgullo. Como memoria, lucha, respuesta política, afirmación de existencia.
Actualmente en Argentina, el orgullo es también resistencia frente al avance de discursos de odio y políticas de recorte de derechos. El cierre de programas, la eliminación de organismos específicos, el ataque a marcos normativos que establecen derechos fundamentales para esta población, no son hechos aislados. Forman parte de un proyecto que busca disciplinar identidades y cuerpos, y reinstalar una idea restrictiva de ciudadanía, que excluye y deshumaniza a quienes no responden a las lógicas patriarcales y cisheteronormadas. Estas violencias estructurales impactan profundamente en la salud integral, y particularmente en la salud mental, de las personas LGBTTTIQNB+. Desde el enfoque de derechos humanos y salud colectiva, sabemos que las condiciones políticas, sociales y culturales son determinantes fundamentales de la vida.
Como actuales profesionales o estudiantes de una disciplina vinculada con la salud, es clave recordar que la homosexualidad fue considerada enfermedad por la OMS hasta 1990, y que recién en 2012 se dejó de clasificar a las identidades trans* como trastornos mentales en el DSM-5. Sin embargo, aún persisten lógicas patologizantes y de control social que modelan imaginarios, producen subjetividades y definen qué vidas valen ser vividas y cuáles pueden ser descartadas, sea de forma directa o indirecta. El último informe del Observatorio Nacional de Crímenes de Odio (Defensoría LGBT de CABA) denunció que en 2024 hubo 140 crímenes de odio en nuestro país motivados por orientación sexual, identidad y/o expresión de género. Esto significa una agresión cada 72 horas. La violencia no solo persiste históricamente, sino que este contexto la intensifica.
Frente a esto, es urgente defender políticas públicas que reconocen derechos, y reivindicar que el acceso a los mismos no puede depender de coyunturas políticas. El Orgu