03/09/2025
El desarrollo psicomotor puede imaginarse como un espiral en constante despliegue.
No se trata de un recorrido lineal ni fragmentado, sino de un proceso, donde cada aspecto se entrelaza con los demás: la maduración neurobiológica, el bienestar físico y emocional, y el entorno en el que crecemos forman un entramado inseparable en el que cada uno de nosotros se va desplegando.
Cada proceso de exploración del bebé es fundamental y sostiene las conquistas posteriores. No existe un calendario fijo: cada intento, cada ensayo y cada búsqueda enriquecen el camino, alimentando a cada instante el despliegue corporal.
Las posturas intermedias que el bebé descubre antes de alcanzar los llamados “hitos del desarrollo motriz” no son pasos menores: son igualmente esenciales, pues cada una contribuye de manera única al proceso de maduración.
La pediatra Emmi Pikler demostró que el desarrollo motriz se produce de manera espontánea. Se trata de un proceso madurativo que el bebé atravesará de forma autónoma siempre que confiemos en sus capacidades de movimiento y exploración, ofreciéndole un entorno seguro y nuestra compañía atenta.
Feldenkrais toma como una de las bases de su trabajo: El desarrollo; recreando el contexto para que exploraremos y descubramos como hacer cosas que ya sabemos hacer, lo que llamamos: “Aprender a Aprender”, de esta manera; llenamos huecos del pasado, que como un viaje en el tiempo cambian el presente; recordamos movimientos olvidados o encontramos maneras nuevas de reconectar lo aprendido; generando nuevas conexiones neuronales.