17/08/2020
A 170 años del paso a la inmortalidad del Libertador José de San Martín, les compartimos este artículo homenaje de Rodrigo Isequilla Giudici ( investigador del Departamento de Historia del Centro Cultural de la Cooperación)
San Martín, el héroe imperfecto.
La historia oficial nos brinda a un José de San Martín, reluciente, impecable y hasta inmortal, pero lejos de esos bronces, manuales escolares y homenajes aburridos, hay un hombre con ideas y convicciones claras, sobre todo un gran sueño, el de la patria grande.
No se sabe la fecha exacta de su nacimiento, pero se cree que fue en torno al 25 de febrero de 1778. Lo que sí se sabe es que fue en el pueblo correntino de Yapeyú, un ambiente que podríamos decir que lo marcaría de por vida, rodeado de selva, de chicos y chicas originarios y que su nodriza, la que le enseñaría a andar a caballo, era guaraní.
José de San Martín, emigró a España con 6 años, donde comenzó sus estudios y siguiendo la carrera de su padre, a los 12 entró como cadete al regimiento de Murcia. En el marco de una Europa sumergida en numerosos conflictos, cuando estalla la guerra entre España y Francia, se alistó como voluntario para misiones arriesgadas, en las que se destacó y comenzó a generar admiración entre sus compañeros.
Era soldado español, pero nunca dejo de sentirte soldado de América, y por eso aprovechó para leer sobre las ideas emancipatorias que recorrían el continente, sintiendo empatía por ellas, algo que finalmente lo llevo a sumarse a la logia Lautaro.
Cuando José de San Martín regresó al Río de la Plata no fue recibido con honores, sino con desconfianza por ser un militar que había peleado para los españoles hasta hace muy poco, pero Bernardo de Monteagudo, un amigo cercano, sirvió para que pueda ir generando confianza, y el fue quien le acerco las ideas de Mariano Moreno.
José de San Martín formó el Regimiento de Granaderos a caballo, cuya única actuación que tuvo en el actual territorio nacional, fue en la famosa batalla de San Lorenzo que duro apenas 15 minutos, pero que casi le cuesta la vida a San Martín, de no ser por intervención de Cabral y Baigorria.
Buenos aires, luego de la victoria de San Lorenzo, le ordenó dirigirse al norte, donde las tropas comandadas por Manuel Belgrano habían sido derrotadas en Vilcapugio y Ayohuma. Debía reorganizar el ejercito del norte y meter preso a Belgrano por haber sido derrotado, situación que enfado a San Martín y desobedeció, ya que en su opinión Belgrano: “está lleno de integridad y talento natural: no tendrá los conocimientos de un Napoleón Bonaparte en lo militar, pero créame que es lo mejor que tenemos en la América del Sur”.
San Martín al ver que no se podía avanzar por el norte, comenzó a proyectar el cruce de los Andes, para poder derrotar a los realistas en Chile y luego llegar al corazón del imperio español en Sud América y vencerlos en Lima.
El cruce de los Andes fue un plan realizado a espaldas de Buenos Aires, ya que solo estaban interesados en mantener a los realistas fuera del territorio del ex virreinato del Río de la Plata y no liberar al resto de los pueblos de América, por eso José de San Martín, pidió ser designado gobernador de Cuyo para poder organizar la operación.
Exigía a Buenos Aires, la declaración de independencia, ya que iba a legitimar su plan, y sobre esto decía “Hasta cuando esperamos declarar nuestra independencia. ¿No le parece a usted una cosa bien ridícula acuñar moneda, tener el pabellón nacional y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos? ¿Qué nos falta mas que decirlo? Animo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas…”
Este héroe imperfecto, nunca accedió a las presiones de Buenos Aires que lo conminaban a atacar a los caudillos federales, donde le escribiría a Artigas “mi sable jamás se sacara de la vaina por opiniones políticas”. Incluso tenía una visión integradora con los pueblos originarios, por eso para el cruce de los Andes se juta con los Caciques pehuenches para pedir autorización ya que ellos eran los verdaderos dueños de aquellas tierras.
La lucha por nuestra independencia tiene gestas cinematográficas, como lo fue el éxodo jujeño y el cruce de los Andes una de las hazañas militares mas importante de la historia, cruzando a pie o en mula, con temperaturas bajo cero, mal alimentados y sin descansos, pero los sueños de libertad crean las condiciones para soportarlas e ir por el objetivo.
En esta empresa podemos ver al héroe imperfecto, un San Martín doblado de dolor, trasportado durante toda la travesía en camilla. Pero lo imperfecto es lo que lo hace héroe, en ningún momento se doblegó e intento retroceder, porque, en sus palabras, “juremos no dejar las armas de la mano, hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje”.
Luego de las victorias de Chacabuco y Maipú, la liberación de Chile estaba asegurada, ahora había que organizar el ejército libertador para ir al centro político de los realistas para concluir con la guerra de independencia.
En 1820 San Martín, sin contar con el apoyo de Buenos Aires, logró vencer a los realistas en Lima, y siendo nombrado protector de Perú llevó adelante medidas totalmente populares: libertad de vientres, impuesto a los ricos, creación de escuelas y bibliotecas.
Buenos Aires continuó dándole la espalda a San Martin y se negó a la idea de avanzar con la liberación de los pueblos de América. Éste entonces, decidió reunirse con Simón Bolívar, en 1822 y entregarle el mando de sus fuerzas para que continuase con dicha gesta. Seguidamente volvió a Buenos Aires, donde fue perseguido por muchos de sus enemigos, siendo Bernardino Rivadavia el mayor de ellos, quien lo acusaba y desacreditaba todos los esfuerzos que había realizado en la lucha emancipatoria.
San Martín, entonces decidió exiliarse en Francia, en la pobreza como la mayoría de los grandes héroes y heroínas de nuestra independencia, mientras que la oligarquía logró acomodarse sin poner en riesgo ni su vida ni sus intereses.
San Martín hoy sigue vigente. En un mundo sumergido en una gran crisis económica que se ve agravada por la pandemia del Covid-19, no podemos pensar en una soberanía política, sin tener una soberanía económica, educativa, cultural y alimentaria. Por ello el sable de aquel héroe imperfecto sigue aún hoy recorriendo los pueblos de Nuestra América.