24/09/2026
Hay una escena de la leyenda artúrica que suele recibir mucha menos atención que aquella en la que Arturo obtiene su espada.
Es el momento en que tiene que devolverla.
Arturo está mortalmente herido y su reinado ha llegado a su fin.
Antes de partir hacia Avalon, le encomienda a Bedivere una última tarea: arrojar Excalibur al lago.
Bedivere llega hasta la orilla, pero no puede hacerlo.
La espada es demasiado valiosa. ¿Cómo desprenderse de algo semejante?
Intenta engañar a Arturo, pero el rey comprende que Excalibur todavía no ha sido devuelta. Bedivere regresa finalmente al agua y cumple la orden.
Entonces una mano emerge del lago, recibe la espada y desaparece con ella.
La escena cierra un círculo.
Excalibur había venido del agua y al agua debía regresar.
La espada acompañó a Arturo durante su reinado.
Fue instrumento de su poder y de su misión.
Pero recibir algo extraordinario no significaba necesariamente poseerlo para siempre.
Y ahí la resistencia de Bedivere se vuelve profundamente humana.
Nos cuesta entregar aquello que tiene valor. Incluso cuando ha cumplido su función. Incluso cuando el ciclo al que pertenecía ya terminó.
Acumulamos objetos, lugares, vínculos, roles, identidades.
A veces porque todavía los necesitamos.
Otras, simplemente porque alguna vez fueron importantes.
La historia de Excalibur introduce otra posibilidad: honrar aquello que recibimos también puede significar saber cuándo devolverlo.
La Dama del Lago aparece al comienzo y al final de esta historia, vinculada al origen y al destino de Excalibur.
Pero su figura guarda muchas otras historias dentro de la tradición artúrica.
¿Te gustaría conocer más sobre la Dama del Lago y su vínculo con Avalon?