23/09/2026
WESLEY Y EL CUIDADO DE LA TIERRA, SEGUNDA parte .
Continuamos profundizando lo que Juan Wesley, fundador del metodismo, ofreció como visión teológica de la creación y la naturaleza. Su enfoque era que el cuidado de la tierra y de los animales es una extensión de la gracia y de la salvación final, en la que Dios abrazará a toda la creación.
Aunque sus discernimientos no son lo suficientemente completos y amplios, para que sean aplicables a los grandes desafíos de hoy-que son enormes y más si le sumamos lo que está sucediendo con los impactos ecológicos del desarrollo de la IA por ejemplo- , Wesley ofrece algunas pistas para abordar los problemas ambientales urgentes de hoy.
Como hijo de su tiempo la salvación tenía su eje en el individuo. Pero sin olvidadr la integralidad del humano en sus dimensiones.
Wesley tenía un gran interés y fascinación por las ciencias y el mundo natural, un interés que iba desde las observaciones sobre la inmensa variedad de especies que habitan la tierra, hasta las condiciones climáticas del mundo y los fenómenos científicos como la electricidad (con la que experimentó) y se familiarizó con los experimentos realizados por Benjamín Franklin y otros. Por ello ordenó que varios libros pudieran proporcionar una guía continua a sus seguidores, destacando en particular dos obras:
1) su extracto de La imitación de Cristo de Thomas de Kempis, que Wesley valoraba como una guía para la salud espiritual; y
2) Primitive Physick, una colección de consejos médicos que Wesley proporcionó como guía para la salud física. Que no son solo una colección de “remedios caseros”. Wesley leyó mucho sobre el tema de la medicina a lo largo de su vida y reunió la mayoría de los remedios en Primitive Physick, de destacados autores médicos de su tiempo.
Pero a medida que continuaba investigando el testimonio bíblico de la salvación, se fue convenciendo de que la gran salivación de Dios va más allá de la humanidad, para abarcar a toda la creación. Esto lo llevó a escribir sermones provocativos al final de su vida, defendiendo la resurrección de los animales “La liberación general”(1781) y la inclusión de la materia misma de nuestro universo, debidamente transformada, en “La nueva creación” (1785).
Wesley hace observaciones sobre el mundo vegetal y la función de la «tierra, agua, fuego y aire» en la composición del planeta, junto con información sobre el sol, el sistema solar, lo meteoros y las estrellas. En el esquema de Wesley, todo tiene un propósito, que es contribuir al equilibrio y orden total de la naturaleza. Las montañas, por ejemplo:
“... no son, como algunos han supuesto, meros estorbos de la creación: toscas e inútiles protuberancias del globo; sino que responden a muchos propósitos excelentes. Fueron diseñadas y ordenadas por el sabio Creador para este gran uso en particular: repartir la tan necesaria provisión de agua a todas las partes de la tierra... Porque si la tierra fuese plana y nivelada, no habría descenso de las aguas... Las aguas inundarían grandes extensiones de tierra y después se estancarían y pudrirían.”( citado en T. Runyon, La nueva creación, A.Press Nashville, 2006, p.103).
El aspecto más significativo de la reflexión de Wesley sobre esta dimensión cósmica de la salvación final, es su convicción sobre el propósito final de Dios para toda la creación. Por lo tanto, defendió su creencia sobre las futuras bendiciones de Dios para los animales en el sermón “La liberación general”. Este Dios, cuya “misericordia es sobre todas sus obras” nos pide que seamos como El. Para que esto no se quede en generalidades, exhortó con frecuencia contra el trato malicioso hacia los animales. Evitar tal acción y ayudar a prevenirlo fue una forma más en la que Wesley creía que podemos participar en la salvación verdaderamente holística que Dios ofrece en y a través de Cristo. Por eso, ha sido el metodismo un promotor de las sociedades protectoras de animales en varias partes del mundo .
En esa línea, nuestra actitud hacia el resto del mundo natural -tanto al viviente como el inanimado-, debe ser ejercida como un consciente reflejo de la misericordia y cuidado del Creador, y de la presencia en toda vida del principio de vida, el Hijo de Dios. Obviamente, la renovación de la imagen de Dios en el humano no es posible sin la renovación de la imagen moral: la relación con el Creador es clave para recibir la «justicia, misericordia y verdad» de la fuente divina y que es la que transforma la vida de la criatura. Esta es la razón por la que la santificación en Wesley fue tan importante y no solo la justificación por la fe. Ya que a través de aquella el Espíritu de vida impregna todo aspecto de la vida humana con la vida divina y es de vital importancia para la renovación de la responsabilidad.
Es necesario una nueva visión, una visión que Wesley describe con el término «mayordomo» en su sermón 51 "El buen mayordomo”:
“Nosotros ahora somos los mayordomos de Dios. Estamos en deuda con él por todo lo que tenemos... Un mayordomo no tiene la libertad para usar lo que se ha puesto en sus manos como a él le plazca, sino como a su amo le place... Él no es el dueño de ninguna de estas cosas, sino apenas a quien se le han encargado por alguien más... Ahora bien, este es exactamente el caso de todos con relación a Dios. No estamos en la libertad de usar lo que Dios ha depositado en nuestras manos como a nosotros nos plazca, sino cómo a Dios le agrada, quien es el único dueño del cielo y de la tierra y el Señor de toda criatura... [Dios] nos ha confiado con [los bienes de este mundo] bajo esta clara condición: que los usemos como los bienes de nuestro Amo, y de acuerdo con las indicaciones específicas que nos ha dado en su Palabra”.
Wesley entiende que esta nueva visión que fundamenta el proceso de santificación, nos ofrece novedad para mirar al mundo. Al comentar sobre el pasaje del sermón del monte: «Bienaventurados los de limpio corazón, porque verán a Dios», Wesley dice:
“Los limpios de corazón ven todas las cosas llenas de Dios. Lo ven en el firmamento del cielo, en la luna caminando en su esplendor, en el sol cuando se regocija como un gigante para recorrer el camino. Lo ven «poniendo a las nubes por su carroza, y andando sobre las alas del viento». Lo ven «preparando la lluvia para la tierra» y «bendiciendo la abundancia de ella».( Sermón de la montaña, N° 23, parte III) .
En definitiva, las obras de Wesley nos ofrecen pistas teológicas y éticas sólidas, para abordar la crisis ambiental y colocarla en el centro de nuestra preocupación misionera.
Para sintetizar algunas de ellas: (1) la idea de salvación integral; (2) el concepto del ser humano como mayordomo-administrador de la creación, nunca conquistador; (3) la presuposición que la creación tiene valor intrínseco porque es la manifestación de la obra divina, (4) la unión entre la naturaleza y la historia humana y (5) en la Nueva Creación en Jesucristo, todo será reconciliado en EL.
Podríamos seguir mencionando porciones de sus sermones o diarios , pero creo que es bueno ofrecer lo que una teóloga metodista (Catherine Keller, en su ensayo Ecology and Salvation: a Wesleyan Methodist Meditation on Stewardship Oxford Institute of Methodist Theological Studies August 2024) en un congreso reciente dice sobre Wesley y la tierra.
Ella se pregunta, como muchos : ¿Cómo se relaciona la salvación de los seres humanos por parte de Dios con la necesidad actual de que los seres humanos salven el hábitat terrestre? La noción de mayordomía de Wesley ha sido reconocida por su potencial ecológico. Pero, dada la extensa crítica al antropocentrismo de la “mayordomía”, ¿podemos reciclar su versión en la dirección de una respuesta adecuada a la crisis del calentamiento global? .
Y afirma : “Puede que los cristianos necesiten percibir lo que tiene valor para Dios, a fin de combatir nuestro propio hábito “más civilizado”: el de hacer que la naturaleza no humana resulte extrañamente externa a nuestro mundo. El de tratar la Tierra y su materialidad como telón de fondo de lo que realmente importa. En lugar de considerarlas como el fundamento no solo de la civilización sino de la encarnación, de toda encarnación, toda materialización, toda creación. “( traducción propia)
Y sostiene que lo que vivimos en ese descuido de la hermana tierra, nuestra casa común, es como un Apocalipsis pero no como el fin repentino del tiempo, sino como una revelación- que eso significa la palabra-.
La revolución ecológica que necesitamos es radical y urgente, y debe pasar de la conciencia a la acción, afirma :
“El apocalipsis llega ecológicamente como nueva creación, como esa gloriosa libertad de todas las criaturas de Dios, pero en detalle, lentamente, en una multiplicidad de campos, mediante la reforma de una multitud de acciones entre miles de millones de personas. ………Y termino volviendo a John Wesley….. para enfatizar la importancia de nuestra multitud de decisiones humanas concretas. ….La gracia no hará por nosotros nuestro trabajo de justicia ecosocial. No silenciará el gemido de la creación. Pero no deja de llamarnos a escuchar y responder, a convertirnos en mayordomos agraciados de un planeta vulnerable. Y esa mayordomía animada por el Espíritu nos permite participar de manera más vibrante, más esperanzada, en la obra de la salvación ecosocial. …La gracia nos impregna del alma del universo. Magnificada en nuestras propias almas por ese atisbo de magnificencia. Nos carga con una energía que no quema combustibles fósiles. En su animación participamos—junto con innumerables seres vivos – de esa libertad de los hijo/as de Dios. Todos nosotros unidos por esa presencia íntima…” (traducción propia).
Por lo tanto, para Wesley la fe santificadora de ninguna manera puede estar divorciada del cuidado de nuestra hermana madre tierra y casa común. En eso nuestra tradición se asemeja con la sabiduría de los pueblos originarios de América, que valoraban el concepto y practica del “buen vivir” (sumak kausai en quechua o suma qamaña), como “buena vida”,“vivir bien juntos en armonia ”. Basada en la libertad y dignidad, en la igualdad e integridad colectiva para un bienestar espiritual y holístico de toda vida.
Ver las cosas con «limpio corazón» es reencontrarnos con la tierra y sus seres, no como extraños sino como parte de ese tejido y comunión de vida que somos, imagen de Dios. No solo para cuidar la tierra, sino con el fin de renovar el pacto divino con las generaciones presentes y futuras. Ya que la «santidad social» no sólo incluye nuestro vínculo con nuestros hermano/as habitantes del planeta, sino con el Espíritu creador que habita en todo y renueva diariamente “la faz de la tierra”. Salmo 104:30.
Pablo G. Oviedo para CMEW