Centro Metodista de Estudios Wesleyanos - CMEW

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El CMEW es un proyecto de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina ¿Qué es el CMEW? A través de cursos, talleres y seminarios
presenciales y a distancia.

Es un espacio que brinda la Iglesia Metodista Argentina para la reflexión teológica desde la
perspectiva de la tradición wesleyana y los nuevos contextos en los que la Iglesia debe
desarrollar su misión. Para ello
Capacita y fortalece la misión de la Iglesia para su testimonio de las Buenas Nuevas en la
Sociedad. Ofrece diferentes propuestas de formación en diversas modalidades que se ajustan a la

31/07/2026

Wesley y el cuidado de la tierra , primera parte .

Juan Wesley (1703–1791), fundador del metodismo, desarrolló una visión teológica profunda de la creación y la naturaleza. Fue uno de los teólogos protestantes del siglo XVIII que más trabajo el tema ecológico –como le llamamos hoy -. No veía el mundo físico como algo despreciable, sino que consideraba que la naturaleza reflejaba el carácter de Dios. Y que el cuidado de la tierra y de los animales era una extensión de la gracia y que la salvación final abrazará a toda la creación.
Hay varios sermones y frases en sus diarios que dan cuenta de esto. En su sermón 56 “ El beneplácito de Dios sobre sus obras”, Wesley contemplaba la naturaleza como una revelación directa del amor divino. Siguiendo el texto de Génesis (donde Dios vio que todo lo que había hecho era bueno en gran manera), en el comienzo del mismo afirma:
“Todo lo que fue creado era bueno en su especie…para promover el bien de la totalidad y para la gloria del gran Creador” .
Y más adelante sigue afirmando la armonía y belleza de la creación toda, como imagen de Dios:
"Él veía con un placer indecible el orden, la belleza y la armonía de todas las criaturas... la serenidad de los cielos, el sol caminando en resplandor, el vestuario dulce y variado de la tierra, los árboles, los frutos, las flores y las corrientes murmurantes."

En su Diario el 22 de junio de 1781 sostiene : "¡Qué maravillosos son los trabajos de Dios en la naturaleza y en la gracia! Cuanto más examinamos sus obras en el mundo físico, más razones tenemos para exclamar: '¡Cuán múltiples son tus obras, oh Señor! ¡Con sabiduría las has hecho todas!'"

Pero hay un sermón que es una verdadera fuente de visión cristiana ecológica. Ese es el Sermón 60 La Liberación General. En ese escrito Wesley enseñaba que la naturaleza no es cruel por diseño original, sino que sufrió las consecuencias de la caída humana.
"Toda la creación gime y sufre dolores de parto hasta ahora... Esto se refiere directamente a la creación animal. ¿En qué estado se encuentra en el presente? [...] No solo las criaturas más débiles son destruidas continuamente por las más fuertes, sino que unas y otras están expuestas a la violencia y crueldad de quien es ahora su enemigo común: el hombre."

Uno de los aportes teológicos más distintivos de Wesley fue su convicción de que los animales y la Tierra serán restaurados en la consumación de los tiempos. Wesley no ignoraba que esta situación crítica de la creación se debía a la voracidad humana. Por eso respondía en ese mismo sermón 60:
“…que algo mejor permanece también después de la muerte de estas criaturas; que también, algún día, ellas serán liberadas de esta esclavitud de corrupción y recibirán amplia recompensa por todos sus sufrimientos presentes…."¿Permitirá Dios que la creación permanezca siempre en esta deplorable condición? ¡Dios nos libre de afirmar o siquiera albergar tal pensamiento! Mientras toda la creación gime, sus gemidos no se dispersan en el aire en vano, sino que entran en los oídos de Aquel que las hizo. Toda la creación animal será sin duda restaurada..." .

Uno de los teólogos contemporáneos más ricos en su interpretación de Wesley es Theodore Jennings - que como CMEW hemos editado hace unos años su libro Santificación y transformación social -.
En ese libro ( en su pag. 67) Jennings sostiene, -pensando en la crítica profética de Wesley sobre el Imperio Británico de su tiempo y su empresa colonial – que la vemos aun en América, en la ocupación ilegal de nuestras Islas Malvinas, ratificada por la ONU - :

“ La idea que iba en contra del pensamiento corriente de su tiempo, era ver la obra de Dios como una totalidad, ver la meta del nuevo cielo y la nueva tierra y afirmar al mismo tiempo que la vida de fe – la vida de santidad– es la que deberá constituirse en ejemplo concreto y dramático de aquella promesa de renovación total. Wesley unía su preocupación por toda la creación a la del terrible precio que el imperio pagaba para seguir siéndolo. A esto se debe que se preocupara por la explotación colonial de la India y América, y la depredación provocada por el tráfico de esclavos en África. Estas cosas podían identificarse como el poder del mal que había atrapado al llamado Occidente cristiano. Cuando Wesley decía que la raíz de la devastación de la tierra y las culturas no era sino la avaricia, no estaba más que haciéndose eco y aplicando la sabiduría de los grandes padres apostólicos orientales. Basilio el Grande, por ejemplo, atribuyó la caída de Adán a su avaricia y al intento de acumular tesoros explotando a la tierra y a la consecuente explotación del prójimo.”

Frente a estos grandes desafíos Wesley insistirá en renovar nuestra visión de esperanza en la restauración de todas las cosas en Cristo. Para no caer en la pasividad desesperada. En su Sermón 64 La Nueva Creación afirma:
"En la nueva tierra, ninguna criatura matará, herirá o causará dolor a otra... El escorpión no tendrá aguijón venenoso; el león no tendrá garras para desgarrar al cordero. La crueldad estará lejos... toda la tierra será un Paraíso más hermoso del que Adán jamás vio."

Wesley también promovía un trato ético y compasivo hacia los animales y la creación, considerando que el ser humano debe actuar como mayordomo – cuidador consciente de la tierra-, como un reflejo de la misericordia y cuidado de Dios. En sus Notas sobre el N.Testamento, acerca de Romanos 8:19 escribió :
"La misericordia de Dios está sobre todas sus obras; y la compasión humana no debe ser menor que la de su Creador."

El veía la obra de Dios como una totalidad y la meta del nuevo cielo y tierra( la nueva creación) era un llamado a los cristiano/as a ser mayordomo/as , cuidadores de la tierra , ya que somos uno con ella. Si eso podemos vivirlo reflejaría un anticipo concreto de aquella promesa de renovación total.

Seguiremos en una segunda parte profundizando sobre la visión ecológica de Wesley. Pero estos pensamientos recordados de Wesley, ya nos desafían a reflexionar y sumarnos a esa promesa de Dios de renovar la tierra.
Somos/as llamados/as a desarrollar comunidades que puedan servir de testimonio ecológico. Con una espiritualidad expresada en prácticas y actitudes que reflejen la compasión, el cuidado y la armonía con toda la vida. Armonía que según la fe cristiana es esencial en la nueva creación en Cristo.

En su sermón 60 La Liberación General, Wesley nos invita a orar y buscar al Creador para vivir esto: "Elevad vuestras cabezas, ¡oh criaturas capaces de conocer a Dios! Eleven sus corazones a la Fuente de su ser... Él abre Su mano y colma de bendición a todo ser viviente." Que así sea .

Pablo G. Oviedo para CMEW

27/05/2026

SEGUIMOS COMPARTIENDO LOS APORTES DEL CONVERSATORIO: Los desafíos del trabajo en perspectiva metodista.(que pueden ver en nuestro canal de youtube).En este caso el aporte de Verónica De Luca (Investigadora y cooperativista) .

Hoy en día en nuestro país estamos inmersos en un contexto social desordenado, complicado, ajustado y profundamente cruel por lo que hablar de trabajo tiene un peso particular porque la dignidad del trabajo está en disputa. Entró en disputa con la puesta en vigencia de la Ley de Modernización Laboral (Ley 27.802), conocida como “la reforma laboral”.
Una reforma laboral que no resuelve la desigualdad sino que profundiza la explotación, y no reconoce el trabajo comunitario que es el que viene sosteniendo la vida en los barrios.
Que retira derechos al conjunto de la clase trabajadora y desarticula la organización colectiva.
Cuando hablamos del mundo del trabajo nos referimos a la organización social en un sentido amplio ya que involucra a todas las personas que trabajan, en empleos formales, o que realizan su actividad laboral dentro de la economía social, solidaria y popular, o que se encuentran por fuera del marco legal del trabajo.
Además, del trabajo remunerado, está el trabajo de cuidado que es imprescindible para la reproducción de la fuerza de trabajo y la organización social, y a pesar de su importancia no es remunerado, ni reconocido, y son las mujeres y diversidades quienes los llevan adelante.
Según el informe realizado en el año 2020 por la desarticulada Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género (Secretaría de Política Económica del Ministerio de Economía) el aporte del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado (TDCNR) al Producto Interno Bruto (PBI) es de 15,9%.
El trabajo de las mujeres y diversidades, ya sea remunerado como no remunerado, funciona como un amortiguador de las crisis y es que el sistema productivo sin el trabajo de cuidados no funciona.
Los trabajos de cuidados pueden ser autocuidado, cuidar directamente a otras personas, las tareas que hacemos para sostener los hogares, como también a las organizaciones sociales y a las instituciones, ya sea limpiar, cocinar, hacer las compras, acompañar a alguien en situaciones especiales o en tratamientos de salud. Actividades que no están contabilizadas en el PIB.

En tal sentido, la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo Indica que las Mujeres dedican 6,3hs al trabajo no remunerado, mientras que los Varones 3,4hs, lo que da un promedio 3hs diarias más de dedicación que las Mujeres le prestan al trabajo doméstico y a las tareas de cuidado, fuente: INDEC, Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT 2021).

Traer a escena la importancia del cuidado es considerarlo como una dimensión clave del bienestar social y reconocerlo como un trabajo que debe ser remunerado.
Entonces, cuando hablamos de trabajo, hablamos de todo lo que sostiene la vida, y gran parte de ese trabajo es realizado por mujeres y diversidades, muchas veces sin reconocimiento, sin derechos y sin descanso.
Además, en la organización social del cuidado no intervienen solamente las casas, sino que participan las organizaciones sociales y comunitarias, como también el Estado.
El Estado lo hace por medio del diseño, elaboración y aplicación de programas y políticas públicas, pero que en este contexto de crisis se retiró de estos espacios.
En todas sus formas el trabajo significa dignidad, y su representación está en disputa.
Hoy vemos como se precarizan derechos, como se desvaloriza el esfuerzo cotidiano, como se instala la idea de que el trabajo es un costo y no un derecho.
Tenemos presente que el trabajo no es solo una ecuación matemática, ni una fórmula de Excel para incrementar las ganancias, sino que el trabajo es vocación, es servicio, es expresión de humanidad, pero esa dignidad no se distribuye de manera igual.
Las mujeres lo sabemos en el cuerpo, cuando sostenemos dobles y triples jornadas: el trabajo remunerado, las tareas de cuidados y, en muchos casos, el trabajo comunitario.

Sumado a que hoy en día muchas veces con un solo trabajo remunerado ya no alcanza, los sueldos no valen nada, por lo que se necesita tener dos trabajos o a veces más, y a eso sumarle las horas dedicadas a los cuidados por parte de las mujeres.
Como dicen las compañeras de los barrios populares, “la triple jornada alcanza casi 14 horas diarias”. Ese dato es una radiografía de lo que estamos viviendo.
Aquí la perspectiva de género no es un agregado, es una forma de ver lo que siempre estuvo ahí.
Es por eso que, hablamos de mujer trabajadora porque en las últimas décadas quedaron en evidencia las desigualdades laborales que enfrentamos las mujeres la sobrecarga que implica las tareas de cuidado y el trabajo doméstico.
Si bien, la organización social del trabajo se construyó sobre una división sexual que asignó a los varones lo productivo y a las mujeres lo reproductivo, y esa división sigue siendo el pilar de muchas desigualdades.
Tal como se expresa en los indicadores publicados en la Encuesta Permanente de hogares (EPH) del INDEC, actualizados 3° Trimestre del año 2025:
Tasa de Actividad (Tasa que mide la población económicamente activa): Mujeres: 52.6% vs Varones: 70.1%
Tasa de Empleo (Tasa que mide la proporción de personas ocupadas con relación a la población total): Mujeres: 48.7% vs Varones: 66.0%
Tasa de Desocupación (Tasa que mide la proporción de personas que no tienen ocupación, están disponibles para trabajar y buscan empleo activamente): Mujeres: 7.4% vs Varones: 5.9%
Tasa de Subocupación (Tasa que mide a las personas ocupadas que trabajan menos de 35 horas semanales y están dispuestos a trabajar más horas): Mujeres 14.8% vs Varones: 9%.

Hoy, la situación actual sumergida en una crisis social y económica en la que vivimos, hace que tanto los varones como las mujeres tengan que ampliar sus horas de trabajo para poder subsistir
Entonces, defender la dignidad del trabajo implica reconocer esta realidad y transformarla. En el pasado fueron las movilizaciones junto con la articulación con otros movimientos sociales y políticos clave para la aprobación y promulgación de leyes que amplían los derechos de las mujeres y las diversidades, y ahora, en el presente, son necesarias para sostenerlas y defenderlas.
En paralelo, el sector informal cada vez es más grande dentro del mercado laboral lo que significa que esas personas trabajan para alguien, pero no tienen un recibo de sueldo, no tienen aportes jubilatorios, ni vacaciones, ni pago de aguinaldo, ni cobertura médica, ni derecho laboral alguno, entre muchos derechos que les son restringidos.

Luego, la incorporación de la tecnología al mundo del trabajo que está cambiando su forma de trabajar con aplicaciones, y con la inteligencia artificial.
Además, el trabajo de las plataformas donde se borran los límites conocidos de empleador, empleado y para reescribirlo bajo el lema “se tu propio jefe”, aparece la flexibilidad del tiempo de trabajo. Aunque suele ser engañosa porque muchas veces se terminan realizando jornadas de 12 horas, o trabajando los domingos, o feriados.

Sumado a que los ingresos no alcanzan, lo que genera que las personas tengan más de un trabajo. Lo ideal sería trabajar 8 horas y que los sueldos alcancen para vivir dignamente, pero no sucede.
Es en este escenario, que cada vez más adultos mayores de 65 años vuelvan a incorporarse al mercado de trabajo, y a la par, las y los jóvenes les cuesta cada vez más incorporarse al mundo laboral.

Este mundo laboral se desgrana de la siguiente manera:

Mundo del trabajo. Tasas por grupos de edad y s**o
Población de 14 años a 64 años. Total de aglomerados urbanos. 3er trimestre 2025 .Fuente: EPH - INDEC, actualizados 3° Trimestre del año 2025.
Jóvenes de 14 a 29 años
• Tasa de Actividad: Las mujeres alcanzan el 42% y los varones el 51.8%.
• Tasa de Empleo: Se registra un 36.6% en mujeres y un 45.8% en varones.
• Tasa de Desocupación: Afecta al 12.7% de las mujeres y al 11.7% de los varones.
• Tasa de Subocupación: Se ubica en 15.6% para las mujeres y 10.7% para los varones.

Adultos de 30 a 64 años
• Tasa de Actividad: Sube al 71.6% en mujeres y al 91.6% en varones.
• Tasa de Empleo: Llega al 67.3% para mujeres y al 87.9% para varones.
• Tasa de Desocupación: Baja al 6% en mujeres y al 4% en varones.
• Tasa de Subocupación: Ronda el 14.8% en mujeres y el 8.3% en varones.
Además, que el proceso de las nuevas tecnologías y de informalización generan una ruptura de derechos.
Estamos en un contexto de profundas desigualdades, pero también estamos en un momento donde las mujeres, las trabajadoras, las comunidades organizadas, son quienes están sosteniendo la vida, y eso tiene un valor político, ético y espiritual enorme.

Defender la dignidad del trabajo hoy es defender la dignidad de quienes sostienen la vida todos los días. Es reconocer que el trabajo no puede reducirse a una mercancía, que los cuidados no pueden seguir siendo invisibles, que la comunidad importa, y que la justicia social es un horizonte que se construye con fe, con organización y con solidaridad. Desde mi fe metodista, desde mi experiencia feminista y desde mi compromiso cooperativista, creo que ese es el camino que necesitamos fortalecer, es un camino donde el trabajo sea digno, la vida sea cuidada y la comunidad sea el lugar donde nos sostenemos mutuamente.
A su vez, el metodismo siempre entendió el trabajo como un acto de dignidad y de servicio. Como una forma de contribuir al bien común y, también, como una responsabilidad comunitaria ya que nadie trabaja solo, nadie se salva solo.
Por eso, defender los derechos laborales es defender la vida digna, es defender la posibilidad de que cada persona pueda desarrollar su vocación sin explotación, sin miedo y sin violencia.

Verónica de Luca, para CMEW

Fuentes: INDEC. Evolución de la distribución del ingreso (EPH) (3° trimestre - 2025). Disponible en:https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/ingresos3trim25A3FEE1BDDD.pdf
INDEC. Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2021. Disponible en:https://www.indec.gob.ar/ftp/cuadros/sociedad/enut_2021_resultados_definitivos.pdf
INDEC. Evolución de la distribución del ingreso (EPH) (3° trimestre - 2025). Disponible en:https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/ingresos3trim25A3FEE1BDDD.pdf
El Trabajo sobre los cuidados, (2020). Disponible en:https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/los_cuidados_-_un_sector_economico_estrategico_0.pdf

24/05/2026

EN ESTE NUEVO ANIVERSARIO del corazón ardiente de Juan Wesley y en el día de Pentecostés, recordamos esta oración :
«Niégame cuanto quieras: reputación, fortuna, amigos, salud, pero concédeme el nacer del Espíritu»
Juan Wesley, porción de Oración final de su Sermón «El nuevo nacimiento».

Para Juan Wesley el Espíritu Santo era la «partera» que nos hace renacer en Cristo, que nos despierta a una vida nueva, siguiéndolo a él.
En un nuevo aniversario del corazón ardiente de Aldersgate, somos llamado/as en este nuevo Pentecostés a renacer en Cristo por la fe. A vivir como personas y comunidades en estos tiempos de injusticias, en el fruto del Espíritu Santo: «amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio».

Gálatas 5.22-23.

Así sea.

21/05/2026

SEGUIMOS COMPARTIENDO LOS APORTES DEL CONVERSATORIO: Los desafíos del trabajo en perspectiva metodista.(que pueden ver en nuestro canal de youtube).En este caso el aporte de Pablo G. Oviedo.
Comienzo con la situación de una mujer de 29 años con tres hijas que vive en una villa de emergencia cercana a una de las iglesias que acompaño y que viene a nuestro comedor. Ella tiene que salir a buscar comida cada mañana con el texto bíblico de Josué 1:8-9 en su corazón y mente: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente, porque yo tu Señor y Dios estaré contigo donde quieras que vayas “. Ella era cartonera pero ya hay más cartoneros que cartones y no quiere vender droga ni trabajar para los narcos, entonces sale a buscar comida confiando en Dios, para que sus hijas coman dia a día y puedan seguir en la escuela. El padre de las hijas está padeciendo adicción a dr**as y ella como tantas mujeres, se hace cargo sola de sostener y cuidar a sus hijas. Como me dice mi compañera, que trabaja con mujeres en barrios populares: “hay una invisibilidad de los trabajos de cuidado y domésticos que realizan en su mayoría las mujeres de barrios pobres y en las clases medias”. Esto es un desafío urgente ya que es injusto y les impide vivir también sus propios proyectos vocacionales de vida.

Y lo conecto con el tema de clase social, porque según dice el teólogo metodista Joerg Rieger en su libro Teología en el Capitaloceno : “La estructura de clases del capitalismo, entendida en su forma más pura, es la división entre quienes tienen que trabajar para vivir y quienes viven del trabajo de quienes trabajan para vivir. Una sociedad capitalista se construye de tal manera” (ver porciones de su libro en https://www.religionandjustice.org/ , sitio de la Universidad metodista de Vanderbilt)

Trabajar para vivir y agrego: para sobrevivir. En este nuevo tiempo que vivimos de desigualdad extrema mundial y nacional, donde el 1% de los multimillonarios acumula más riqueza que el 95% de la población mundial ( liderados por 3 grandes gestoras de fondos de inversión, BlackRock, State Street y Vanguard) según Oxfam Intermon( verhttps://www.infobae.com/espana/2024/09/23/), somos llamado/as a recordar nuestra identidad cristiana y metodista en relación al trabajo, a nuestro lugar existencial de vida y el uso de las riquezas y el dinero.
En ese sentido Rieger afirma: “La explotación no es la excepción, sino la regla del capitalismo. No implica necesariamente condiciones laborales inhumanas o una remuneración baja. Explotar significa que, en una economía capitalista, los trabajadores reciben como salario solo una pequeña parte del valor que producen, ya que el resto se apropia privadamente.”. También afirma que la cuestión de las relaciones de clase son el punto de partida adecuado, ya que aborda los aspectos más importantes en el mundo del trabajo y en la vida actual.
Aquí retomo los aportes de Verónica De Luca como cooperativista y de Daniel Bruno desde la historia metodista- que me precedieron en el conversatorio- . Ellos pusieron este tema de la formación de la clase obrera como fundamental, en nuestra identidad metodista.
Seguramente nos preguntamos : ¿Cómo podemos abordar este tema de la clase social y obrera de manera efectiva? Nos topamos con dificultades para instalar este tema de discusión, por la fuerte actitud defensiva y los prejuicios de todas las partes en la sociedad y en las iglesias. No lo abordaremos aquí, pero queda planteado el desafío para más adelante.

Para Juan Wesley, las preocupaciones materiales de las personas eran tan importantes como sus necesidades “espirituales”. Eso lo vemos en sus escritos y en el ministerio del movimiento con los pobres, trabajadores, presos, niño/as de su época. Y no es novedad, ya que las necesidades materiales condicionan nuestra vida, nuestra manera de ver el mundo y de vivir. Además son objeto de gran interés en las religiones abrahámicas. Otra vez Rieger afirma en su libro : “ En la mayoría de las antiguas tradiciones judías, la idea de la salvación no se trata de ir al cielo después de la muerte, sino de llevar una vida feliz y productiva, y varias tradiciones cristianas se han inspirado en esto”.

Por ello afirmamos desde nuestra perspectiva cristiana y metodista que “Dios” no se encuentra solamente en las ideas, en las espiritualidades o en las iglesias, sino en el trabajo de cada persona y en la lucha diaria por la supervivencia. La pregunta entonces es: ¿cómo nos comprometemos para resistir al dios falso dinero- hoy llamado el mercado total- , que nos roba y destruye la vida en abundancia, que Jesús proclamó?
La convergencia de la crisis neoliberal en Argentina y la revolución de la inteligencia artificial que estamos atravesando, nos coloca en una posición de urgencia profética. El trabajo, lejos de ser una mercancía sujeta a la desregulación o un costo a ser optimizado por algoritmos, es el derecho sagrado de todo ser humano a participar en el sustento de la vida y el cuidado de la creación.
Como cristiano/as y metodistas somos llamado/as a ser "conciencia crítica" de la sociedad. Oponiéndonos a todo sistema basado en el egoísmo y la injusticia institucionalizada. Esto implica no solo denunciar la pérdida de derechos en toda reforma laboral que se proponga, sino también proponer marcos éticos claros, para que la transición digital sea inclusiva y no una herramienta de nuevo colonialismo y explotación.
En esa línea, Wesley en sus sermones sobre la mayordomía aclara que trabajar es un mandato y un derecho bíblico, pero con un sentido claro : para adorar a Dios y ser felices.
Según Wesley, la humanidad experimentó la «verdadera felicidad» en el Jardín del Edén antes de la caída. En un estado libre del pecado, la «felicidad en el amor de Dios» en todas sus formas «fluía naturalmente», incluyendo una profunda felicidad con la creación misma. Wesley afirma que la felicidad de Adán y Eva –que nos representan a todo/as en el relato- en el jardín «aumentó gracias a todo lo que lo rodeaba. Contempló, con un placer inefable, el orden, la belleza y la armonía de todas las criaturas; de toda la naturaleza animada e inanimada; la serenidad de los cielos; el sol brillando con esplendor; la dulce y variada vestidura de la tierra; los árboles, los frutos, las flores y el murmullo de los arroyos». En este estado, la ley divina, que expresa el carácter mismo de Dios, fue dada a la humanidad como condición para nuestra perseverancia en la santidad y la felicidad. Eso nos recuerda que muchos trabajadores de su tiempo migraban del campo a las fábricas de las ciudades y perdían la conexión con la tierra y sus familias. Así perdieron la felicidad y fue una de las razones del alcoholismo creciente, la anomia y el vacío existencial que sufrían.

En conclusión, la dignidad del trabajo hoy se defiende afirmando que el Reino o Misión de Dios- su proyecto de vida plena para toda su creación- es parte del renacer a la vida nueva en Cristo y está marcada por la justicia social y ecológica global. Como nos recuerdan los profetas del Antiguo Testamento, ella es la única base para una paz verdadera y duradera. Wesley se preocupó profundamente al ver al final de su vida que los metodistas «con pocas excepciones» se enriquecían y al mismo tiempo menguaban en gracia, a medida que aumentaba su riqueza. A aquellos metodistas, Wesley imploró:
“El Señor de todo… preguntará: ‘¿Cómo empleaste los bienes materiales que deposité en tus manos…? ¿De qué manera empleaste ese talento integral, el dinero?’ [Primero] satisfaciendo tus propias necesidades razonables, junto con las de tu familia; luego devolviéndome el resto, a través de los pobres, a quienes había designado para recibirlo”….: “¿Qué camino podemos tomar entonces… para que nuestro dinero no nos hunda en el más profundo in****no? Hay un camino, y no hay otro bajo el cielo. Si quienes ‘ganan todo lo que pueden’ y ‘ahorran todo lo que pueden’ también ‘dan todo lo que pueden’, entonces, cuanto más ganen, más crecerán en la gracia y más tesoros acumularán en el cielo”.( citado en Rueben P. Job, A Wesleyan Spiritual Reader, A.press, Nashville, 1998, p. 32, traducción propia)

En síntesis, para Juan Wesley -con las limitaciones de pensamiento de su tiempo- la medida de cualquier sistema económico y laboral no es la acumulación, sino que debe ser la justicia social, calidad y dignidad de vida que proporciona, permitiendo que todas las personas compartan el descanso y la recreación como parte de su destino común.
Pablo G. Oviedo para CMEW

15/05/2026

SEGUIMOS COMPARTIENDO LOS APORTES DEL CONVERSATORIO: Los desafíos del trabajo en perspectiva metodista.(que pueden ver en nuestro canal de youtube).En este caso, la II parte de DANIEL BRUNO : “Fe, clase trabajadora y transformación social”

III. El debate historiográfico en torno al rol de metodismo inglés en relación a su influencia con el movimiento obrero.

El historiador francés Élie Halévy sostuvo que el metodismo había evitado una revolución violenta en Inglaterra al canalizar el descontento popular hacia formas religiosas de disciplina moral y consuelo espiritual. Según su interpretación, el metodismo actuó como una “válvula de escape” que contribuyó a la estabilidad del sistema social inglés.
Por el contrario, E. P. Thompson propuso una visión diferente. En “The Making of the English Working Class” argumentó que el metodismo no solo disciplinó a los trabajadores, sino que también contribuyó decisivamente a la formación de su identidad colectiva. Las mismas herramientas utilizadas para fomentar la autodisciplina —educación, organización comunitaria y liderazgo laico— podían convertirse en instrumentos de conciencia y acción social.
Posteriormente, Bernard Semmel retomó y reformuló este debate en “The Methodist Revolution” (1973). Semmel mostró que el metodismo fue simultáneamente transformador y estabilizador: promovió alfabetización, organización popular y liderazgo social, pero al mismo tiempo contribuyó a estructurar moralmente a la sociedad industrial inglesa. Su gran aporte consistió en demostrar que el metodismo generó una auténtica “revolución moral y cultural” sin derivar necesariamente en una revolución política violenta.
Este debate historiográfico posee una enorme importancia para la comprensión histórica y teológica del metodismo. No se trata únicamente de una discusión académica acerca del pasado inglés del siglo XVIII y XIX, sino de una reflexión más profunda sobre la relación entre religión, transformación social y conflicto histórico. En otras palabras, la pregunta de fondo es qué papel cumplen los movimientos religiosos frente a las tensiones producidas por las desigualdades económicas y las crisis sociales.
La tesis de Halévy, la crítica de Thompson y la reformulación de Semmel obligan al metodismo a mirarse a sí mismo históricamente.
¿Fue el metodismo una fuerza de adaptación al capitalismo industrial emergente o una experiencia que otorgó herramientas de dignificación y organización a las clases trabajadoras? ¿La disciplina metodista promovía obediencia al sistema o generaba sujetos capaces de reclamar derechos y construir nuevas formas de participación social?
Estas preguntas continúan siendo relevantes porque atraviesan toda la historia posterior del metodismo y, en gran medida, del protestantismo social.
Desde el punto de vista académico, esta discusión permitió superar interpretaciones simplistas. El metodismo comenzó a ser estudiado no solamente como un fenómeno doctrinal o espiritual, sino también como una experiencia cultural, educativa y comunitaria. Los historiadores advirtieron que las “clases” metodistas, la predicación laica, la alfabetización bíblica y las redes de ayuda mutua funcionaban también como espacios de sociabilidad popular y formación de liderazgo entre sectores obreros y marginales.
Además, el debate abrió nuevas líneas de investigación sobre la relación entre religión y modernidad. El metodismo aparece, así como uno de los grandes laboratorios sociales de la Inglaterra industrial: un movimiento capaz de producir simultáneamente orden moral y democratización cultural.
Para el propio metodismo contemporáneo, este debate sigue planteando interrogantes fundamentales. ¿Cuál debe ser hoy la relación entre fe y justicia social? ¿Cómo acompañar los nuevos mundos del trabajo atravesados por la precarización, la exclusión y la fragmentación comunitaria? ¿La iglesia debe limitarse al acompañamiento espiritual de las personas o asumir también una voz crítica frente a las estructuras sociales injustas?
En definitiva, la discusión historiográfica sobre el metodismo continúa interpelando al presente, porque remite a una cuestión siempre abierta: de qué manera una experiencia religiosa puede contribuir a la construcción de una sociedad más humana, más solidaria y más justa

IV. El metodismo y el movimiento obrero en los Estados Unidos

A fines del siglo XIX y comienzos del XX, el metodismo encontró un nuevo escenario en los Estados Unidos. La rápida industrialización, la inmigración masiva y el crecimiento de la pobreza urbana impulsaron nuevas formas de compromiso social cristiano. En este contexto surgió el movimiento del Evangelio Social, profundamente influyente en numerosos sectores metodistas.
Una figura central de este período fue Walter Rauschenbusch, quien sostuvo que el Evangelio no podía limitarse a la salvación individual, sino que debía orientarse también hacia la transformación de las estructuras sociales injustas. Inspirados por esta visión, numerosos metodistas participaron en programas educativos, centros comunitarios, atención sanitaria y luchas por mejores condiciones laborales.
Las iglesias urbanas comenzaron a funcionar como verdaderos espacios de intervención social. El metodismo dejó de ser únicamente un movimiento religioso de base para convertirse también en un actor institucional comprometido con la reforma de la sociedad industrial moderna.
En este marco resulta significativa la experiencia del pastor metodista Samuel Fielden, uno de los llamados “Mártires de Chicago” tras los acontecimientos de Haymarket en 1886. Su participación evidencia la complejidad de las relaciones entre metodismo, movimiento obrero y luchas laborales en los Estados Unidos.
Uno de los documentos más importantes de esta etapa fue el Credo Social metodista de 1908, aprobado por la Iglesia Metodista Episcopal. Allí la iglesia se pronunció a favor de la justicia social, la abolición del trabajo infantil, la protección de los trabajadores, el descanso semanal, salarios dignos y una distribución más equitativa de la riqueza. El documento expresaba claramente que la fe cristiana debía involucrarse activamente en los problemas sociales y laborales de su tiempo.

El recorrido histórico permite advertir que la originalidad del metodismo radicó en haber reconstruido comunidades allí donde la industrialización producía fragmentación y anonimato. El metodismo dio voz, dignidad y organización a sectores populares desplazados por las transformaciones económicas de la modernidad. Enseñó a leer, a hablar, a organizarse y a asumir responsabilidades comunitarias. En muchos casos, preparó indirectamente a la clase trabajadora para convertirse en sujeto activo de transformación social.

Hoy, el desafío permanece abierto. En un mundo contemporáneo marcado por nuevas formas de precarización laboral, exclusión social y fragmentación comunitaria, la experiencia metodista continúa interpelando a las iglesias y a la sociedad. La pregunta ya no es solamente qué hizo el metodismo en el pasado, sino qué formas de comunidad, dignidad y justicia pueden construirse hoy frente a las nuevas realidades del trabajo humano.
Daniel Bruno para CMEW.

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