08/05/2016
¿Drogas “buenas” o “blandas” con control de calidad...?
Hemos escuchado en estos días a quienes dicen que si las dr**as tuvieran control de calidad serían menos perjudiciales. Y postulan algo así como un control de calidad “al paso” para “mitigar” el daño de quienes se drogarán igual.
Quienes esto dicen, desde ya, no piensan en las barriadas pobres, en las cuales hacen estragos el paco, el alcohol y la aspiración de poxiran, ya que sería un despropósito, por ejemplo, pensar en que el paco, verdadero desecho de la producción de co***na, pueda ser “mejorado”. De la misma manera para el alcohol o el Poxiran (que es un pegamento). Tampoco en las dr**as sintéticas, en las cuales se experimentan las nuevas que surgen, con los mismos consumidores y examinando “empíricamente”, sus efectos.
¿Qué les propondríamos a los consumidores de paco? ¿Qué cambien de droga por una más cara y segura? ¿Les propondríamos que tomen “de la buena”?.
Como esos consumidores pobres no tienen dinero suficiente ¿les daríamos un subsidio para “la droga buena o la droga blanda”?. ¿No sería más justo tener planes de recuperación basados en la posibilidad del trabajo y el estudio, en una vida digna, con todo lo que ello implica, y en su recuperación facilitando el despliegue de las capacidades transformadoras que todos los sujetos tienen?. ¿No sería mejor trabajar para darles un futuro y que “quieran” la vida?
Cuando debiéramos estar trabajando para prevenir y curar el tabaquismo y el alcoholismo ¿introduciríamos un nuevo problema con la ma*****na, considerada blanda aunque es la puerta de entrada a las otras?. ¿Abriríamos, entonces, el camino de la reconversión de la industria del tabaco en industria de la ma*****na, como se indicó más arriba?.
En el caso de la ma*****na, por ser una sustancia de largo uso en diferentes culturas y sitios del mundo, su consumo ha sido aceptado en muchos países, dada la creencia de que, al ser un producto de origen natural, produce menos efectos nocivos, al compararla con otras dr**as de abuso y el alcohol; sin embargo, esta falsa creencia ha convertido a este compuesto en una droga de inicio o la puerta de entrada al problema de la polifarmacodependencia. No es el lugar de analizar sus efectos pero múltiples trabajos científicos indican perjuicios síquicos diversos derivados de su uso. El descubrimiento del llamado sistema canabinoide endógeno ha abierto su estudio con fines terapéuticos pero también para el conocimiento de sus efectos tóxicos variados, dependiendo de la persona, su dosis y el tiempo de exposición. Se está generando una falsa discusión porque su uso terapéutico no habilita a decir que “no hace nada”. Se han mencionado más arriba los casos de sustancias legales para usos específicos que sin embargo son perjudiciales si se las usa como droga “de recreación”. Este eufemismo “sustancia recreativa” denota la intención de hacer pasar la idea de su inocuidad general y la posibilidad de su venta libre para “diversión”.
El Dr. Damin, Jefe de Toxicoilogía del Hospital Fernández sostiene al respecto: “El uso de ma*****na por vía inhalatoria (fumada) provoca una irritación de toda la vía aérea superior y de los pulmones con riesgo de producir cáncer de labio, laringe, tráquea y pulmón, aunque en el largo plazo. Además, produce alteraciones endócrinas que podrían llevar a la esterilidad secundaria. A nivel neurológico, produce una estimulación del apetito y alteración de la personalidad que se traduce en hilaridad y depresión con euforia. Tiene una clara acción en algunos centros cerebrales. En la esfera psíquica produce el llamado "síndrome amotivacional", fundamentalmente en los adolescentes, que se evidencia en la falta de iniciativa y "desgano" para realizar cualquier tipo de actividad organizada socialmente.”
Tal vez los que proponen esta solución de las dr**as buenas, blandas o controladas piensen como en el (negado por su autora) Twitter de la Vicepresidente Michetti: “El narcotráfico se lleva a nuestros jóvenes sin distinción. Jóvenes pobres que se drogan y jóvenes ricos que tienen excesos”.
Es decir, ¿debemos interpretar que sería una solución (de mitigación parcial) para los que tienen “excesos” no para los pobres que se drogan...?
Pero supongamos, por un momento, que el control de calidad de las dr**as se realizara. En ese caso: ¿cómo se haría?. ¿Los consumidores vendrían con una pastillita en la entrada del boliche para que sea testeada?.
Imaginemos una cola con miles de personas esperando “el resultado de su pastillita”. Para eso tendrían que comprar dos. Una para la prueba y otra para consumir. Doble negocio para los traficantes.
Se ha escuchado por TV que en Noruega se haría algo así, con un equipamiento para hacer tal determinación. No me consta. Lo que si me consta es que en Argentina los organismos de control de medicamentos no tienen tal tecnología y que trabajan, a duras p***s, con una crónica falta de insumos, de presupuesto, de aparatología y de personal. También me consta que los hospitales carecen de lo mismo: personal, presupuesto e insumos. Esto es así porque somos un país dependiente, indefenso, pobre, esquilmado por cuanta potencia se precie de tal.
Lo anterior, en realidad, esconde un debate en salud pública sobre el objetivo final de los programas de salud: ¿Erradicar la drogadicción o mitigar sus efectos ya que erradicar la drogadicción se considera imposible?
Fragmento de artículo publicado por el Dr. Horacio Micucci.