24/07/2026
Muy pocas personas alcanzan un prestigio tan amplio como para ser identificadas con la sola mención de su nombre de pila. Ramón fue una de ellas. Para cualquier historiador de la arquitectura, decir Ramón basta no solo para identificarlo, sino que esa mención viene siempre acompañada de palabras de respeto, admiración y cariño.
Por eso no tiene sentido pretender resumir aquí sus invaluables méritos profesionales, ni tampoco es necesario.
La pena que hoy nos embarga solo encuentra consuelo al recordar que pudimos contarle sobre el Doctorado Honoris Causa que nuestra Universidad les otorgó hace muy poco a él y a Graciela, y ver cuán feliz estaba con esta distinción de la Facultad en la que se formó.
Acompañamos a la familia, y especialmente a Graciela, en su dolor. Lo recordaremos siempre como lo que es: el gran maestro de nuestra disciplina en este continente.
Fernando Luis Martínez Nespral
Director IAA-FADU-UBA
Ramón Gutiérrez y el final de una época
Ayer falleció Ramón Gutiérrez. Con él terminó una época de la historia de la arquitectura argentina e iberoamericana. Sería imposible resumir en unas pocas palabras su trabajo y su legado. Sin embargo quiero hacer notar un solo aspecto. La capacidad que tuvo de generar espacios para que los jóvenes comencemos una carrera como investigador e historiador de la arquitectura, la ciudad o el arte.
Si Mario José Buschiazzo fue el fundador de un campo en nuestro país, la generación de Ramón fue la primera en organizarlo. Marina Waisman, Alberto Nicolini, Jorge Enrique Hardoy, Alberto De Paula y por supuesto su esposa Graciela Viñuales y algunos otros buscaron recorrer un camino para dar a conocer obras y autores que las historiografías de su época simplemente descartaban. La discusión y a veces la polémica formaron parte de todo este proceso. Lejos de eludirlas, las asumió como quien comprende un mecanismo inevitable de la construcción del conocimiento.
Nacido en Buenos Aires en 1939, Ramón egresó como arquitecto de la universidad de la capital argentina en 1963. A lo largo de su vida recibió una enorme cantidad de premios y distinciones. Su alma mater, la Universidad de Buenos Aires, lo distinguió hace poco más de un mes con el mayor de los homenajes: el Doctorado Honoris Causa que singularmente también recibirá su esposa.
Su dedicación se extendió por más de sesenta años y produjo más de trescientos artículos publicados y ciento noventa y ocho libros y folletos, cifra que tranquilamente puede ser muy superior según la fuente que se consulte. Después de la nefasta noche del 29 de julio de 1966 fue expulsado de la universidad y de su ciudad en una de las tantas tragedias argentinas Fundó y dirigió la revista Documentos de Arquitectura Nacional y Americana (DANA). Allá, en Resistencia, ciudad que apropiadamente nombraba una actitud ante la vida, recreó el lugar de trabajo y amplificación de sus pasiones y generó al mismo tiempo el espacio para que ilustres desconocidos publicaran algo por primera vez, con el miedo y el orgullo por partes iguales. Muchos años después, de regreso, creó el Centro de Documentación de Arquitectura Latinoamericana, CEDODAL, que convirtió en referencia obligada para el estudio y la difusión de la arquitectura y el urbanismo del continente.
Fue investigador superior del CONICET, consultor de la UNESCO en temas de patrimonio cultural latinoamericano, académico de número de las Academias Nacionales de la Historia y de Bellas Artes, y miembro correspondiente de las academias homólogas de España. Dio clases y conferencias en universidades de la Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay, Ecuador, Bolivia, Perú, Venezuela, Colombia, Brasil, México, Estados Unidos, España e Italia, y recibió doctorados honoris causa de distintas casas de altos estudios, entre ellas la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, donde además impulsó el doctorado en Historia del Arte y Gestión Cultural del Mundo Hispánico.
Con su desaparición no se cierra un capítulo más, termina una manera de entender la historia de la arquitectura como tarea colectiva, generosa y sin fronteras nacionales. Quienes tuvimos la fortuna de encontrar en ese espacio un lugar donde empezar, le debemos hoy este reconocimiento.
Horacio Caride Bartrons.
Vicedirector IAA-FADU-UBA