05/01/2023
Captar "lo esencial" implica el desarrollo de una sensibilidad extrema, capaz de discernir entre los más sutiles matices y diferencias. Permite distinguir las repeticiones de la multiplicidad, pero sin dejar de resonar con ellas porque la conciencia no se ha disociado de las mis más. Psicológicamente, sin embargo -es decir, en el nivel del yo separado-la esencia se convierte para nosotros en abstracción; es considerada como el resultado de una toma de distancia de la experiencia y la respuesta al anhelo de permanecer "más allá" de lo múltiple y relativo. Así es como la cualidad esencializada de Capricornio suele ser interpretada rígidamente por el nivel psicológico, reflejándose ello en una fuerte tendencia a excluir todo lo que parezca contradictorio.
Sin embargo, la percepción de la ley o esencia es en realidad sólo la profundización natural de la síntesis alcanzada en el signo precedente.
Nuestra captación de lo esencial reduce dimensiones de la realidad para hacerse "objetiva" y por ello se nos hace difícil imaginarla como un hecho vívido. Nos cuesta asociar la capacidad de conexión con formas sutiles, con la conservación de toda la carga vibratoria que la existencia implica; o sea, no la concebimos más que como una mera abstracción mental.
Impulso vital y legalidad se nos aparecen habitualmente como términos contradictorios e incluso irreconciliables. Solemos entender la ley como algo que desvía o impide el libre fluir del impulso, el cual debe aprender a refrenarse y obedecer las restricciones que aquella le impone. Sea que la entendamos como resultado de un acuerdo social, imposición de alguna autoridad -humana o divina-, simple registro de lo inevitable o captación "objetiva" de un orden universal, la ley aparece como un factor externo al deseo, como si la legalidad de la vida fuera una dimensión separada de su pulso básico. Consideramos habitualmente el impulso como interior y subjetivo y la ley como exterior y objetiva. Pero es evidente que si esta relación queda así definida, se postula una distancia insalvable entre sus términos, que nos obligará a buscar alguna adecuación o compromiso en el cual uno de los polos deberá ceder ante el otro.