Pedro Delheye

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Página de Pedro Delheye

17/02/2024

Perdón que no contesto los mensajes de mi no cumpleaños. Ya arregle el Facebook y puse la fecha exacta:16 de enero. Gracias igual pero si sigo así llego a los 70 en diciembre

17/02/2024

Ayer me robaron el celular, ya recupere la línea. No se porque razón se desconfiguró el Facebook y aparece hoy como mi cumpleaños. Mi cumpleaños fue el 16 de enero.

17/02/2024

amigos, amigas, no tengo cel por un par de días. Si se quieren comunicar conmigo manden un mensaje por aca o por instagram

15/02/2024

Comparto aquí la carta que le envió al general Uriburu desde la cárcel, Salvadora Medina Onrubia, periodista, escritora, poeta, directora del diario Crítica, ejemplo de valentía y dignidad.Para los y las platenses, Salvadora nació en nuestra Ciudad en 1895. En nuestro país las mujeres siempre se han enfrentado al poder tiránico. Fuerza Lali.

Señor general Uriburu, yo sé sufrir. Sé sufrir con serenidad y con inteligencia. Y desde ya lo autorizo que se ensañe conmigo si eso le hace sentirse más general y más presidente. Entre todas esas cosas defectuosas y subversivas en que yo creo, hay una que se llama karma, no es un explosivo, es una ley cíclica. Esta creencia me hace ver el momento por que pasa mi país como una cosa inevitable, fatal, pero necesaria para despertar en los argentinos un sentido de moral cívica dormido en ellos. Y en cuanto a mi encierro: es una prueba espiritual más y no la más dura de las que mi destino es una larga cadena. Soporto con todo mi valor la mayor injuria y la mayor vergüenza con que puede azotarse a una mujer pura y me siento por ello como ennoblecida y dignificada. Soy, en este momento, como un símbolo de mi Patria. Soy en mi carne la Argentina misma, y los pueblos no piden magnanimidad.

En este innoble rincón donde su fantasía conspiradora me ha encerrado, me siento más grande y más fuerte que Ud., que desde la silla donde los grandes hombres gestaron la Nación, dedica sus heroicas energías de militar argentino a asolar hogares respetables y a denigrar e infamar una mujer ante los ojos de sus hijos … y eso que tengo la vaga sospecha de que Ud. debió salir de algún hogar y debió también tener una madre.

Pero yo sé bien que ante los verdaderos hombres y ante todos los seres dignos de mi país y del mundo, en este inverosímil asunto de los dos, el degradado y envilecido es Ud. y que usted, por enceguecido que esté, debe saber eso tan bien como yo.

General Uriburu, guárdese sus magnanimidades junto a sus iras y sienta como, desde este rincón de miseria, le cruzo la cara con todo mi desprecio.-

Salvadora Medina Onrubia
Cárcel del Buen Pastor, julio 5 de 1931

18/01/2024

Aunque sea de una forma no deseada, Argentina acaba de poner sobre la mesa en Davos el tema de la salud mental.

Photos from Pedro Delheye's post 15/01/2024

Siempre es un placer ir a la Casa sobre el arroyo, obra insigne de la Arquitectura Moderna, MHN diseñada por Delfina Bunge y Amancio Williams. En esta oportunidad como Vocal
Secretario de la Comisión Nacional de Monumentos, junto a técnicos profesionales y responsables de la Municipalidad de MDQ, del , de la Facultad de Arquitectura de la UNMdP, de y del Ministerio de Obras de Nación, para ver cómo avanzan las últimas reparaciones y detalles de terminación para la entrega definitiva por la empresa contratista. Gracias por las explicaciones sobre la obra.

12/01/2024

📣 Los Museos Nacionales cierran el fin de semana ⚠️

Lamentamos comunicar que los Museos Nacionales estarán cerrados los días sábado 13 y domingo 14 de enero, como consecuencia de la decisión de la Jefatura de Gabinete de Ministros de suspender los servicios extraordinarios. Esta medida no permite la realización de tareas fuera del horario administrativo, afectando a los trabajadores y trabajadoras, e impidiendo la atención al público.

Sabemos que en las vacaciones, miles de personas visitan los Museos Nacionales durante los fines de semana. Esperamos que esto pronto se resuelva y podamos seguir encontrándonos para disfrutar de exposiciones y actividades gratuitas 🤗

Museo Nacional de Bellas Artes, Museo Histórico Nacional del Cabildo de Buenos Aires y la Revolución de Mayo, Casa Histórica Museo Nacional de la Independencia, Complejo Histórico Manzana de las Luces, Museo Jesuítico Nacional Estancia de Jesús María, Posta de Sinsacate, Museo Regional de Pintura José Antonio Terry, Museo de la Estancia Jesuítica de Alta Gracia y Casa del Virrey Liniers, Museo Histórico del Norte, Museo Uriburu, Posta de Yatasto, Museo Histórico Sarmiento, Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur, Museo Mitre, Museo Roca - Instituto de Investigaciones Históricas, Museo y Biblioteca Casa Natal de Sarmiento, Palacio San José - Museo y Monumento Histórico Nacional Justo José de Urquiza, Museo y Biblioteca Casa del Acuerdo de San Nicolás, Museo de la Historia del Traje, Museo Nacional de Arte Decorativo, Museo Nacional de Arte Oriental, Museo Nacional del Grabado, Palais de Glace - Palacio Nacional de las Artes, Casa Nacional del Bicentenario, Museo Casa de Ricardo Rojas, Museo Casa de Yrurtia, Museo Histórico Nacional.

11/01/2024

Ver a Graciela Borges y su espectáculo Alquimia es un espacio del Estado provincial como es el Teatro Auditorium de Mar del Plata es realmente único y hermoso. Ella es hermosa. Es la representación de nuestro cine, de nuestro arte, es Alfredo Alcón, es Leonardo Favio, es Leopoldo Torre Nilson, es Lucrecia Martel. Representa la síntesis perfecta de tantos actores y actrices y de tantas películas que amamos y que son parte de nuestros recuerdos, de nuestra identidad. En este momento que nuestras instituciones culturales están en peligro, que el teatro, el cine y las artes pueden desaparecer ante la perdida del apoyo oficial, es cuando debemos reflexionar sobre cuánto le debemos a nuestros artistas. Gracias por está posibilidad y por esta foto.

03/12/2023

Comparto aquí la carta que le envió al general Uriburu desde la cárcel, Salvadora Medina Onrubia, periodista, escritora, poeta, directora del diario Crítica, ejemplo de valentía y dignidad.Para los y las platenses, Salvadora nació en nuestra Ciudad en 1895. ¿Sabías Ezequiel Aldazábal y Guido Schiano Di Schecaro ?

Señor general Uriburu, yo sé sufrir. Sé sufrir con serenidad y con inteligencia. Y desde ya lo autorizo que se ensañe conmigo si eso le hace sentirse más general y más presidente. Entre todas esas cosas defectuosas y subversivas en que yo creo, hay una que se llama karma, no es un explosivo, es una ley cíclica. Esta creencia me hace ver el momento por que pasa mi país como una cosa inevitable, fatal, pero necesaria para despertar en los argentinos un sentido de moral cívica dormido en ellos. Y en cuanto a mi encierro: es una prueba espiritual más y no la más dura de las que mi destino es una larga cadena. Soporto con todo mi valor la mayor injuria y la mayor vergüenza con que puede azotarse a una mujer pura y me siento por ello como ennoblecida y dignificada. Soy, en este momento, como un símbolo de mi Patria. Soy en mi carne la Argentina misma, y los pueblos no piden magnanimidad.

En este innoble rincón donde su fantasía conspiradora me ha encerrado, me siento más grande y más fuerte que Ud., que desde la silla donde los grandes hombres gestaron la Nación, dedica sus heroicas energías de militar argentino a asolar hogares respetables y a denigrar e infamar una mujer ante los ojos de sus hijos … y eso que tengo la vaga sospecha de que Ud. debió salir de algún hogar y debió también tener una madre.

Pero yo sé bien que ante los verdaderos hombres y ante todos los seres dignos de mi país y del mundo, en este inverosímil asunto de los dos, el degradado y envilecido es Ud. y que usted, por enceguecido que esté, debe saber eso tan bien como yo.

General Uriburu, guárdese sus magnanimidades junto a sus iras y sienta como, desde este rincón de miseria, le cruzo la cara con todo mi desprecio.-

Salvadora Medina Onrubia
Cárcel del Buen Pastor, julio 5 de 1931

23/10/2023

Es angustiante ver tantos mensajes y posteos en redes cargados de odio, de racismo, de clasismo, dirigidos a las/los votantes que eligieron la fórmula Massa Rossi o Axel Magario. La derecha siempre se autopercibe como poseedora de una verdad y de un saber que nadie les reconoce.

20/10/2023

"Todo cuando se extiende en línea recta miente (...) Toda verdad es curva, y el tiempo es un círculo" Nietzsche, Así habló Zarathustra.

12/10/2023

Milagro

Analfabeta, sordomuda, poco más que una niña, Oo nunca había creído que entre ella y los cientos de cráneos que tapizaban, enfilados sobre altísimas estanterías, las paredes del sótano que estaba encargada de limpiar, hubiera parentesco o parecido alguno; ni siquiera los números que lucían las calaveras y los que ostentaba su propio guardapolvo -aquellos en rojo, sobre la comba de los huesos frontales, y estos en hilo negro, bordados sobre la suave loma de los senos recién crecidos-. Después de todo, también había números sobre el pecho de los demás empleados del Museo de La Plata, y sobre cada uno de los fósiles en exposición, y sobre los restos de antiguos templos y los ríos de cartón con pájaros embalsamados en la orilla; y aun allá afuera, en el Bosque de la Ciencia, tenían número las jaulas del zoológico, y los telescopios del Observatorio Astronómico, y más allá las calles de esa ciudad geométrica tenían también número, y acaso también lo tuvieran las tumbas del cementerio en el que ella, obviamente, carecía de razones para entrar.

Y eso, ¿de qué le servía? Desde que sus padres habían mu**to en el mismo Museo, demasiado tempranamente para que ella los recordase, Oo se había sentido invariablemente sola, o no, no, mucho peor que cualquiera que esté solo: porque un solitario tiene al menos el consuelo de saberse un eslabón, y ella, a lo sumo, se hubiera dicho el primer eslabón de una cadena que Dios había iniciado y se olvidó de continuar. Los visitantes y los naturalistas que la veían pasar velozmente escaleras arriba, rumbo al cuartito de la terraza en donde le habían permitido vivir entre escobas y baúles, solían decirse que nunca habían visto a nadie más parecido a una india pura, y que, por lo tanto, no podían imaginar nadie más digno de vivir aquí. Pero Oo hubiera huido de igual modo de los "indios puros", como un pájaro que buscara refugio en una tormenta, una tormenta ya tan larga como su propia memoria. Y es cierto que al amanecer solían descubrirla mirando fijamente una vitrina, como tantas de las mucamas jovencitas que se arreglaban mirándose cada tanto en los reflejos; pero Oo miraba más adentro que cualquiera, miraba un caracol de millones de años seccionado al medio, en una de cuyas celdas había hallado refugio un parásito fósil; ignorante de la antigüedad de aquella pieza, Oo creía quizás que esa co**ha con sus celdas adosándose en espiral era la maqueta del propio Museo, y que ese parásito en que nadie reparaba era su retrato o su símbolo: la única certeza de que alguien había deseado su presencia en el mundo.

Hasta que una mañana de lluvia, mientras Oo, cumplidas ya sus pocas tareas, dormitaba en el sótano con el mentón apoyado en el mango del lampazo, la figura iracunda del Perito había aparecido en la entrada y había gritado un número -un número que ella no pudo oír pero cuya existencia intuyó enseguida, porque tan pronto el viejo encendió la luz comenzó a buscarlo en la frente de las calaveras-. Oo, perpleja, no atinó a hacer nada. Pero él, después de unos minutos de impaciencia, cuando por fin comprendió que Oo no podía oírlo y que no sabía quizás reconocer las cifras, le ordenó fastidiado que sostuviera una bolsa de arpillera y se subió a la escalera rodante, a rebuscar en los estantes más altos y entre los cráneos más viejos. Tampoco a él las calaveras parecían mirarlo, reflexionó Oo, pero en la calva, en el brillo de su transpiración de viejo obeso, había a la vez un parecido y una superioridad con los mu**tos, como si fuera el Dios que un día los había sacado de la nada y les había impuesto, sí, a cada uno su número. Por lo demás, el Perito manipulaba huesos con una familiaridad que ninguna mucama se permitía, como si ellos mismos fueran otros sirvientes, y Oo ya hubiera podido sacar alguna conclusión de esta nueva correspondencia: pero estaba demasiado abrumada por cumplir bien su tarea, y todavía tuvo que pasar un largo rato hasta el momento de la comprensión. Por fin, el viejo gritó allá arriba algo como un ¡Eureka!, rescató entre telarañas una calavera pequeña y amarronada, se la mostró como si ella pudiera entender algo y haciéndole un gesto para que la atajara la lanzó, como una catapulta, al fondo de la bolsa. "¡Calfucurá!", gritó, exagerando las vocales como para que ella comprendiera. "¡Calfucurá!" Y alegre como un chico, pero agotado como un anciano que era, le indicó que lo siguiera portando la bolsa con el cráneo. Y ella la cargó dejando que le golpeara el vientre a cada paso, inquieta como si hubiese quedado fecundada por su propia obsesión.

"¿Calfucurá?", se preguntaba Oo, "¿y ése quién sería?". Pero en verdad su vida, dispersa y oscura como era, empezó a iluminarse y a reunirse cuando llegaron al vestíbulo del Museo y ella comprobó que el destinatario de aquella calavera era un niño debilísimo al que escoltaban de dos curas, tan consumido el pobre que se notaba la silueta de los huesos bajo el rostro lívido. "Mira lo que te trae tu hermana", pareció decirle uno de los curas señalándola a Oo, que todavía no abrió la bolsa, y se dice que Ceferino Namuncurá, al mirarse en los ojos de la chica, pareció reconocerla o confundirla con alguna de las indias que había dejado allá en la Patagonia. Pero ella, aunque temblara por la certeza de que algo importante pasaría, todavía lo juzgaba tan diferente de sí como cualquier niño de escuela, y sólo cuando por timidez desvió la vista y miró por costumbre la vitrina del caracol y reflejados en su cristal los vio a los dos, Oo y Ceferino, temerosos e idénticos, recordó aquella palabra, hermana; y de inmediato, cuando el Perito Moreno le arrebató la bolsa y le dio al niño la calavera y él, después de un largo rato de incredulidad, pareció a punto de desmayarse, por fin ella comprendió.

Aclaremos: es imposible que haya comprendido que ese cráneo era el del mismísimo Cacique Calfucurá, abuelo del niño, y primo hermano y antiguo jefe de Inacayal, el padre de Oo, que había sido traído a este museo a ser expuesto por su "perfección anatómica" y que aquí había mu**to "de locura y furias malas". Lo que entendió Oo era algo mucho más importante, algo tan antiguo que no podemos esbozar aquí sino contando lo que resta de esta historia, pero algo tan fuerte, sí, que cuando volvió avergonzada dentro del sótano, de pronto le pareció que todas las calaveras la miraban diciéndole "hija mía".

Dicen que Oo ya casi no volvió a su cueva en lo alto del Museo: cada vez más liberada de sus terrores, cada vez más eficiente en sus tareas y orgullosa de sí, con ese orgullo sin petulancia ni satisfacción de quien conoce su lugar en el mundo, en cuanto podía huía del Museo y del Bosque y de la Ciudad Geométrica hacia el campo raso y más allá, hacia el borde del río, un río tan ancho que no podía verse la otra orilla, y por donde sabía que un barco había llevado a su hermano indio. Y aunque sería bueno asegurar que Oo había quedado enamorada de él y que estaba allí esperándolo, como pensaban los marineros que veían a tantas otras mujeres mirando fijamente el horizonte de agua, la realidad es que Oo sólo quería ver, como esos malones que integraban Calfucurá y su padre y que no había visto nunca, la sucesión natural de las bandadas y de las nubes, y de los camalotes pasando largamente rumbo a la desembocadura, y de los peces que nadaban entre sus pies hundidos y de las olas que arrojaban periódicamente caracoles abigarrados y parásitos tan vivos como ella misma en el corazón del mundo y del Misterio.

Oo nunca aprendió a leer ni a descifrar los números, es cierto, pero ¿quién de los muchos que la contemplaban, como a un ídolo, desde los botes y las tabernas costeras, podía decir que ahora no estaba leyendo, así, en el Libro de Dios, como leen los sabios leen en sus confusos museos? ¿Quién podía decir que no se sentía ya ella misma un eslabón más, como los otros, siempre enfrentada al Silencio, siempre gozosa de él, en la larga cadena de las generaciones? Porque alababa al Orden y en él alababa a Dios, agradeciendo esa forma, más esencial y más profunda, de la memoria humana.

Esta no es la historia de Oo, sino la historia de Ceferino. Pero si acaso tuviéramos, como los viejos hagiógrafos, que ponerle ahora un título, tanto en la historia de ella como la de él la llamaríamos con un mismo nombre: el milagro primero.

Leopoldo Brizuela 2002

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