07/01/2024
En nuestra sociedad cada vez más secular, los discursos políticos son cada vez más religiosos, con tintes mesiánicos y escatológicos. Los políticos han pasado de ser servidores públicos, representantes del pueblo a ser personajes mesiánicos, elegidos democráticamente para traer paz y salvación al pueblo.
Este discurso no suele desentonar tanto en el oído evangélico porque profesamos nuestra necesidad de salvación y esperamos que esa ayuda venga de afuera. Sin embargo, esta salvación que tanto necesitamos, vendrá del cielo y no de ningún partido político.
El Evangelio nos revela que el reinado de Dios se manifiesta de dos maneras: 1. desde el cielo, Jesús en su ministerio y en su pasión inaugura el reino en la tierra y 2. desde abajo, a través de la fe y el servicio de los pobres de Jesucristo.
Nuestros políticos, lamentablemente, no son agentes del reinado de Dios. No podrán imponer ni construir el cielo en la tierra. Son y serán siempre incapaces de imponer la utopía que prometen cada cuatro años. No podrán cumplir sus promesas escatológicas.
¿Nos quedamos, entonces, con los brazos cruzados? ¡De ninguna manera! Vamos a entregar nuestros votos a los mejores políticos que se postulen, pero ¡no seamos ingenuos pensando que esta vez, por fin, hayamos elegido el ungido por Dios! Entreguemos nuestros votos a los políticos y nuestras vidas enteramente al reinado de Dios.