24/03/2023
En la etapa final de su viaje hacia los confines del mundo conocido, Ulises y sus hombres recalan en las tierras de Circe. Tras una serie de encantamientos y peripecias, la diosa deja ir al héroe, no sin antes advertirle de los peligros que tendrá en su regreso a Ítaca.
El canto XII de la Odisea el relato de Homero, se centra en la Isla de las Sirenas. Esas que "encantan a cuantos hombres se acercan". "Quién se detenga a escuchar no podrá festejar el regreso al hogar". Por ello Circe le ruega a Ulises: "Pasa sin detenerte, después de taponar con cera las orejas de tus compañeros. Y recuerda que tú sólo podrás oirlas, si quieres, pero con los pies y las manos atados y amarrados al mástil para saborear el placer de oír su canto."
Las sirenas griegas eran genios híbridos, con rostro de mujer y cuerpo de ave, a diferencia de las sirenas pintadas en los códices medievales, con cuerpo de pez. Se caracterizaban por la dulzura y musicalidad de su voz. Homero cuenta que, gracias a este don, atraían a los marineros quienes, embelesados con su canto, saltaban de sus barcos para poder escuchar mejor y perecían ahogados.
El único hombre que sobrevivió al embriagador canto de las sirenas fue Ulises, quien gracias a su astucia y al consejo de Circe, pudo regresar a salvo a su hogar. Ante el rechazo sufrido, las sirenas no tuvieron otro remedio que cumplir con su obligación: una de ellas debía morir. La escogida fue Parténope, que se lanzó al mar. Su cuerpo fue arrastrado hasta la costa y enterrado con grandes honores. Allí se construyó un pequeño templo y, posteriormente, se fundó un pueblo que ,con el paso de los años, sería Nápoles.