05/06/2026
Partió el Indio.
Sabíamos que este día iba a llegar. En 2016, en Gualeguaychú, nos contó que tenía Parkinson. Y también nos lo cantó: “Sólo me falta saber la fecha y el lugar, sólo seguir cantando”.
El Indio Solari fue mucho más que un músico. Fue quien le puso la banda sonora a la vida de millones de argentinos.
Admiro profundamente a muchos artistas del rock nacional. Me sé de memoria canciones de Charly, Spinetta, Luca, Pappo, Cerati y Fito. Pero lo que nos pasó con el Indio fue distinto.
Aquel 26 de agosto de 1990, en Obras, comenzó una historia que duraría décadas. Desde entonces fueron años y años siguiendo a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y luego a Los Fundamentalistas, recorriendo el país detrás de cada recital, compartiendo una pasión que terminó convirtiéndose en una verdadera cultura popular.
Muchos todavía no dimensionan lo que significó Solari. Una convocatoria única, creciente durante más de treinta años, sin depender de la televisión ni de las reglas de la industria. Un fenómeno irrepetible.
Con el tiempo descubrí que parte de su magia estaba también en sus letras. Historias, personajes y paisajes que dialogaban con los viejos tangos de Gardel: los barrios, el juego, el amor, la noche, la política, los marginales, las ilusiones y las derrotas.
De esa búsqueda nació “Gardelindio”, un libro que llevó años de trabajo y que tuvimos la oportunidad de acercarle personalmente en Parque Leloir. Nunca nos recibió, pero a través de su fotógrafo, Edgardo Kevorkian, nos hizo saber que lo había leído y que le permitió dimensionar cuánto del viejo lunfardo de los años 20 y 30 vivía en sus canciones.
Hoy se va una de las figuras más importantes de la música popular argentina. Para muchos, la más relevante después de Carlos Gardel.
Con su ropa de plomero, olor a leyenda, va a tener.
Autor del texto original: director del IFUDI y autor de