25/04/2026
"Los miembros no desarrollados de la raza humana están envueltos en la ilusión donde se mueven como en una neblina, y así imagina cada cual que es un ser separado, capaz de actuar solo y de tomar para sí todo lo bueno y valioso de la vida, con sólo ser bastante fuerte y decidido y absolutamente egoísta. ¡Cuán palpable desilusión es esto para quien mire un poco más allá del perfil de su forma!.
Considerad por un momento el constante flujo y reflujo de la Naturaleza, y veréis que el contorno sólo es una parte temporal y pasajera de ella, que cambia y varía incesantemente. Si fuese posible la separación del cuerpo de su ambiente, resultaría la muerte. Así sucede con el espíritu. Nunca puede estar separado de su ambiente espiritual. El estar aislado por la forma es ilusión. De consiguiente el espíritu del hombre no exige otra cosa que despertar a las realidades de su ser y alcanzar la plena conciencia.nEntonces todo es suyo; los ilimitados espacios, los mundos de la vida espiritual, el corazón de amor que es el hogar del mundo, a donde todo llega a su debido tiempo para encontrar cordialidad e infinito solaz.
Recordemos que el alma animal del hombre y su espíritu divino no pueden estar en plena actividad al mismo tiempo. Uno de los dos debe estar en suspenso. En el hombre de mundo está en suspenso el espíritu divino. Cada cual elige por sí, cuál de los dos ha de predomina y crecer y fortalecerse como un gigante, mientras el otro se va haciendo más débil, menos activo y menos capaz de acción. Su elección será la del propio deseo; ninguna otra le será provechosa. Para los esclavos no hay lugar entre los discípulos, ni pueden entrar entre ellos. El que decide ir por el alto sendero, va porque desea ir, y así los sufrimientos son para él deleitosos y de este modo entra en éxtasis. Después viene d extraño conocimiento de que d placer y el dolor son dos aspectos de una sola cosa, aunque al hombre ordinario le parezcan completa y absolutamente disociados y tan opuestos como los polos.
Mantened vuestra alma animal quieta, mientras conversáis con vuestro divino yo; pisoteadla y obligadla a serviros; pero no intentéis matarla antes de tiempo, pues volvería otra vez a la vida, y de pronto se os pondrá en frente bajo repentina nueva forma, llenándoos de desaliento y de temor. No podéis matarla. El único medio de libraros de ella es hacerla vuestra sierva, transformando sus fuerzas en divinos poderes y transfiriendo vuestro interés a ellos. Obrando este milagro, todos los poderes Sutiles y benéficos de la tierra y del cielo os ayudarán silenciosa, pero resueltamente, porque estáis obedeciendo sus leyes. El asceta se opone a las leyes de la Naturaleza inferior y a las de la Naturaleza superior, y así viene a ser un proscrito, un extraño, que ha de luchar solo, tropezando irremediablemente a lo largo de un camino sin esperanza. Está condenado irremisiblemente al fracaso, porque quien anda solo no levantará la barra de hierro.
Reconocida la no separatividad, debéis tener presente que la Naturaleza inferior y la Naturaleza superior actúa en líneas análogas y bajo leyes de correspondencia. Cuando se llega al umbral de la vida oculta, es necesario tener fe y confianza a fin de entrar en la recta dirección, porque la Naturaleza superior es desconocida e invisible. Pero una vez despierta la conciencia espiritual y abiertos los sentidos psíquicos, reconoceréis y efectuareis inmediatamente la no separatividad. Mirad entonces alrededor de vosotros y notareis el poder fundente de la vida espiritual. Mirad cómo la conciencia del Maestro es la del discípulo, como la madre y el niño intercambian pensamientos inefables. El amor más grande de todos es el del Maestro por su discípulo. Padre y madre, amante y amigo, es tl para quien está aprendiendo, para quien en ti se apoya, y ha entrado en el cuerpo de amor, del cual es parte integrante.
Una vez eliminado el sentimiento de separatividad, se vence el mayor obstáculo para entrar en el sendero del poder. Sus peligros se han alejado también. Porque cuando el hombre alcanza este estado de adelanto, se vuelve completamente inegoísta y todo poder que alcanza, lo usa para bien de todos y no para él mismo. "El poder que el discípulo debe anhelar lo hará aparecer como nada a los ojos de los hombres". Esta es la regla escrita con ígneos caracteres en el muro de la Sala de Sabiduría, que durará allí mientras el mundo dure.
El hombre solamente puede construir su naturaleza física y crear su naturaleza divina fuera de ella, cuando sabe que ni ésta ni el poder animante en ella son suyos propios, ni aún son él mismo. Cuando reconoce esto, ya está dispuesto para construir su cuerpo de nuevo e introducir en él una forma digna de la inmortalidad. Cuando se considera separado de otros, aun de cualquiera de cuyo pecado abomine o en cuyo odio haya incurrido; mientras tenga cualquier deseo para sí mismo, aun el deseo de descanso o de quietud, estará ciego y sordo y desamparado en presencia de los Grandes Seres. El amor humano concluye con la humana vida; por esto es necesario conocerlo y experimentado de lleno, porque sus lecciones son parte de las experiencias de la peregrinación del hombre. El amor, la satisfacción, el sentimiento de unión dimanante de allende la vida humana son indeciblemente más dulces e intensos que cualquiera emoción humana; pero mediante las emociones humanas debe alcanzarlos. No hay otro camino para los hombres; Luego el conocimiento llega a ser inherente al hombre, y en adelante no le afectarán, el placer ni el dolor, sino que se habrán convertido en una nueva y perdurable emoción. El mirto, el arbusto de la vida personal, ha crecido hasta su plena altura; llegada la época de su florecimiento, con los ojos de sus flores, podrá mirar los cielos que están dentro y fuera de él; ahora yace abatido, sólo es una alfombra perfumada en el templo de la devoción. El amor espiritual es la atmósfera o más bien el éter espiritual donde las esferas espirituales giran y se mueven en sus órbitas. Cuando el discípulo está versado en este conocimiento, empieza su actividad espiritual.
Lo que en el lenguaje humano se llama amor, la pasión despierta por el contacto de dos personalidades, no es tan sólo el medio por el cual las generaciones vienen a la tierra. Los hombres cuya vista y conocimiento se contraen a las cosas materiales, piensan que esto es así; pero quienes han levantado sólo un poco la barra de hierro que cierra las puertas de oro, saben bien que la pasión que los hombres llaman amor tiene mayor utilidad que la creación de la vida en este mundo, pues también crea la vida en el más allá. Es el anillo que enlaza tierra y cielo, las cosas materiales y las cosas espirituales.
Tarde o temprano todos lo experimentan en mayor o menor grado. El ser humano más endurecido tiene algún sentimiento afectuoso por algún otro ser, por su anciana madre, o un niño desamparado. Hay siempre en la armadura de todo egoísta una grieta inevitable como el nacimiento o la muerte. Puede ser un esfuerzo aparentemente estéril, escasamente digno de registrarse en los anales del tiempo o bien puede alcanzar espléndido crecimiento, despertando al alma a la vida del amor espiritual. El hombre en quien la pasión persiste sólo c***o pasión, continuará siendo únicamente hombre. Y entre tanto para él la tierra continuará girando y el sol brillando y las verdes hojas brotarán anualmente en los árboles sin significado alguno, y la primavera enviará su mensaje de resurrección sin que él acierte a escucharlo.
Las amarguras de la vida y sus experiencias en contacto con quienes viven entre el odio, el rencor y la codicia, cuyos espíritus están ciegos y sordos, secan el corazón como árbol en invierno. Si no viésemos anualmente brotar de nuevo las verdes hojas no podríamos creer en la resurrección de la naturaleza, cuando contemplamos la tierra aterida por el hielo. Pero el experto jardinero, antes de sobrevenir la escarcha, ve los menudos puntos moreno púrpura, promesa de las nuevas yemas, y sabe que escondidas bajo la escarcha están abrigadas por el calor de la sutil vida de la tierra que alimenta el crecimiento de las plantas. Así sucede con los corazones de los hombres. El Maestro, el iniciado, el sabio en la ciencia de la naturaleza humana, jardinero de hombres, los vigila y custodia mientras pasan las amargas pruebas que semejan la muerte espiritual, sabiendo plenamente que la yema de vida allí oculta, brotará y se abrirá cuando acaben la angustia y amargura.
El hombre debe morir y la pérdida de un ser amado es el más hondo pesar que la vida tiene para nosotros. Pero esperad. Sobre la memoria del amigo mu**to brota un místico germen, como brota una flor sobre la tumba; y en el porvenir, un nuevo amigo puede estrechar vuestra mano y hablaros de él, y sus palabras y pensamientos darán exuberante lozanía al brotado germen. Ambos pueden ser vuestros verdaderos compañeros, y entonces no os separareis de ellos; pero si no lo son, la separación es inevitable. En el valiente corazón de ánimo fuerte, el amor se despierta triunfalmente y explaya sus verdes hojas, como las verdes hojas de la Naturaleza, suaves, delicadas, frágiles, fáciles de arrancar, y sin embargo, invencibles en su periódica vida y belleza y como el discípulo sabe que el verdadero amor da y no pide, ama sin cesar al que se ha ido, tanto como al que está con el.
Las emociones del corazón - pasión, celos, esperanzas y temores -, que abruman a los hombres de cuando en cuando, pueden impelerlos a la fiebre y de la fiebre a la locura, porque están ciegos, son ignorantes y no saben cómo construir sus divinos seres fuera de sí mismos. Cada gota de su sangre puede convertirse en parte de su ser espiritual. Y esta transmutación es lo que de él se requiere.
¡Todo poder poseído por el hombre es suyo por designio divino, y cuando destruye o descuida cualquiera parte de su naturaleza, es desleal a su confianza. El ser espiritual debe levantarse armado y perfecto!. Por las emociones sois admitidos en la ciudadela del alma. Por medio del corazón os alcanzáis a vosotros mismos. Por la transmutación de las emociones se cura la fiebre de la vida, se cura y de desecha su frenesí. Transformad todo sentimiento en poder. Convertid la emoción en propósito, la fiebre en fuerza, y el frenesí en divina confianza."
Mabel Collins, Cuando el Sol Avanza Hacia el Norte