03/05/2022
René Magritte produjo una intrigante obra de arte para denunciar lo fácil que es para nosotros “rellenar” lo que no conocemos, porque, según decía, lo que vemos siempre esconde otra cosa, que nosotros, por más que inténtenos ver, nos resulta imposible. Ahora bien, en la tradición cultural occidental, en la cual la ciencia moderna y la tecnología han surgido, hablamos en la vida diaria de la realidad y de lo real como un dominio de entidades que existen independientemente de qué hagamos como observadores. Sin embargo, Baudrillard sostenía que la realidad ya no emite signos que garanticen su existencia, y que ahora los signos construyen lo real en forma de simulaciones. Así, siguiendo esta idea, los órdenes de simulacro, los sistemas jerárquicos, las falsificaciones, la producción en serie, la cibernética, la informática, la robótica, las redes sociales, etc. aniquilarían la ilusión, ya que devora cualquier intento de simulación en tanto siempre se predispone como real. En este sentido, tal vez tenga razón Baudrillard, y ya no somos capaces de aislar ni identificar la simulación.
Byung-Chul Han, por otra parte, en su nuevo texto “No cosas” sostiene que estos tiempos están enturbiados por el exceso de información, y esta no es solo aquello que sugiere el presentador de noticias o el titular del periódico, el lado oscuro de la información se introduce, incluso a través de las cosas, pero para convertidas en no objetos. Por ejemplo, dice el filósofo, un Smartphone ya no es una cosa, es el canal propio en el que cada uno de nosotros recibe su propio bombardeo de informaciones que aletean como colibríes frente a nuestros sentidos.