14/11/2016
Poco antes de mi nacimiento, mi madre inició en Rosario una experiencia novedosa: un taller literario infantil. Fue un éxito: la casa se llenaba de chicos que leían, escribían e ilustraban sus historias. Las ocupaciones profesionales y el crecimiento de la familia, la obligaron a suspender el proyecto. Un día encontré en la gran biblioteca de casa un pequeño libro de tapas blandas: "El Principito". Supe que así se había llamado esa experiencia literaria de los años 80. Para esa época yo tenía 8 años, era una lectora voraz y una incipiente escritora. A los 10, encontré un espacio similar dentro de la escuela. Todos los jueves, la maestra Teresa habilitaba un Taller de Escritura Creativa. A los 14, se abrió una nueva etapa en mi vida: conocí a Alma Maritano y empecé a participar de sus talleres literarios. Ella había escrito una maravillosa saga de literatura infantil de la cual yo era fanática. Además, era una docente apasionada. Me hizo amar la poesía y conocer a Cortázar, Borges y Saramago, entre otros genios. Agradezco haber tenido la oportunidad de nutrirme del fantástico universo que proponen los libros. Agradezco haberme encontrado con adultos que supieron guiar mi vocación. Un niño que lee o que inventa historias, no está en las nubes ni vive en otro planeta. Al contrario, crea realidades que lo constituyen, reafirma su personalidad y su autoestima. Un niño que aprende a expresarse es portador de una llave que le abrirá muchas puertas. Hoy busco concretar un anhelo personal: inaugurar un Taller para que chicos y chicas que tengan inquietudes literarias encuentren un espacio donde desarrollarlas y donde compartir experiencias. Los invito a conocer el Taller Literario "El Principito". Ana Clara Echevarria